jueves, 14 de mayo de 2009

un poema de Herberto Helder

Quería tocar la cabeza de un leopardo loco, su lujo
mandibular. Sentir que los dedos se volvían
de granito. Sentir que la deslumbrante
resaca de pelo
bajo me arrebataba furiosamente los cinco dedos.
Como cinco balas de granito.
Una estrella voltaica.
Y tragarla. Y que de pronto toda aquella púrpura nocturna
entrara dentro de mí, de la mano a la cara.
O una herida que me cogiera de pierna a pierna.
Que entrara en mí
la fábula de la demencia y de la animal
elegancia. Sé que la sangre me puntúa, y me estremezco
de poro a poro
con tanto oro sudado que me envenena.

Sé que toco.
Que hay una combustión en las partes sexuales
de mi muerte. Y si miro ese espejo exhalado
de mí mismo, veo
perlas, la anestesia de las perlas. Pero
el fósforo se precipita donde
se enfría la carne, y se vuelve ligera. Y un dolor
instrumental, mi propia música
descubierta, me atrapa como el sonido atrapa
los tubos de un órgano.

Y entonces ninguna razón me oscurece más allá del crimen,
de la metáfora directa
de un leopardo alunado como una joya. Y él levanta
su constelación craneal. Su boca avanza, límpida
llaga
hasta mi rostro. Y en este espejo de las cosas de repente
unidas todas, me besa por dentro hasta
el corazón.
En el centro.
Donde se muere el silencio central
de la tierra.





[de Última ciencia, 1988]

13 comentarios:

rubén m. dijo...

Poemaco de este portugués. Esa mezcla de vísceras, huesos rotos, deslumbramientos y metaescritura, es genuinamente Helder. Lo único malo de este hombre es que si coges su antología gorda (la de Hiperión) te acaba saturando. Demasiada intensidad. Pero a pequeñas dosis escogidas es heroína pura.

raúl quinto dijo...

cierto, Helder pide lectura en cápsulas, y esa antología de Hiperión es un libro para ir degustándolo poco a poco, de orgasmo en orgasmo puntual.

Pero no me negarás que no es tremebundo...

rubén m. dijo...

Claro que no te lo negaré, Raúl. Además, por lo poco que aún puedo leer en su idioma, Helder es uno de esos casos extremos de poeta-contra-su-lengua: jamás el portugués ha sonado tan electrizante, tan carente de melancolía, que yo sepa, como en sus versos. Al Berto es grande, pero concede espacio a ciertos motivos propios de su tradición: la saudade, el mar. Su lirismo es, pese a su originalidad, en el fondo muy portugués. Pero la sintaxis y la sonoridad de Helder son de una ferocidad increíble para ese idioma tan "dulce".

Otro ejemplo es Anise Koltz en el magnífico libro que publicásteis. El francés en la poesía, por tradición, tiende a las frases expansivas y que se regocijan en el sonido. El francés de la poesía de Koltz corta como una cuchilla. Sin retórica. Sin música de fondo.

ana dijo...

el primer poema que leo de helder. este poema hace honor al título del libro al que pertenece "última ciencia". este poema es una última ciencia, entre el movimiento y la quietud, el fuera y el adentro. deslumbrante.

raúl, gracias por esta entrada. un beso.

raúl quinto dijo...

rubén, yo creo que siempre que leemos poesía portuguesa lo hacemos con el molde de Pessoa, aunque él mismo en su Álvaro de Campos también electriza a su manera el verbo, pero es verdad que esperamos cosas no tan mutantes como Helder (Al Berto, por ejemplo, se adapta más a lo que esperamos que sea la poesía portuguesa, o incluso Eugenio de Andrade). En parte el gran valor de Helder es su insularidad, también en nuestra tradición suena raro, sobre todo en la española.

Y tienes razón en lo de Koltz, y puede que tenga que ver con el hecho de que su otra lengua (también su otra lengua poética) es el alemán que sí que es un más un idioma-disparo.

raúl quinto dijo...

ana, Helder es una mina, para mí es uno de esos poetas talismán a los que siempre acudo, y actúa como resorte, pues leer dos o tres poemas suyos activa mis ganas de escribir. una especie de magia quirúrgica que estimula la parte de mi cerebro que hace poesía.

MIra a ver si en alguna de esas bibliotecas que frecuentas tienen O el poema continuo (Hiperión), y date el gustazo de adentrarte, poco a poco, eso sí, en sus interiores oscuros.

un beso, pistolera

Arturo Borra dijo...

Hola Raúl, llego a este blog por el de Stalker. Derrames que cada tanto nacen, y sumergiéndome por aquí, quería también acariciar a ese leopardo loco y sentir cómo avanza el poema, no con sigilo sino herido –y es casi lo único que me interesa- . Desde esa herida nace una belleza que no es mera disimulación:
“Sé que la sangre me puntúa, y me estremezco
de poro a poro
con tanto oro sudado que me envenena”.

