viernes, 8 de mayo de 2009

VIGILANTES INADAPTADOS

Cuelgo aquí aquel artículo que publiqué en la revista Quimera del mes de abril sobre Watchmen, la película y una serie de reflexiones aledañas. El artículo es largo y tiene muchas líneas de fuga para el debate. Espero opiniones (podéis apuntar la hora de cada tema para referencias, pues como veréis los puntos que se abordan son diversos).


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Vigilantes inadaptados.



11: 05 6 de marzo de 2009. En los multicines de una ciudad cualquiera. Dicen que todo esto pertenece a una familia mafiosa de la zona. Gente que está muerta o en la cárcel. Es lo que dicen. También tienen palomitas de caramelo. Valga una cosa por la otra. Esta tarde me basta con un botellín de agua, pues sé que voy a cruzar un largo desierto. Entro en la sala y compruebo que las campañas de publicidad masiva funcionan. Mientras ocupo mi asiento una ligera panorámica me da las claves de la platea. La luz sigue encendida, quedan cinco minutos para el Apocalipsis. Un par de filas más adelante hay tres chicos que parecen sacados de un capítulo de South Park. No se quita su horrible gorro de lana, posan sus deportivas sobre el respaldo vecino. Intuyo que serán un problema. Acierto. A mi lado hay un par de adolescentes con acné y pelusa bajo el labio, hablan largo y tendido sobre un video juego. Los trailers anuncian la segunda parte de Transformers y la secuela del Código da Vinci. Estoy dentro de un tópico. Vivo en la zona topical y no estamos en temporada de lluvias. Toda esta gente se sabe el tebeo de memoria. Yo también. Biológicamente podría ser su padre. Friki. Intelectual. Pasado de rosca. A mis espaldas hay dos niños pequeños que han venido con otros dos niños de cuarenta, el menor de todos puede tener seis años. Efectivamente poco después de la escena de la violación el padre abandona el cine con su hijo. Hoy no tocaba peli de superhéroes. O sí. Hoy tocaba Watchmen.

11:10 No se ve. No al menos en una pantalla ruidosa como esta. La delgada línea entre la demencia y la cordura, su continua distorsión. El rostro cambiante de Rorscharch, igual que en los test: lo que vemos es lo que somos. Todo eso aparece en la pantalla, se dice, se representa. Pero no está. Extraemos las conclusiones del material previo, a ratos insondable, del cómic. Ahora en cambio no está. Por ejemplo, la estrecha relación entre poder violento y sexualidad. Lo intuimos apenas. El fetichismo bizarro sí que está, pero por pura reiteración icónica. La película es como la chapa del Comediante: un simple adminículo referencial. Una representación plana de una fosa oceánica. No sentimos el frío progresivo del descenso, la luz muerta, los monstruos abisales rozando la escafandra. No vemos, es imposible, lo que no se nos ofrece: personajes, situaciones, momentos de la trama, la insistencia mecánica en ciertos detalles del atrezzo, el perfume Nostalgia, el extracto de Bajo la Máscara, los relatos del Navío Negro… Todo eso no aparece. Y da igual. Lo obsceno es que lo que sí aparece tampoco está. No es una cuestión de la cosa y su representación. No es Magritte. O sí. Es Magritte diciendo que sí que era una pipa.





11:15 El cómic es un medio de imágenes quietas. El movimiento, como el volumen, el sonido, la luz o los olores; se sugiere. El cómic es un arte elíptico. Todo está en la viñeta, el universo emana del recuadro exacto. Está dentro, y se desarrolla fuera como posibilidad casi infinita. Cada viñeta, cada página, debe encerrar en sus límites toda esa potencialidad. Se desarrolla. El espacio entre viñetas, la profundidad del plano en su interior, la extensión del relato más allá o más acá de lo que se nos muestra directamente. Una arte de la elipsis basado en la exactitud de los elementos representados. Un arte de lo infinito que se proyecta desde lo finito, desde el minucioso diseño del engranaje parado. La narración es otra, obviamente. La recepción perceptiva de un cómic ha de ser por fuerza una mezcla entre la aprehensión de un poema y un cuadro abstracto. Mejor. El Libro de los Muertos y La Columna de Trajano. Mejor aún. La Columna de Trajano semienterrada bajo el polvo del desierto como la estatua colosal de Ozymandias en el poema de Shelley.

