lunes, 6 de julio de 2009

NGE NDOMO (Míriam Buil) y otro poquito de aquello que pasó (3)

La noche seguía avanzando a trompicones pero sin remisión. Música de aquella manera. Vídeos a su aire. Más información sobre los personajes que cualquiera que no hubiese visto el film podría tomar como una invención desquiciada de un surrealista beodo. Como por ejemplo el personaje que eligió Míriam Buil. : Nge Ndomo es el único negro del pueblo, hijo de Álvarez, catecúmeno, aficionado a posar para nadie en mitad de la noche con sus cabras. Amante de la mujer del borracho que se desdobla. Suicida por simpatía y fraternidad con el alcalde. Esas cosas. Míriam que es periodista, poeta y fanática de los banderines puso su talento a contrarreloj para glosar tamaña figura. Escribió su poema dentro del plazo y lo mandó, pero un error humano, otro de esos duendes empeñados en que el homenaje imitara el caos de la película, hizo que al imprimirse en el banderín aparecieran junto al poema en sí una serie de anotaciones previas que, lógicamente, no debían ser de dominio público. El poema de verdad es el que adjuntamos aquí, pero el poema-errata tiene un punto vanguardista y azaroso nada desdeñable. Estoy seguro de que Cuerda habría sacado de todo lo que pasó esa noche un guión estupendo para una precuela más urbana y mediterránea de su película. Mientras tanto, por si alguno no sabe quién es ese Nge Ndomo aquí va un vídeo donde se le ve con su madre (Chus) y con su tío.


Y ahora el poema como debió de ser según lo trajo al mundo su autora.




NGE NDOMO



A veces duda
de si es un zarpazo de la nada en el vientre
lo que lo hace despertar cada mañana,
o es más bien el olor a sexo
en las palmas de las manos
blancas aún
de un cuerpo ajeno.
A veces piensa que fuera el vacío
golpeándose contra las paredes y el piso,
o posándose despacio en el colchón
para aguijonearle los dedos.

Es cuestión de espacio conjurar la nada,
a veces inventa,
y es entonces cuando sale a bailarle
al Dios del Trueno y es el trueno,
y dibuja elipses como dibuja costuras
en los adoquines
cuando se aleja despacio y lo posee todo,
y decide pararse, reteniendo el aire,
quieto como un instante o una palabra,
y entonces sabe, ahora sin duda,
que él es el mundo y que es eterno.



Míriam Buil

6 comentarios:

Stalker dijo...

Estoy como en el juego de los barquitos: a la próxima me hundes el acorazado.

salud

raúl quinto dijo...

lo próximo será mi poema y el final de la velada, no sé si será suficiente para hundirte en la miseria.

un abrazo.

Pucelle aux Petites Manches dijo...

"Pues si después de 40 años no lo ha aceptado...".

Muy bueno.

También los textos.

Un placer leerte en esta crónica por entregas de la velada.

raúl quinto dijo...

martha,

eso de los cuarenta años es lo mismo que decían algunos con franco...

me alegra que te vaya gustando esta crónica, yo me lo paso bien contandoolos aunque el número de comentarios haya descendido vertiginosamente.

un beso.

Susana dijo...

Es cierto que estas entradas se prestan menos a los comentarios, pero eso no quiere decir que no se degusten con el placer a que nos tienes acostumbrados. "aficionado a posar para nadie en mitad de la noche con sus cabras": increíblemente sugerente.

Espero el próximo capítulo con impaciencia. Un abrazo

raúl quinto dijo...

susana,

yo intuyo que estáis por hay agazapados entre el humo del zaguán y los adoquines de almansilla, gracias por corroborarmelo.


un beso.