domingo, 13 de mayo de 2012

Entrevista (mínima) en Quimera, con Jaime Rodríguez Z. sobre RUIDO BLANCO


Ruido Blanco tiene como constante un suicidio en vivo. ¿Por qué decidiste poetizar el caso de Christine Chubbuck y convertirlo en la columna vertebral de del libro? 

Christine Chubbuck fue una periodista que en 1974 se pegó un tiro frente a las cámaras, tras anunciarlo como un contenido más del programa. Su caso es un ejemplo estremecedor de la mediatización extrema de la vida que nuestra sociedad de la información produce. Me interesaba exponer ese acontecimiento en toda su crudeza e intentar diseccionar las implicaciones filosóficas que pudieran emanar de él en relación al mundo al que pertenecemos: la ficcionalización de lo real, el vacío de la sobrerrepresentación,  la comunicación humana como una sucesión plana de códigos y gestos, el reino de la pantalla, del interfaz. En definitiva, la idea de simulacro que defendía Baudrillard. Hay una muerte, y hay una imagen, está el ojo, y la carne, el dolor, su relato.

El primer poema titulado Christine Chubbuck es la descripción de una imagen, el último tiene un matiz deliberadamente periodístico. ¿Es ese el arco que quieres trazar en el libro, el que va de la hecho a su comunicación, a su análisis?

Deseo trazar un diagnóstico del mundo contemporáneo, utilizando su misma superficie ruidosa. Vivimos e intentamos comunicarnos los unos con los otros en una realidad desfigurada por el exceso de información, de códigos que se refieren a otros códigos, mensajes que no cesan y se solapan, la amalgama infinita de la red, la memoria colectiva y comercial, la tecnología, la estimulación agresiva de nuestros sentidos y de las herramientas, ya desbordadas, que usamos para ordenar el mundo. Tanto exceso comunicativo provoca incomunicación,  alienación y  aislamiento. Somos transmisores de vacío. Por eso una de las obsesiones de este libro es la ruptura o la reconstrucción de los hilos que unen las palabras a las cosas y a los hechos.


Los poemas fuera de la serie Chubbuck funcionan como caja de resonancia para esta, como esas otras frecuencias en la misma potencio, pero hay todavía un tercer nivel, los poemas titulados entre corchetes, de reminiscencias científicas, impresos en cursiva… ¿qué función cumplen estos textos?

El libro habla del proceso de degradación comunicativa y sus implicaciones políticas y sociales. La técnica compositiva es precisamente yuxtaponer imágenes o secuencias que muchas veces pueden parecer arbitrarias, como si fuera un zapping frenético, donde los mensajes se alimentan unos de otros, al mismo tiempo las notas al pie aumentan el ruido en profundidad, como los hipertextos de la red. El ruido blanco ubica todas las frecuencias en la misma señal, pero hay mensajes bajo ese ruido que nos acaban diciendo cosas sobre los sentimientos, los peligros de la ciencia, las oscuridades de la historia o de los informativos. Estos poemas en cursiva funcionarían como un paisaje ruidoso del que se despliegan los poemas en verso sobre Chubbuck o las formas de asesinato institucional (Warhol, gas, etc.).


Han pasado siete años desde La piel del vigilante un poemario en el que ya evidenciabas tu interés por la cultura más popular, hoy parece que la exploración intermitente (y a menudo de simultánea) de los códigos de la ciencia y la tecnología, la televisión y el espectáculo en su sentido más amplio, es ineludible. ¿Es así en tu caso?

La poesía se puede entender como la respiración lingüística de una época, respiramos un aire concreto y exhalamos poemas que no pueden sustraerse a la realidad de la que surgen. Y nuestra realidad es la del mundo de la sobreinformación, somos criaturas dotadas de una memoria externa casi infinita donde caben, y al mismo nivel, todas las manifestaciones culturales y científicas. Hablo de Internet, que es en sí mismo otra metáfora del ruido blanco. Nuestro mundo y nuestras herramientas de interpretar y comunicar la realidad son otras. Se trataría de eso. Y creo que en este libro me acerco por primera vez a una dicción propia de nuestro nuevo paradigma comunicativo, y no solo en cuanto a la iconografía como en libros anteriores.

En muchos de los poemas hay una especie de voluntad manifiesta de comunicación con el lector, de decir cosas, de aclarar sentidos , pero esto se expresa como notas al pie, como si esa voluntad no formara parte del poema…

No es aclarar, sino enturbiar más. Provocar más ruido. No sólo yuxtaponiendo frases a modo de collage sino usando la profundidad hipertextual para densificar aún más la carga semántica. Se trata de crear más ruido. Un ruido blanco, pero que busca generar emociones, ideas y conflicto en el lector, que debe reordenar algo parecido al sentido.

Hasta ahora Raúl Quinto es percibido como un poeta joven, pero hoy en día el flujo (neo) mediático de los nuevos poetas es vertiginoso. ¿Empiezas a sentirte como parte de "la generación anterior"?

Nunca he entendido muy bien qué valor aporta a una obra la edad, ni tampoco me he sentido partícipe de una generación poética, ni por redes de relación o por asumir un programa estilístico común. Tampoco suelo aparecer en los diferentes recuentos generacionales o forzadores de canon. Así que tampoco siento un desplazamiento por parte de los que vienen. Me veo más hecho, o más desecho, pero igual de ajeno a los grupos.


¿Crees que la evolución de la industria cultural y editorial, tanto en sus procesos de producción y comercialización, determinará de alguna manera las  exploraciones poéticas de la actualidad y de después?

Considero que la poesía está más allá de la industria. La poesía que acabará durando, claro. A coto plazo iremos hacia un modelo menos dependiente de los premios y subvenciones; la crisis manda, y volveremos a un modelo más cercano a la micro o autoedición, y ahí el papel de Internet y la as posibilidades de autogestión, financiación reticular, etc.. Pero no tiene nada que ver con la forma en que se crearán los poemas, en eso tendrá que ver el formato pero no el modelo productivo ni comercial. La poesía no entiende de leyes ni de comercio.