11:20 Mecanismos de relojería. El padre de Jon Osterman era relojero, dejó de serlo cuando Einstein dijo aquello de que el tiempo es relativo. Las agujas avanzan inexorablemente, sí, pero sólo es un artificio. El tiempo no es más que una percepción. No existe. El reloj del fin del mundo avanza para indicar el comienzo de la guerra nuclear definitiva. El reloj que lleva Jon Osterman el día de su accidente se para justo antes de dejar de ser Jon Osterman. En Hiroshima los relojes se pararon a las 8 y 16 minutos. El tiempo, o su simulacro, sigue adelante, pero se van enhebrando agujas en su superficie curva. No tanto una curva como un ovillo. La simultaneidad del tiempo y el espacio. Exactamente. Como lo debe ver Dios. Pero los relojes. Su mecanismo preciso. Nada más alejado del azar que el vientre de un reloj. Sus piezas una a una sobre un tapete, encajando con precisión milimétrica. El tiempo se descompone en esas piezas. La construcción y distribución de la historia, los hechos, las viñetas, los ecos que gritan antes de ser emitidos. Todo eso es otro mecanismo de relojería. Pero también es la explosión que lo refuta.






11:25 Mediados de marzo. Un ordenador de Northampton está bajando la versión screener de la película. Trabaja el e-mule. En menos de un día ya está servida. Ahora la puede ver sin miedo a que alguien le reconozca en el cine. Tiene una leyenda que mantener. Alan Moore piensa que le gustaría ver con los ojos cerrados, ni párpados ni pupilas sino una membrana invisible. Un filtro para el dolor. La ira. Pero la máquina del ojo mira sin compasión. Y ve. El agua de Narciso llena de chapapote, su reflejo es un maniquí tóxico. Sonríe con franqueza al reconocer la brillantez de sus propios diálogos. No termináis de entenderlo, no soy yo quien está aquí encerrado con vosotros, sois vosotros los que estáis aquí encerrados conmigo. Algo así escribió una vez. Pero dónde está el abismo que devuelve la mirada. Le da al pause. Se prepara un té. Le pone nervioso la imagen congelada en el monitor. Es más humillante cuanto más cerca está de parecer una viñeta. En realidad parece que todo está ahí, pero no hay nada, sólo una pátina brillante. Si rasgase la imagen debajo no habría otra hoja de papel. Es como ver un retrato robot de un alma. Sí. También la existencia del alma es algo dudoso. Le da otra vez a play.

11:30 No se puede adaptar una pieza musical a otro formato. Sabemos lo que decía Kandinsky, pero no creemos en la Teosofía ni en espíritus astrales. La música es pura ejecución. Tiempo vivo. Y la partitura es su andamiaje. Dijimos un mecanismo de relojería. Matemática pitagórica. La matemática como materia prima de la música. Watchmen es un híbrido entre una partitura y su ejecución. Matemática y música. Cada viñeta, sus colores, sus formas, los objetos representados, las palabras escritas, los hechos narrados. Funciona como una nota en una secuencia musical y matemática. Cita Moore al tigre de Blake, nos habla de su terrible simetría. Eso mismo es la música, una búsqueda matemática de las simetrías, sobre un eje distorsionado, terrible, al cabo. Eso mismo es el cómic. Bajo la estructura clásica y el dibujo acartonado de Dave Gibbons se oculta una composición sinfónica. Tal vez una ópera del ruido. Terriblemente simétrica. Imposible de tocar para alguien que no sea un virtuoso. O ni eso. Un simple intérprete no alcanza sus escalas. Tampoco se puede pintar un verso.

11:35 Trasvasar una mancha solar a un lienzo y seguir llamándole mancha solar. Los nombres son pura convención, no dicen nada en realidad de lo que nombran. Los nombres dotan de contorno a la existencia de las cosas. Dirigen la percepción. Los nombres pueden ser carcasas vacías. Artefactos huecos llenos de ideología, según el estribillo marxista. Las palabras son patrimonio de cualquier voz que las diga. Traducir es pasar de una nada a otra nada. ¿Traducir? El sistema de pensamiento construido con la base de un idioma, el mundo que es re-presentado por este, es por definición intraducible. Se dice algo aproximado siempre en distinta lengua, nunca lo mismo. El cine es un idioma distinto del cómic. Es imposible la traducción, más incluso cuando se usa el papel de calco. Una mancha solar en un lienzo no es una mancha solar. Aunque se llame mancha solar. Ahora habrá dos manchas, la del Sol y su torpe aproximación, igual de real pero infinitamente más fría.





