El pasado 1 de noviembre, tal vez para celebrar el Día de los muertos, Antonio Rodríguez (aka Stalker, aka Arshesh, aka La tercera cabeza de Kokoro) organizó un encuentro en la Llibrería Calders de Barcelona para que mi poesía y la de Rubén Martín se mezclaran con la música experimental de Primo Gabbiano y algunos de nuestros poemas fetiche de la Historia de la Literatura, un descubrimiento artístico mayúsculo. El asunto llevaba por título Ruido Negro y quedó tal cual se ve en el vídeo, al menos nosotros sufrimos algún tipo de acceso catártico, lo suficiente como para querer repetir algo así.
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jueves, 6 de noviembre de 2014
domingo, 23 de junio de 2013
AQUELLO QUE (poema inédito en la Revista Kokoro)
La Revista Kokoro, que es una de las grandes noticias de la red en los últimos meses, ha lanzado su nuevo número con el tema de Infancias. Hay un material muy suculento para degustar sin prisa y a conciencia, o al menos eso es lo que aconsejo. Yo he colaborado con este poema tripartito escrito ex profeso para Kokoro. Aquí os lo dejo, la nieve como puerta del verano.
AQUELLO QUE
I
Aquí, así, la nieve derritiéndose
en la concavidad
de tu mano derecha, el destello
de luz solar que se desata
entre los dedos,
la certidumbre
del universo construyéndose
en un gesto primero e infinito,
cuando la realidad
comprende que en un copo está todo.
II
La nieve blanca derritiéndose
entre la líneas de tu mano.
El color. La escritura invisible de algo
que carece de nombre. El frío anestesia
el tacto y solo queda el interior:
sentir adentro: cómo fluye el rojo
de la sangre, las líneas
creciendo palma abajo. El dolor
como un espejo del futuro.
III
La nieve derritiéndose en tu mano
dice que el tiempo existe, que no hay
lugar donde guardar
ni el frío ni su brillo.
Eso no significa nada, dices
en un idioma tan pequeño
como antiguo, la luz contra lo blanco
es algo eterno, quizá sobre el mundo,
el cuerpo, las inercias
que confunden las alas con arrancar raíces.
sábado, 9 de marzo de 2013
FANTASMA
(El fantasma de una pulga, William Blake, 1820)
Un fuego en el centro. Objetos y figuras danzando. La sombra en la pared. Aquello que sucede. Ahora entorna los ojos. Desaparece parcialmente el universo. Entorna las palabras. Comprueba que. La sombra en la pared. Sin fuego ni centro. Sin objeto ni danza. Pero. La sombra. Comprueba, la televisión encendida iluminando la escena del sofá, instaurando la realidad tangible de una familia. Su objeto. Un túnel de luz otra, desde el aparato hasta la forma. Por ejemplo. La realidad es su propio eco, hay un agujero en el centro del fuego. Un incendio dentro de cada píxel. Experiencia bastarda. Opino. Pienso. Piensas. Eres. Construyes tu dentro y tu fuera. A través de lo que percibes. La percepción es un agujero en el centro del fuego. En el corazón de la sombra hay un túnel luminoso. Un latido bastardo. Un mundo desde. Hay un sueño donde alguien duerme, y en su sueño despierta dentro de tu cabeza. Entorna la luz. En la televisión desconectada arde un fuego azul perverso, un teatro roto. Aquí está Wols. Por ejemplo. Wols reproduce la necesidad de un azul. Reproduce un conato de vida en azul posible. Reproduce un reino químico. Azul. Hay un agujero en el centro del cerebro de Wols. La droga es un túnel de luz bastarda. Dice: camina por él. Dice: resuelve el acertijo, no hay palabra clave. Dice: entra, no hay llave. Aquí solo la proyección. El instante. Solo. Todo. Proyección de. Su fantasma. El lenguaje como un holograma que deforma los objetos sobre los que se posa. Los nombres. El molde. Wols reproduce la experiencia: luz y nada. Te regala la llave de la puerta tapiada. Azul. Hay un agujero en el centro de. Lo que hay puede que no sea. La concepción del fuego: confusión. Moldes rotos a los pies del alfarero ciego. Por ejemplo. William Blake contagia sus ojos de otros ojos ocultos. Nombres. Proyecciones. Luz. Nadas. Un exceso de sí. Un túnel de luz diamante desde dentro hacia dentro. Dice: las pulgas encierran el espíritu de hombres codiciosos, esclavos del deseo irrefrenable. Por eso su vida es tan solo apetito y sangre. Monstruosa delicadeza, minúsculo terror. Dice: imagina su ser humano, su cuerpo desbordado de todo el hambre. Por ejemplo. Vemos una pulga. Nombramos a la pulga. La (nos) condenamos a su diminuta sangre robada. A su nada controlada y obscena. Pero dentro está el hombre y su hambre. El deseo enfermo. Vemos. Nombramos. Proyectamos. Decidimos creer. El deseo es un agujero en el centro del fuego. Y hay una sombra y una pared y la máscara infinita de una danza. Aquí hay un túnel: atraviésalo.
(Fantasma azul, Wols, 1951)
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Texto collage aparecido en el número dedicado al FANTASMA de la Revista Kokoro.
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