Ya por esos versos volvería al poema, pero hay bastante más, hay una interrogación que rasga como ese animal en el centro: “Donde se muere el silencio central/ de la tierra”.

Un placer intenso, diría, si no fuera por el rasguido nocturno que deja.
En cualquier caso, gracias por compartir este poema.

Un saludo,

Arturo

Stalker dijo...

Curiosa sintonía: nada más volver pensaba poner un poema de Helberto Helder, te has adelantado por poco... Lo dejaré para más adelante.

Es un poeta tremendo, aunque confieso que a la larga, tras leerlo un largo rato, empiezo a detectar ciertos automatismos o fórmulas que me acaban cansando. No tan notorias como en un Mestre, digamos, pero muy presentes al fin y al cabo. Un poeta extraordinario e insular, sí.

Disiento con la valoración de Pessoa. A su manera él también supuso una renovación de la lengua. Sólo hay que ver las dificultades de traducción de "El libro del desasosiego" (quizá la obra literaria que más ha impactado a este pobre y ciego ser que aspiro a ser); sus neologismos a quemarropa, su sintaxis-culebra, unidos a la densidad fluctuante de su pensamiento, a su desasosiego fecundo, componen una de las obras más dolorosamente lúcidas que me es dado imaginar.

PD: no os confundáis con Anise Koltz. Creo que es luxemburguesa. En todo caso no es francesa, y los francófonos de los países bajos no tienen nada que ver, en temperamento, inteligencia y sensibilidad, con el gabacho promedio. Tienen una rabia y una fuerza descomunal. Nada que ver con ciertas languideces o surcos predecibles de la langue...

Abrazos

rubén m. dijo...

Bueno, mis palabras han sido poco concisas y pueden ser malinterpretadas... Pessoa por supuesto que renovó la literatura portuguesa. De hecho renovó todo lo renovable. Lo de Álvaro de Campos es una salvajada, y el Libro del desasosiego también. Pero el portugués de Helder tiene esa cualidad insular, esa violencia tan poco común en los sonidos y la sintaxis, que da la impresión de estar sacudiendo su idioma como un loco sacude la camisa de fuerza.

Sabía que Koltz no era gabacha, pero al fin y al cabo estos libros los escribe en francés, y uno tiende a acoplarse a la prosodia de la tradición en la lengua en la que escribe. Creo que no es una cuestión de temperamento nacional, sino de talento personal. Senghor por ejemplo, siendo africano, tiene un francés mucho más "típico", más melódico y cadencioso que el de Anise, aunque trate de disimularlo con algunas excentricidades.

raúl quinto dijo...

Arturo, bienvenido al interior del vértigo, y más aún con esas credenciales con las que te presentas. espero que sigan gustándote los contenidos. pásate y comenta cuando quieras.

raúl quinto dijo...

stalker, yo creo que la sintonía se llama buen gusto.

en cuanto a lo de los automatismos, e incluso las fórmulas-marcas de estilo, es tan difícil evitarlas... yo creo, como he dicho antes, que Helder es un poeta para leerlo de cuando en cuando en pqueñas dosis, más puede ser un poco indigesto, sí.

Pessoa es de lo más grande, ciertamente, no había una crítica negativa en mi comentario, pero es como todo, cuando un discurso se convierte en hegemónico o en lo que se supone que debe ser poesía portuguesa pues, claro, escama, pero no Pessoa sino el Pessoanismo... y Helder sorprende porque está muy lejos de todo eso.

En cuanto a lo de la Koltz, pues yo soy de los que piensan que la patria de un escritor es su idioma, y esta mujer tiene la doble nacionalidad (francés y alemán) de ahí su rareza con respecto a otros escrtores en lengua francesa tal vez algo más retóricos o musicados.

Rubén dice las cosas mejor que yo, pero en el fondo pensamos muy similar en este terreno, ¿sintonía también?

Stalker dijo...

Queda claro todo...

insisto respecto a los belgas por el ingrediente germánico que inevitablemente tienen y que lo alejan, antropológicamente, del francés promedio. Expresarse en francés es casi accidental; utilicen la lengua que utilicen, dinamitan, cortan, son penetrantes, irónicos, indóciles. Ya sé que es ponerme pesado pero creo que Henri Michaux, Jacques Brel, Chantal Akerman y Chantal Maillard comparten esa feroz lucidez que tanto incomoda y que no es francesa. El francés tiende a ahogarse en la langue; siempre he tenido la sensación de que el belicoso belga la destruye...

Cosas mías...

Abrazos

Ana Cáceres dijo...

Me encanta Herberto Helder. Es brillante, inteligente, de lo mejor que ha dado Portugal en los ùltimos tiempos. Es verdad que hay que leerlo dosificado, a veces varias veces para digerirlo poco a poco. Es dinamita pura, tiene una claridad para llegar a lugares que sabemos que existen pero no sabemos nombrar