miércoles, 20 de enero de 2016

Yosotros en Cultureta.

En uno de los últimos números de la revista Cultureta el periodista Edu Centeno tuvo conmigo una charla sobre Yosotros y otras cosas.

Cultureta

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Atendiendo a la propia referencia al autor que expone su último libro, para no pillarnos los dedos) “Raúl Quinto nació en Cartagena en 1978 y se licenció en Historia del Arte por la UGR. Actualmente reside en Almería, donde ejerce como profesor. Colabora como crítico en revistas y como articulista de opinión en periódicos. Es autor de varios libros, en su mayoría de poemas”. Todo eso es, categóricamente, Raúl Quinto. Y sin embargo, no. (Atendiendo al contenido de su último libro) Raúl Quinto, al igual que el resto de personas, es mucho más que una simple identidad que pueda catalogarse con cuatro, cinco o chorrocientas etiquetas vagas. Raúl Quinto forma parte de algo más que sólo puede explicarse mediante el concepto que le da título a su última publicación: ‘Yosotros’.
La editorial Caballo de Troya ha apostado por darle salida al mercado a un texto que profundiza en la premisa de “en qué consiste eso de ser uno mismo, con las implicaciones antropológicas, políticas, sociales, etc., que eso tiene”. Es decir, identidad como punto de inicio y retorno, llevada al extremo y relacionándola con una sentencia tan simple como evidente: somos personas individuales; formamos un mundo colectivo. La clave reside por tanto en cómo encajan entre sí ambas mitades del planteamiento. Al margen de la introducción, para explicarlo Raúl Quinto divide implícitamente en cuatro partes un libro que (parece hecho adrede) es también poco ortodoxo a la hora de clasificarlo dentro de un género, ya que “no es un ensayo realmente, aunque pueda parecerlo porque hay una tesis oculta o no tan oculta, bastante evidente. Tampoco es una novela, aunque haya un argumento que se repita, también parece que unos personajes que interactúan entre ellos… Tampoco es una colección de relatos, aunque se construya de esa manera. Es decir, es una cosa bastante híbrida: salto de un capítulo donde hay una historia explicada como un relato corto a otro que es casi un poema en prosa, otro que tiene un punto más micro-ensayístico y así”.
La primera de esas partes se centra en “la idea del yo, de uno mismo, lo que se impone como normativo, lo que nos dice: ‘tú, si quieres ser alguien, tienes que tener estas características; si no, eres un bicho raro, eres lo otro’. Y te ponen ahí, te exhiben, se ríen de ti…”. La segunda parte comienza a dar las primeras pinceladas de conexión, aludiendo a “cómo hay otros individuos, otros unos mismos, que condicionan a un montón de gente, y cómo hay una interacción entre los unos mismos que hace que se conviertan en comunidad. Por ejemplo, el tema de David Icke y los reptilianos”. Finalmente, la tercera parte nos expone de lleno ante la sociedad de masas, algo más ajeno en cuanto a la concepción de pertenencia ya que “son el resto, porque tú nunca te asocias a ti mismo como parte del rebaño. Así que se habla de nosotros frente a ellos, pero claro: ellos piensan que ellos son nosotros y que nosotros somos ellos. Por eso hablo de cómo la sociedad de masas diluye toda la identidad en una identidad colectiva, que si uno se pone a analizar, en realidad está dirigida o está condicionada por unos poderes que manipulan a las masas, para que vayan en la dirección que les interesa a unos individuos concretos que sí mantienen para sí mismos la idea de identidad y de control sobre su destino”.
¿No parece esto así explicado una visión muy pesimista de la realidad en que vivimos actualmente? Para nada, porque es ahí cuando entra en juego la cuarta y última parte. Realmente “lo que viene a decir el libro cuando habla del concepto de ‘Yosotros’ es cómo eso, de alguna manera, se puede haber superado en el siglo XXI; cómo puede haber ahora una sociedad que sí, que es colectiva, pero donde cada uno de sus nódulos, cada nodo de esa red, es inteligente y es uno mismo pero se interrelaciona y crece en común con los demás. Fíjate que a las dos semanas de empezar a escribir ‘Yosotros’ empieza el Movimiento 15-M y el libro se contamina también de eso, pues demostró que lo que yo estaba pensando, ese algo que estaba ya en la génesis del libro, tenía un sentido de realidad”.
