martes, 11 de septiembre de 2012

Poesía escrita en minúsculas.


SOBRE ABIERTO, Rafael Cadenas, Pre-textos, Valencia, 2012. 80 pp.


 
 

 
La editorial Pre-Textos publica el nuevo libro del poeta venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930), tras la edición de su Obra entera en 2007, con el título de Sobre abierto. Y ya desde ese encabezamiento se nos sitúa en el terreno de la confidencia y de lo inacabado. La vida y la poesía como un sobre abierto. Sencillamente. Cadenas nos va a contar qué es para él vivir, pero la carta que escribe, aquello que es su (la) vida  está sin terminar. No puede cerrar el sobre porque la vejez no es el final sino parte del camino, de la búsqueda (p. 64). Así que este poemario es en gran medida una reflexión sobre la existencia desde el borde de la misma.

            Y existimos en el tiempo. Somos tiempo. Nos movemos en sus coordenadas preestablecidas, entre la memoria y la muerte. Y más cuanto más densa es una y cerca está la otra. Sin memoria no somos nada (p. 59), nos dice Cadenas, y tiene razón. Pero este no es un libro elegíaco, no hay lamento por lo perdido o nostalgia del pasado. Aquí hay una exhortación continua para apresar el presente. Aquí se nos conmina a vivir viviendo. Más allá de la sombra de la muerte y de la inercia de la memoria. Un canto a la vida desde el umbral de la desaparición. Sencillamente. Y la estrategia es clara: se vive en lo minúsculo, frente a la opulencia de la muerte la vida se desnuda en lo pequeño. En lo que comúnmente inadvertimos.

            Esto es. Poesía pequeña, como única forma de integrar la literatura con aquello de la vida que merece la pena. Porque entiende el autor que hay una oposición entre ambas, como si los libros nos arrancaran de vivir. Pero aquí no. Rafael Cadenas nos plantea que el nexo entre las dos  es lo fundamental. Y esa ligazón es la mirada. Mirar distinto. Para que la vida sea un poema y para que la literatura esté viva. Vivir lo pequeño es saber mirarlo. La escritura es solo la huella. Dice que “Las hojas de los árboles/ brillan/ para quien las ve.” (p.19). El mundo entero está ahí delante esperando ser descubierto. Tal vez la función de la poesía sea esa: enseñarnos, ante el ruido de las cosas, ese “otro oír” (p. 51) que nos ayude, tal vez no a entender el mundo, pero sí al menos a vivirlo. Sencillamente. Vivir en la contaminación de una mirada alerta. No desdeñar nada (p. 16) porque en lo ínfimo se encuentra el absoluto, la vida en sí.

            Y esto, como sucede siempre con la buena poesía, se traduce en la forma del poema. Escrita desde el despojamiento y la pura mirada. Como en la tradición poética y la filosofía oriental. Ese es el suelo del que emergen estos poemas. Aunque Cadenas ya había transitado en su obra anterior por la sencillez compositiva y la claridad fulgurante propia de la herencia japonesa, aquí el acercamiento es más evidente. El haiku es el espejo en que se mira todo. Desde numerosas de esas composiciones a referencias directas al maestro Matshuo Basho (1644-1694) y el que es, dicen, el poema cumbre de esta manera de entender el texto como mirada (de la que el haiku es la forma más depurada y original): “En el viejo estanque/ salta una rana./ El sonido del agua.”  Ahí está todo a lo que aspira este libro. Un horizonte de depuración: perderse certeramente en la mirada. Reflejos del Tao Te King. Rafael Cadenas, como ya hiciera Robert Duncan (Tensar el arco y otros poemas, Bartleby, 2011), considera que al tensar el arco debemos perdernos, no siendo otra cosa que flecha y diana. Pero también reconoce que no hay poesía sin misterio. Que muy probablemente la vida tampoco exista sin ello. Así nos lo comunica en el poema que inicia el libro. Una advertencia. Un mapa que nos deja claro cuál es el camino que vamos a recorrer: el de la poesía escrita en minúsculas, tal vez la única posible cuando se mira la vida y su misterio con la mirada adecuada.

            Pocas palabras/ tienes/ a mano,/ no obstante/ deben bastar/ para tender/ tu arco/ ante la oscura/ diana./ Pero/ ha de ser sin intención/ de acertar. (p. 9).
 
 

(reseña aparecida en la revista Quimera del mes de septiembre de 2012)