martes, 27 de octubre de 2009

AUTOENGAÑO 4 (Francesca Woodman)

Yo. Dos letras abismales. Más letras aún en mi nombre: Francesca. Ninguna de las dos fórmulas sirve para decirme. No puedo decir tampoco eso de yo es otro. No. Me desnudo de cuerpo y entraña, me sitúo frente a la pared rugosa: es un mapa inconexo, hacia ninguna parte, de ningún lugar. Yo soy parte del decorado, una mancha más. ¿Yo? No puedo decir tampoco no soy. Pero puedo decir. Chillar. Interrogarme. Con la cámara y su ojo-distinto, con la luz devanando el aire y su alimento. Parte del muro, un objeto inanimado, desconchado, un nadie. Mi piel es del mismo material que una casa en ruinas. Un envoltorio para el desastre. Sostengo un espejo no para mirarme en él, ¿quién se miraría si lo hiciera? mi rostro roza el envés, desde el ojo-distinto de la cámara no hay cabeza que me individualice, sólo un espejo vuelto hacia la luz. Hacia el ojo. Hacia ti.

13 comentarios:

Stalker dijo...

Este texto te ha quedado especialmente encabronado. Te veo supurando rabia. Enhorabuena.

Stalker dijo...

Me gusta, claro: en la diana...

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Raúl contra Raúl

raúl quinto dijo...

stalker,

¿encabronado? no tenía esa noción, pero me alegra que te guste.


esther,

yo suelo ser mi peor enemigo, pero este texto tiene que ver más con los problemas de la Woodman que con los míos conmigo.


besicos a ambos.

ana dijo...

Me gusta mucho Woodman y también lo directo que es tu texto, aunque mi interpretación de esas fotografías con mujer y pared no va tanto hacia el vacío de la identidad sino hacia cierta sensualidad onírica, aunque la sensualidad también es en cierto modo el vacío de la identidad. De todas formas es que a mí las paredes me resultan expresivas e infinitas, secretas y sensitivas: una vez conocí a un hombre que fotografiaba paredes, aquello me maravilló tanto que me enamoré de ese hombre y también de la pintura de Rothko, de Zao Wou Ki, de Tapies y de tantos otros pintores de los que no había oído hablar hasta que llegó ese hombre y sus paredes.

raúl quinto dijo...

ana,

partiendo de la base de que los caminos de aproximación a las buenas obras de arte son casi infinitos, no veo como tú la sensualidad como motor de esta obra. Existe, pero si acaso esa desnudez es un vestigio del clasicismo y del desamparo. La idea central de toda la obra (¡desde que tenía 13 años! ya bucearemos por allí algún día) es la identidad, la identidad como problema, el malestar del yo, su cuestionamiento, el problema de ser algo definido física y culturalmente... en fin las angustias del hombre moderno, sus escisiones y demás, por eso la Woodman se ha convertido en una artista insoslayable (por eso y por el negociete paterno tras su suicidio, claro).

Lo que dices de las paredes y el amor es bonito, y si esa persona te ha llevado de la mano a esos mundos es una buena pieza, un buen partenere para la Ana que supongo, imagino que el resto de mortales ya pareceremos sucios figurativistas a su lado ;P

neuronita dijo...

mira no sé como llegué a tu blog ,pero que bueno que llegué ... me encantó.

te dejo un saludo !

raúl quinto dijo...

Neuronita,

espero que no sea la última vez que te pierdes por aquí, con ese nick tan chulo quiero tenerte como vecina, una neuronita nunca está de más.


saludos!

Io - Dánae R. dijo...

Hola Raúl

J. M. Coetzee - Elisabeth Costello

Muy buena conferencia.

El arte genera arte.

A mi esa foto me cuenta otras cosas, pero me agrada leer lo que a ti te cuenta.

Nos vemos.

D.

raúl quinto dijo...

hola, Dánae,

apunto la referencia, muchísimas gracias. Me quedo con las ganas de saber qué te sugiere a ti esta foto...

un saludo y que siga el entusiasmo

rubén m. dijo...

Raúl, veo que Francesca lleva camino de convertirse en la diosa tutelar de tu blog, algo así como Maillard en el de Stalker. A mí también me ha gustado mucho el texto y me ha parecido afortunadamente "encabronado". Y como Ana tiendo a ver mucha sensualidad en esa foto, el contraste entre la rugosidad de la pared y la tersura del desnudo. Pero también la indefensión que señalas: el desamparo.

abrazos

raúl quinto dijo...

rubén,

es la segunda vez que aparece Francesca por aquí, no te creas, y bueno, este vértigo es más bien panteísta como deberías saber. No termino de ver el encabronamiento q tanto maese stalker como tú veis en el texto, pero bendito sea si eso os ha motivado por dentro. A mí las fotos de Woodman me parecen de todo menos eróticas, la verdad, aunque tiene ese punto de belleza descarnada que bien vale una perversión.


un saludo.

O. dijo...

Gracias por dejar esta ventana abierta hacia el alma de mi amada Francesca y a su angustiosa escisión consigo misma. Un saludo.