jueves, 5 de julio de 2012

Diálogo de espejos rotos.


CLAROSCURO DEL BOSQUE, Marta Azparren-José Luis Gómez Toré. Amargord Ed, 2011, Madrid, 80pp.



Escribir siempre es dialogar: con el lector, con el idioma, con el mundo dentro y fuera de uno mismo. El mundo que no es otra cosa que lenguaje. La poesía siempre es un diálogo oscuro, una conversación a punto de romperse. O ya rota. Como si hubiera hilos, cordeles, que ataran el sentido a las palabras, el lenguaje a su sombra. Y no hay más remedio: esos hilos están cortados, mordidos, anudados unos con otros en una maraña ciega. Lo podemos llamar misterio del decir. El decir otro. La poesía como arroyo de luz negra. Con matices, esto nos suena.
            Paul Celan escribió un poema llamado Todtnauberg donde ¿cuenta? su encuentro con Martin Heidegger en su cabaña de la Selva Negra. Su conversación. El poeta y el filósofo atados por sus propios hilos. Lo hemos apuntado. Pero también el judío que sobrevivió al holocausto y el alemán que simpatizó con el nacionalsocialismo. Un espejo roto en mil pedazos entre ambos.
            Con eso conversa este libro que a su vez se construye, inevitablemente, sobre otro nuevo diálogo: el de la poesía de José Luis Gómez Toré (Madrid, 1973) y la obra plástica de Marta Azparren (Tenerife, 1968). Conversa la poesía con el dibujo, y estos con Todtnauberg, y Celan y Heidegger conversan en la cabaña, sus vidas y sus obras mantienen un diálogo feroz sobre el sentido del lenguaje y el abismo al que puede asomarse el hombre al mirarse dentro. Hay un bosque de palabras rotas , de signos a punto de dejar de ser. Esa es la idea. Perderse en él. La compañía es inmejorable.