Todo esto que, a priori, puede parecer un batiburrillo de difícil digestión, Raúl Quinto lo viste de experiencias vividas por personajes reales como Mary Ann Bevan, Otto Gross o Túpac Katari, entre muchos otros, que a través de sus historias muestran que somos tan parecidos o distintos a los demás como queramos y elijamos ser. “Tenía muy claro, por ejemplo, que quería hablar de Michael Jackson. Su historia era una idea que me parecía muy clave de lo que puede ser la posmodernidad, este momento del nuevo siglo y la posibilidad de un nuevo tipo de ser humano, porque ya no es sólo su transformación, sino cómo se ha contado, la narración o el relato que se ha hecho a través de los medios y que se ha convertido ya en un fetiche de la cultura popular. Me parece un ejemplo muy claro de cómo la identidad se podía transformar, de cómo estamos de alguna forma condenados a nuestra propia identidad, de cómo muchas veces nuestra identidad ni nos pertenece siquiera”.
Por ello, ‘Yosotros’ se convierte también en una experiencia compleja, que las malas lenguas podrían tachar de poco accesible para cierto tipo de público. Falso. Además de que se entiende que el lector que llega a ‘Yosotros’ ya tiene una cierta predisposición a temas que tratan de lo visible y lo invisible, el autor lo pone fácil mediante su intención de “que no sea necesario encontrar fuera del libro nada que no esté dentro de él, que las referencias que aparecen a filósofos y artistas estén los suficientemente bien explicadas dentro de las páginas para que no sea necesario tener una vasta cultura. De todas maneras, son bastante conocidos todos los nombres, así que no es nada hermético”. De hecho, es más bien al contrario, dado que en ocasiones da la sensación de haber llegado a un pacto tácito con el libro mediante el cual te invita al juego de interactuar con él, buscando más información sobre los propios personajes. Tanto es así, que incluso Raúl confiesa que “algunos capítulos los he hecho en colaboración con la gente de Internet. Por ejemplo, hay un capítulo en el que hablo de santos, una obsesión que tengo hace bastante tiempo por lo de sus martirios, así que pedí ayuda en Facebook y puse un estado preguntándole a la gente quién era su santo favorito. A medida que se repetían algunos yo iba investigando sobre ellos, dando como resultado, por ejemplo, las historias que escribí finalmente en el papel sobre Santa Eulalia (de Barcelona) y Saint Denis (de París)”.
Quienes le conocen íntimamente, dicen que es lo mejor que ha escrito hasta la fecha. Quizás la clave está en algo que repite constantemente al preguntarle por él: “Me lo he pasado muy bien haciendo este libro”. Sea como fuere, lo que está claro es que es un texto fiel a sí mismo en todos los aspectos, consecuente con su propia órbita, esa identidad en torno a la que gravita. Y es que según él, ha intentado dotarlo “de un estilo ameno, que vaya llevando al lector, que vaya haciéndole cómplice explicándole determinados guiños, determinados giros para que se sienta acompañado. Pero sin dárselo tampoco masticado, porque digámoslo claramente: ‘Yosotros’ es un libro que requiere de una lectura activa, y eso me parece muy positivo, que te haga pensar y trabajar un poco a ti como lector. Más que dejar un trabajo hecho y decir: ‘mira, esta es la verdad, comparto contigo la sabiduría eterna, tal y cual…’, a mí lo que me interesa es abrir puertas, abrir muchas puertas, con muchos temas, muchos personajes, muchas historias. Y si quieres seguir metiéndote por ellas y seguir profundizando, seguir creciendo, pues es un libro que no se acaba, lo cual es maravilloso”.