11: 40 Una película que sí ha sabido verter al cine la raíz licuada del superhéroe es El Protegido, de Michael N. Shyamalan. Claro, que no es una adaptación, y esa es su ventaja. Shyamalan respeta profundamente el mundo del cómic pero le tiene más fe a su propio lenguaje. Zack Snyder respeta demasiado al imponente monumento con el que tiene que trabajar. Demasiado. Por eso intenta que sea igual. Mala elección. Para llegar al mismo lugar habría que ser más irrespetuoso, y más egocéntrico. Kubrick no adapta La Naranja Mecánica, Tarkovski tampoco lo hace con Solaris. Construyen sus discursos con autonomía. No serán ya ni Burgess ni Lem, pero ahí estarán tanto Burgess como Lem. En esa traición. Lo de Snyder tampoco es Alan Moore, el reflejo en el espejo de neón nunca es lo reflejado. Sin embargo El Protegido, en alguna de sus líneas, sí puede ser lo más parecido a Watchmen que se haya rodado nunca.

11:45 Terry Gillian ve la película y se echa las manos a la cabeza. Está convencido de que su cine es una forma de arte. Nunca rodó Watchmen, si lo hubiera hecho tal vez el resultado no habría sido una carcasa vacía como ahora, tal vez hubiese sido una atrocidad sin nombre. Mejor quieto. Darren Aronofsky ve la película y se echa las manos a la cabeza. Cree que es un apóstol de la posmodernidad y que habría hecho un Watchmen de acuerdo a los nuevos tiempos. O un insoportable baile de máscaras pedantes. Nunca pondrán tanto dinero en sus manos. Paul Greengrass ve la película y se echa las manos a la cabeza. Piensa que ha inventado la objetividad y el ojo sin velos. Su Watchmen habría resultado un equilibrista perfecto entre industria y cine. Seguramente acabaría estrellado contra el suelo. Zack Snyder ve la película y se echa las manos a la cabeza. No se lo explica. Ha cosido con delicadeza las partes de su máquina, es un retrato exacto del natural. Sin embargo el rayo cae sobre la criatura y esta sigue estando muerta.





11:50 Hace siete años escribo un libro de poemas partiendo de la lectura, no, de la vivencia en Watchmen. No intento glosar, no intento complementar. Parto de ahí, es un trampolín fabuloso para tomar impulso. Si acaso lo que busco es introducirme en la elipsis. Para comprender una mirada no es necesario conocer el mecanismo del ojo. Tal vez fracaso. Aunque lo advierta. Dejémoslo correr. No he venido aquí para hablar de mi libro. O sí. Tal vez todo esto no sea más que una larga justificación, una mareante súplica por el miedo a ser yo mismo Zack Snyder. Y que en el fondo sólo escribiera poemas de superhéroes.





11:55 El mito del superhéroe deconstruido, la ironía despiadada del ojo posmoderno aplicada al cómic comercial americano. El dedo en la llaga, la llaga entonces más ancha, más evidente. Personajes muertos de una editorial muerta. Para matar el género o darle siete vidas extra. Poco antes Frank Miller publica El Caballero Oscuro y agrieta la estatua centenaria del mito. Se va resquebrajando. Luego viene Moore y lo dinamita. No había ya Batman al que rendir pleitesía. Ni siquiera son los personajes de la Charlton. Sus (no)héroes están en un mundo que es el nuestro al fin y al cabo, y ellos, lógicamente, somos nosotros. Fíjate. Se ha arrojado el tablero de ajedrez al río, ahora la gente con máscara puede ser algo serio. La reflexión metalingüística siempre ensancha los campos de la percepción. También aquí. Vámonos al cine. El siglo XXI adolece de un Hollywood sin ideas, un Hollywood que vive del reciclaje, como un homeless. Secuelas, remakes y adaptaciones. Ya podemos hablar del subgénero de superhéroes. Y también de su revisión. El Caballero Oscuro, de Cristopher Nolan, ha impuesto la seriedad intelectual al asunto. O eso dicen los periódicos. Gente disfrazada que se pelea, pero que también dice frases inteligentes y potencia la elucubración en el espectador. Por ejemplo la ambivalencia entre héroe y criminal, terrorismo y ley. Deconstrucción del mito e ironía despiadada del ojo posmoderno. Ya vemos la simetría. Zack Snyder acaba de estrenar su Watchmen. Si todo se repitiera habríamos iniciado una nueva era de chorradas superserias, y encontraríamos en el camino algún Neil Gaiman o algún Grant Morrison. Pero no. Snyder transforma un abismo en una película más. Carne para Play Station. Un largo videoclip pseudo filosófico. Y sin embargo el eco del eco de un eco sigue siendo atronador. Lo que aún permanece del grito original sigue ensordeciéndonos. Resisten las palabras. Aunque el sonido acabe perdiéndose en la sala de cine entre crujidos de palomitas y toses descontroladas.

