
Déjame ser un signo desnudo. Un modelo de escritura sin contenido ni referente. Pero nunca vacío. Nunca. Aquí, en una franja del lenguaje donde todo está por decir y no existen el alfabeto. Déjame habitar el puro trazo de aquello que limita entre el silencio y el grito. Pensamiento. Acontecimiento. Exploración gestual del negro en el blanco. Decir lo que no está dicho y además es imposible. Escribirlo. Concebir el signo como en un parto limpio y desaprenderse en él. La brocha se desliza oscuramente diciendo lo que podríamos ser si el lenguaje alcanzara siquiera a balbucear. Flor de eclipse calcinando el blanco latido de la bruma.