Una nota apresurada, llena de tachones y frases a
medio terminar. Y que queme como el fuselaje de un avión recién abatido. Eso
sería lo apropiado para hablar de Quien
manda uno. O poder dibujar un cómic llamado el artificiero irónico y hablar
del arte de la explosión y el recuento de ecos y metralla. Pablo López Carballo (Cacabelos, 1983) manipula el idioma, los idiomas, una vez le ha
estallado en las manos. Ese es el plan. Otra vez escribir sobre unas ruinas encontradas. Nos tienen dicho que la poesía es
jugar con las palabras y las cosas, con su relación, trazando dinámicas de
profundidad o sentido. Escribir el mundo, a riesgo de que te saque los ojos. Crearlo
de puro idioma, con el mismo peligro. Quien manda uno dice precariedad, escribe
precariedad, porque sabe que no existe arte más al borde de la nada que el de
la poesía. Rompe un puzzle, le prende fuego a las piezas y juega con sus restos
con toda la fascinación posible. Poemas al borde de sí mismos. Las cosas casi
huérfanas de nombres. Un juego, ya sabemos, en el que reconocemos alguna de las
reglas: la extrañeza del fragmento o la búsqueda deliberada del palimpsesto, la
acumulación babélica de citas e idiomas, el verso tachado, la música disonante.
Nos puede recordar a Olvido García
Valdés o a Marcos Canteli, por
decir algo cercano y reciente. Pero esto es un libro de contrapoesía y un libro
también contra los poetas y su oficio grandilocuente y vacío. No hay poesía sin
precariedad. Insiste. El mundo: cuando
escuchamos / nada tiene nombre
(p.19). Y quien quiere contarlo: testaferro
de lo que no tiene voz/ dando fe de
lo innombrable:/ poeta,/ o algo menos (p.81). Lo dicho.
viernes, 29 de marzo de 2013
viernes, 22 de marzo de 2013
lunes, 18 de marzo de 2013
ASAMBLEA (Juan Carlos Mestre)
Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,
les traigo el saludo solidario de los metafísicos,
también para nosotros la situación se ha hecho insostenible,
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas,
a partir de este momento la lírica no existe,
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno,
no lo tomen a mal,
pero aún quisiéramos pedirles una cosa,
mis viejos camaradas amigos de los árboles,
acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.
les traigo el saludo solidario de los metafísicos,
también para nosotros la situación se ha hecho insostenible,
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas,
a partir de este momento la lírica no existe,
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno,
no lo tomen a mal,
pero aún quisiéramos pedirles una cosa,
mis viejos camaradas amigos de los árboles,
acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.
sábado, 9 de marzo de 2013
FANTASMA
(El fantasma de una pulga, William Blake, 1820)
Un fuego en el centro. Objetos y figuras danzando. La sombra en la pared. Aquello que sucede. Ahora entorna los ojos. Desaparece parcialmente el universo. Entorna las palabras. Comprueba que. La sombra en la pared. Sin fuego ni centro. Sin objeto ni danza. Pero. La sombra. Comprueba, la televisión encendida iluminando la escena del sofá, instaurando la realidad tangible de una familia. Su objeto. Un túnel de luz otra, desde el aparato hasta la forma. Por ejemplo. La realidad es su propio eco, hay un agujero en el centro del fuego. Un incendio dentro de cada píxel. Experiencia bastarda. Opino. Pienso. Piensas. Eres. Construyes tu dentro y tu fuera. A través de lo que percibes. La percepción es un agujero en el centro del fuego. En el corazón de la sombra hay un túnel luminoso. Un latido bastardo. Un mundo desde. Hay un sueño donde alguien duerme, y en su sueño despierta dentro de tu cabeza. Entorna la luz. En la televisión desconectada arde un fuego azul perverso, un teatro roto. Aquí está Wols. Por ejemplo. Wols reproduce la necesidad de un azul. Reproduce un conato de vida en azul posible. Reproduce un reino químico. Azul. Hay un agujero en el centro del cerebro de Wols. La droga es un túnel de luz bastarda. Dice: camina por él. Dice: resuelve el acertijo, no hay palabra clave. Dice: entra, no hay llave. Aquí solo la proyección. El instante. Solo. Todo. Proyección de. Su fantasma. El lenguaje como un holograma que deforma los objetos sobre los que se posa. Los nombres. El molde. Wols reproduce la experiencia: luz y nada. Te regala la llave de la puerta tapiada. Azul. Hay un agujero en el centro de. Lo que hay puede que no sea. La concepción del fuego: confusión. Moldes rotos a los pies del alfarero ciego. Por ejemplo. William Blake contagia sus ojos de otros ojos ocultos. Nombres. Proyecciones. Luz. Nadas. Un exceso de sí. Un túnel de luz diamante desde dentro hacia dentro. Dice: las pulgas encierran el espíritu de hombres codiciosos, esclavos del deseo irrefrenable. Por eso su vida es tan solo apetito y sangre. Monstruosa delicadeza, minúsculo terror. Dice: imagina su ser humano, su cuerpo desbordado de todo el hambre. Por ejemplo. Vemos una pulga. Nombramos a la pulga. La (nos) condenamos a su diminuta sangre robada. A su nada controlada y obscena. Pero dentro está el hombre y su hambre. El deseo enfermo. Vemos. Nombramos. Proyectamos. Decidimos creer. El deseo es un agujero en el centro del fuego. Y hay una sombra y una pared y la máscara infinita de una danza. Aquí hay un túnel: atraviésalo.