12:00 Leo en Internet las reacciones del público al estreno. Discuten sobre si falta aquello o sobra lo otro. El tebeo original es la medida de todas las cosas. Por momentos la película parecía ese tebeo en movimiento. Los aficionados reales, o al menos los más visibles, o al menos los que escriben en los foros de la red, están medianamente satisfechos con el resultado. Precisamente por su fidelidad al original. Saben que el intento es aberrante de por sí, esa noción la corrobora la negativa de Alan Moore a reconocer la criatura. No aceptarían sin condiciones el incipiente parto. Pero están contentos, Snyder ha demostrado que les respeta. Se ve que lo que más deseamos es un espejo para nuestros propios anhelos, una grabación en technicolor de nuestros sueños. Eso. Dicen que la percepción del arte es lo más parecido que hay en vigilia a estar en un sueño. Queremos filmaciones de todo eso. Somos felices con la fotocopia del brillo de una estrella; o mejor dicho, esperamos una fotocopia y al encontrarnos una grabación digital perfecta nos damos por satisfechos. Y escribimos en Internet adjetivos como brutal, indispensable, o cometeríais un pecado si no fueseis a verla. Exactamente lo mismo que dijimos cuando leímos el cómic. Cierro la ventana del foro. Abro el tebeo al azar. Será cierto eso de que los hombres se disfrazan para acercarse más a la verdad.



Raúl Quinto "











Puiblicado previamente en Quimera nº 305, abril de 2009.

15 comentarios:

rubén m. dijo...

Gran post. Como dices aquí hay mucho que debatir y ahora mismo no tengo tiempo. Pero destaco la parte en la que hablas de la sucesión de directores que se llevan las manos a la cabeza al ver la peli, incluído el propio Snyder... una metáfora muy afortunada la del doctor Frankenstein, el monstruo está más muerto que un pescado fuera del agua.

Qué sensación tan rara la de ver la peli. Precisamente ésa. Ver que lo tiene casi todo para ser una adaptación perfecta y no terminar de ver por qué es tan ridícula en comparación con el original.

Andrew dijo...

Extenso a la par que necesario porque, ¿cómo compilar ese mundo en pocas palabras? Dicen que Wacthmen no tiene parangón, hasta eso se queda corto, podríamos estar toda la vida intentando explicarlo con pocas palabras.. Acaso estamos ya en el mundo de las ideas, acaso no he leído lo suficiente, acaso..

Stalker dijo...

Querido Raúl:

salgo de viaje una semana y espero leer y comentar al regreso.

Abrazos

raúl quinto dijo...

rubén, la metáfora de Frankestein no es mía, se la debo a una conversación con Mario Cuenca Sandoval, pero es tan precisa que no pude más que usarla.

Y es eso que dices, de tan igual que pretende ser la peli del cómic la comparación resulta escandalosa.

un abrazo.

raúl quinto dijo...

Andrew, es lo que pasa con las obras que lindan con la perfección, su caudal es inagotable, y claro, cuando se le quiere poner un estrecho e insulso cauce como hace Snyder...

rubén m. dijo...

He vuelto a leer el artículo y tengo que reconocer que me gusta particularmente cómo está escrito, con esos mínimos anticlimax de humor. "No he venido aquí a hablar de mi libro"... jajaja

raúl quinto dijo...

rubén, somos hijos putativos de las chorradas que vimos en televisión de niños... ese umbral, cuánto bien ha hecho al chascarrillo.

gracias por el piropillo.

rubén m. dijo...

Por cierto, endevé cómo te gusta "El protegido". A mí me causó una sensación contradictoria, me gustó cuando la peli parece dejarse de tomarse en serio a sí misma, en esos momentos me lo pasé pipa y creo que aciertan con el retrato del superhéroe como concepto. Pero luego esos momentos familiares dramáticos, con esa incomunicación cutre-bergmaniana que le gusta tanto al Shymalian, argh... eso para mí es lo que mata sus películas.

Bueno, la última, ésa de la epidemia de suicidios ("The happening"?), ya estaba muerta a los 10 minutos, después de una escena inicial realmente interesante se le iba el fuelle hasta llegar a niveles escandalosos de sopor. Vamos, que no comulgo con quienes ven al indio como un nuevo Hitchcock, ni siquiera un nuevo Spielberg (algo que piensan personas bastante entendidas en materia de cine).

raúl quinto dijo...

rubén, la última de shyamalan no la he visto. No creo que sea el nuevo Hitchcock, menuda blasfemia, ¿cuántos nuevos Hitchcoks hemos padecido desde De Palma a hoy? pero creo que sí es un director resultón, que conoce bien los resortes del cine de género fantástico y que crea algunos artefactos muy dignos, todo esto, claro, desde el punto de vista del cine comercial. Porque Shyamalan no es un autor propiamente dicho, pero es uno de los que le da más lustre al cine de entretenimiento blockbuster.

