martes, 7 de diciembre de 2010

Una obra de Charles Benefiel


Quedo expuesto, vendido, abandonado a la inercia de ser. Disuelto, cosificado. No tiene cara el deseo ni su fosilización, no tiene rostro lo imposible. Anota un número más en tu cuaderno, deletrea el trauma, el sueño, el hielo. Mírame, este soy yo. Te miro y lo que veo me seduce: caigo niebla adentro. Escaparates, mentes retorcidas como hierros tras una explosión, como cuerpos tras un incendio. Miro el muñeco y pienso en Birkenau, y en un espantapájaros, y en la terrible soledad de estar dentro de uno. En que es imposible besar un rostro vacío. En que también hay un monolito antiguo pulverizándose en la punta de los dedos. Una estela con tu nombre y el mío. Y el dolor y la indiferencia como testigos. Así, catalogado, etiquetado. Lo que es es. Lo que no puede ser no puede ser. La ruina es un efecto del amanecer.

13 comentarios:

ana dijo...

Todo un descubrimiento Benefiel, algo acaba de moverse. Gracias por traerlo.

raúl quinto dijo...

ana,

siglos hace que no te veo, ni digital ni analógicamente, espero vaya todo bien. Gracias por volver.

Lucita dijo...

Casi hipnotizada por el texto, lectura tras lectura, me dejo llevar por esa composición geométrica, ese trazado de número, que tras obviar un orden lógico, resuelven con suma precisión lo que no está escrito.

Como una herida cristalina, el peso que representa ese silencio, la soledad adherida a un nombre. Y la niebla, al fin y al cabo, se evapora. Puede dejar, como un surco en la tierra, la huella de algo que tiembla. Otra voz, otra respuesta. Quizá, un estremecimiento que te da la mano. Y te abre otra puerta.

Besos,
y abrazos.

raúl quinto dijo...

qué maravilla entrar aquí y encontrar este regalo en forma de poema, lucita. que no cese la hipnosis.

marcoantonioraya. dijo...

producción presentada, transformada y transmitida. eso es tu blog. eso es un placer.

raúl quinto dijo...

sólo se me puede acusar, marco, de tener unos visitantes con los ojos necesarios para ver las cosas que se (me) presentan

Anónimo dijo...

otro interior vertiginoso,inquietante mudo y necesario´!

Como siempre indagando en el vertigo del alma humana hnob eres grande besos adolfo

rubén m. dijo...

Inquietante, duro, crudo este trabajo de Benefiel. Te deja desarmado. el texto como de costumbre traza nuevos orificios en esa superficie aparentemente maciza, silenciosa. Autschwitz, la mercancía, el número, el rostro embozado. Impresionante.

raúl quinto dijo...

adolfo,

de vez en cuando nos vienen bien chapuzones de oscuridad, así es más sencillo mirar al centro, mantener el equilibrio cuando todo, siempre, se mueve.






rubén,

la serie de los muñecos de Benefiel es una mina a explorar, un laberinto de confusión extremadamente humano, abosolutamente loco como su creador. Creo que puede resultarte un viaje fructífero.



saludos.

Leonardo dijo...

Obra muy fuerte y para seguir indagando, en efecto. Abrir los ojos ante lo imposible. Ser esa ruina cada día más.
Gracias

raúl quinto dijo...

ser esa ruina y apuntalarla en el reconocimiento

L.N.J. dijo...

Precioso relato,

saludos.

raúl quinto dijo...

muchas gracias, chica de las siglas :)