(Fantasma azul, Wols, 1951)
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Texto collage aparecido en el número dedicado al FANTASMA de la Revista Kokoro.
lunes, 25 de febrero de 2013
Ruido blanco, vivo.
Este vídeo fue grabado en la presentación de Ruido Blanco, en noviembre de 2012, en Almería. Me acompañaba el músico Liborio López. Dimos el espectáculo.
Precisamente el próximo viernes 1 de marzo presento el libro en Madrid, en la librería Arrebato, a las 19:45h. No estará Liborio pero me acompañará el poeta Julio Mas Alcaraz. Intentaremos que el ruido rompa los cristales necesarios.
domingo, 17 de febrero de 2013
El horizonte en el espejo (prólogo para Road movie, de Carlos Huerga)
El poeta madrileño Carlos Huerga acaba de publicar en Amargord Ed. un sugerente libro con el título de Road movie, me pidió que le escribiera el prólogo y esto es lo que salió:
EL HORIZONTE EN EL ESPEJO.
La situación es esta: vas en un coche, en el asiento de al lado hay algunos libros, un mapa arrugado y alguna lata de cerveza, a través del cristal ves que la carretera no acaba nunca. Ves que el horizonte difumina en su línea el final del trayecto. Conduces hipnotizado por una fiebre de alquitrán y luces de gálibo. Tu respiración, el motor. Más lejos y más rápido. Pero no estás huyendo de nada, lo sabes, nadie te persigue, eres tú el que intenta alcanzar algo. El horizonte. Algo que llevamos dentro como una llama. Y avanzas, quemando kilómetros para no llegar a ninguna parte. Porque el horizonte siempre está al otro lado, más allá de lo posible. Delante. Bien adentro.
Esa es la situación. La historia. La película.
Sobre esa verdad de gasolina y sudor giran los poemas de este libro.
Un viaje.
Una excusa para intentar descifrar la perplejidad ante la vida.
Está claro: la vida es un viaje, la carretera es como una línea borrosa de tu mano.
Una película. Siempre desde el otro lado de la pantalla. Ya. Desde hace décadas la vida es filmada o no es. Lo que existe es lo que la pantalla recoge. Lo que somos es lo que vemos. Nuestra memoria y nuestros afectos son fragmentos de guiones y fotogramas dispersos. Está bien claro. Y así lo entiende Carlos Huerga. Y Así. Road Movie y sus poemas como recortes de celuloide: secuencias o escenas, escritas como quien monta una película o un collage de historias y referencias arrancadas de una historia más grande, probablemente interminable. Enajenadas. Reordenadas. Dejadas al viento de la autopista. Una escritura de tijeras y acetona en la sala de montaje. El poema y la vida como una película, y las películas como parte de la vida del que las ve. Y siempre, el horizonte delante, aquello que sucede fuera de campo, en la infinita posibilidad de la elipsis. Ahí también se construye Road Movie. En fragmentos y re-creaciones de obras conocidas, como una desquiciada fan fiction de orfebrería que prolonga el metraje de Easy Rider o Extraños en el Paraíso. O con la inevitable versión de On the Road de Jack Kerouac. Tiras de celuloide y libros viejos ondeando en la ventanilla de un coche. Y la velocidad como aliento. Pero no son otra cosa que excusas, insisto.
Excusas para hablar de la vida, de la transformación inherente a cada viaje, de la búsqueda imposible del horizonte, que siempre está a la vista y más allá.
Pues eso.
Esta es la situación.
Montamos en el coche, miramos por la ventana antes de arrancar, conducimos. Y sabemos que el paisaje tras los cristales no es otra cosa que el ojo que lo ve. Que el desierto es un espejo, y que el horizonte está dentro. Eso es Road Movie. La vida, la literatura, el cine, tú. Y merece la pena. No hace falta que te abroches el cinturón, el riesgo es deseable. La carretera es una amante sediciosa a tus pies. ¿Notas ya el olor a gasolina en cada uno de estos poemas? Ningún viaje asegura un tesoro ni la respuesta a un enigma al final del trayecto, pero siempre es una aventura necesaria. ¿Notas el olor a sangre en cada uno de estos poemas?
jueves, 7 de febrero de 2013
Ruido Blanco en la radio (entrevista)
Os dejo AQUÍ un enlace con la entrevista completa que me hicieron el programa Días de Radio, de Candil Radio. Fue un rato agradable de buena conversación donde hablamos de Ruido Blanco, del mundo y de la vida.
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