La Joven del Agua fue, por ejemplo, una peli que me gustó mucho, tal vez por ese aire totalmente entregado a su fantasía y sin concesiones a lo real (como Spielberg en algunos casos). Pero claro, lo comercial de la propuesta hace que se tenga que aderezar con los típicos cosméticos o guiños made in Hollywood.

En cuanto a El Protegido, las taras sentimientaloides que tú le achacas, y que existen, se deben a esa necesaria concesión a la industria. Por otro lado veo en esta peli la más verosímil de todas la del indio. A pesar de los caretos de Bruce Willis y del peinado de Samuel L. Jackson... y como digo en el artículo es la película que más se acercado a ese baño de realidad que Moore le dio a los superhéroes en Watchmen; los Batmans de Nolan, que serían las otras piezas serias del puzzle no terminan de despegarse de un universo infinitamente mediatizado como es el del universo del tebeo original. Las otras pelis de superhéroes son más o menos divertidas pero les falta ese punto crepuscular y metalingüístico de Watchmen.

Ahora, quizás la mejor película de superhéroes de la historia sea el Darkman de Sam Raimi ¿la has visto?

rubén m. dijo...

Darkman la vi un par de veces en su época y me gustó mucho, aunque no acabo de recordar por qué. Muy divertida. Las dos primeras de Spiderman también me gustan mucho, como cine palomitero de calidad: un gran ritmo narrativo, buenos secundarios (memorable el Octopus de la segunda) y secuencias de acción bien hechas, sin caer en el videoclipismo. Reimi es uno de esos artesanos del oficio que saben hacer cine de acción, como Michael Mann o McTiernan (¿qué ha sido de éste último?).

La peli de superhéroes que más he disfrutado es sin duda la última de Batman, aunque no deja de ser como dices una peli convencional del subgénero, por ese fabuloso hallazgo del personaje y la caracterización del Joker y algunas secuencias memorables. Se me pasaron volando las dos horas y pico. Nolan peca un poco de pretencioso en sus Batmans, pero la intensidad que logró imprimir a esta película hace que no te fijes mucho en este problema, al contrario que en "Batman begins".

raúl quinto dijo...

Darkman es una película de superhéroes atravesada por el humor de los dibujos animados de Tex Avery (ya sabes, el tuerto ese que lo lio todo), por eso es muy muy divertida. Y sí, esos dos spìderman están muy bien, como los dos primeros X-Men, dicho sea de paso; pero me quedo con el Raimi de Evil Dead, con cuatro duros qué cosa.

Y bueno, yo siempre me he declarado fan de MacTiernan, autor de algunas de las mejores películas hollywoodienses de final de siglo... quien por cierto está desaparecido, es verdad, pero ahí quedan delicias como Depredador o El último gran héroe. Otro director puramente hollywoodiense que también me priva es David Fincher (su Zodiac es una pasada).

Y en cuanto a lo del Batman de Nolan, la primera parte del begins me gustó muchísimo, el periodo de formación del héroe adquiere niveles apenas hollados por este género, aunque luego se deshincha un poco. Coincido contigo en lo del Jóker.

Por cierto, como se nota que Stalker está de vacaciones, estamos hablando de cine-hamburguesa y aún no nos ha tirado los perros ;)

rubén m. dijo...

Hablando de Fincher y por otro lado de Burns: parece que él va a dirigir la adaptación al cine de "Agujero negro".

Me alivia bastante pues es un director más que solvente, aunque siento un dolor de estómago parecido al que tuviste tú al saber que iban a adaptar Watchmen...

¿Tan difícil hubiera sido dársela a Cronenberg? ¬¬

raúl quinto dijo...

esa película puede ser un truño, aunque es un cómic con menos aristas que Watchmen, una obra maestra también. Fincher puede hacer algo estimulante.

y lo de dársela a Cronenberg... uf... otra la vez la nueva carne en todo los suyo... estaríamso medio muertos nada más q de imaginárnoslo.

Stalker dijo...

Me matáis, compañeros, no puedo seguir con el ritmo. A ver si encuentro un huequecillo para meter un poco de baza.

Abrazos

raúl quinto dijo...

stalker, espero tu opinión sobre mis parrafadas quiméricas