jueves, 21 de junio de 2018
UN CORAZÓN IMPOSIBLE DE DECIR
miércoles, 20 de enero de 2016
Yosotros en Cultureta.
viernes, 8 de enero de 2016
Yosotros según Vicente Luis Mora.
jueves, 7 de febrero de 2013
Ruido Blanco en la radio (entrevista)
martes, 8 de enero de 2013
La flor de la tortura según Sara Castelar Lorca.
jueves, 11 de octubre de 2012
Ruido Blanco según José Luis Gómez Toré (La Tormenta en un vaso)
sábado, 22 de septiembre de 2012
Ruido Blanco según Antonio Mochón (Tendencias21)
Grant Morrison
Si el ruido blanco, como la luz blanca, es una señal aleatoria que contiene todas las frecuencias y si el resultante es el caos registrado en una gráfica plana, bien sirve como metáfora de un mundo saturado de señales que obtiene como resultado nuestro particular registro del caos diario, por ejemplo, en los catastrofistas noticiarios de la sobremesa.
Raúl Quinto (Cartagena, 1978) —quizás porque el silencio en según qué tiempos parezca obsceno— ofrece un análisis, directo (50 páginas) y en forma de poemas, a partir de los patrones explicativos de este caos blanco que nos caracteriza; y lo hace, como no podía ser de otra forma, con el punto de mira en los mass media, instancias modeladoras de nuestras creencias, gustos, vivencias y, en última instancia, de nosotros mismos.
Entre las virtudes de Ruido blanco (La Bella Varsovia, 2012) está la de rescatar el lenguaje de la contradicción, aquel estilo de la negación del que hablara Debord cuando los situacionistas eran cuatro locos. La contradicción es inherente a todas las cosas y también a nuestro mundo, el que unos pocos han creado para su beneficio y que, en la era del whatsapp, ha hecho de la incomunicación una de sus señas de identidad más universales. Ahora diseñamos emociones:
“Diseña un edificio cuyas puertas
desaparezcan una vez cruzadas.
Diseña una emoción”. p. 12
El ser humano es una miniatura del ser humano, un llavero en nuestros bolsillos. No necesitamos más que visitar la Piazza de la Signoria en hora punta y comernos un helado mirando la obra de los hombres. Esta vida vicaria de tamagochis, Second lives y perfiles sociales es nuestra tragedia: como una sombra nos persigue, se nos apropia y nos vive plácidamente.
“Algunos aseguran
que una cabeza separada
del cuerpo puede continuar consciente
casi medio minuto. Esos ojos
abiertos de raíz
frente a la multitud. Eso decir.” p. 12
Encuentro en Ruido blanco una obsesión por la instantánea, por la imagen detenida y fragmentaria, por la fotocomposición o la superposición, por lo difuso, lo borroso y el vértigo ante las zonas limítrofes.
La tendencia instructiva-expositiva de Raúl Quinto, su estilo aséptico de laboratorio o mesa de operaciones incide sutil pero abiertamente sobre nuestra mirada acostumbrada a no ver. Mostrar la descomposición, acusarnos y, acto seguido, intuir una salida a lo que en realidad era un callejón sin entrada.
Como si el ruido de las bombas creara una melodía (“En la confusión de todas las voces amanece un idioma nuevo”, p. 13), la búsqueda de un nuevo lenguaje y, con él, de una nueva identidad con la que, volviendo a Debord, nos emancipemos de las bases materialistas de la verdad tergiversada. Por eso espera el derrumbe, como una esperanza. Ese “labrarse una desgracia” de Palahniuk, la igualdad matemática del todo y la nada, el cero elemental (blanco) desde donde comenzar.
La humanidad, escribe Benjamin, convertida en espectáculo de sí misma, ha llevado su autoalienación a un grado tal que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético.
Y aquí cobran sentido los poemas vertebradores del libro sobre Christine Chubbuck, periodista estadounidense que en los años setenta se suicidó mientras presentaba un informativo en televisión.
Una sociedad que prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser, no puede sino celebrar estos inmensos happenings cotidianos: accidentes de tráfico, guerras y suicidios, todo televisado.
O, lo más preocupante, sencillamente no hay mensaje y por eso nos recreamos en la técnica. Nuestra sociedad, convertida en espectáculo de sí misma, se autofagocita con los Sálvame de rigor que levantan la sospecha sobre si somos la última fase de un cruel experimento conducente a salvaguardar al marionetista:
“… Alguien duerme.
Alguien nos sueña. Comprobaron
la eficacia del método
en animales superiores:
un elefante cae a plomo
ante los ojos de la prensa.” p. 19
Pero no está el canto apocalíptico sin más. Si hay una enfermedad, parece decir Raúl Quinto, necesitamos un diagnóstico. El problema es que el lenguaje que tenemos no sirve, necesitamos un nuevo idioma, nuevos signos. Signos como el de Christine Chubbuck (“Ella quiere expresar su condición / de palimpsesto”, p. 22), como lo es el hombre que se quema a lo bonzo en Italia o como quizá lo sea, por ridículo que parezca, “saquear” un Mercadona con carritos de la compra llenos de arroz y leche; puede que todo esto, en el terreno simbológico, contribuya a construir un nuevo lenguaje con el que sobrescribir el anterior. O no.
Lo que parece claro es que necesitamos redescubrir los signos que nos rodean, volver a poseernos, sacudirnos de todo aquello que no somos.
Todo nuestro edificio está agrietado. Sus cimientos son frágiles, como nosotros. La imagen dicta nuestra fortaleza, amparada en un supuesto confort y bienestar, pero acumulamos un malestar latente (“El enjambre interior”, p. 27), la “revolución latente” de Baudrillard, pues en el fondo sabemos que todas nuestras decisiones, en el nombre de la felicidad, ya están tomadas. Nuestra vida kit nos aleja de ese “ahora absoluto” y los síntomas, la fatiga —mal del siglo de la sociedad moderna—, los despachamos con ocio y medicinas.
Somos fantasmas: alguien nos sueña. Hablamos una fantasmagoría: el significado “real” ha desaparecido y es su fantasma el que se pasea de signo en signo, sin llegar a estar en ninguno, como el deseo.
Fantasmas en un mundo en el que todo remite a otra cosa, en el que los cuerpos son mercancía que adquiere su valor como objeto de consumo (“Piensa en tu reflejo escindido en el escaparate. Consume tu cuerpo”, p. 46), un mundo de saturación de voces, luces, carteles, anuncios, máquinas, es un mundo blanco por acumulación y mezcla, un cóctel de signos (“Aumentando el microscopio: un signo dentro de un signo dentro de otro signo: ruido”, p. 33) que representan este gran simulacro sublimado cayéndose a pedazos (“… cada veintitrés fotogramas se inserta el rostro en descomposición de Ava Gardner (…) El decorado es inmenso”, p. 43). Pero es nuestro mundo y, como escribe Raúl Quinto, “No hay otro lugar. No hay otro tiempo. Solo el aquí” (p 46). Este es nuestro tiempo mítico, la profecía somos nosotros.
Ruido blanco empieza con el pesimismo de “Cero” y termina con el significativo “El ancla”. Forjar un ancla significa construir un asidero que no sea autodestrucción y que ha de partir de nosotros mismos. Sólo hay que mirar ese terreno arrasado y desposeído que llevamos adentro, atreverse a descubrir las contradicciones que albergamos. Estaremos cabreados y no tendremos miedo.
EL ANCLA
Ahora forjo un ancla. Una forma
afilada que enturbia el fondo del océano,
como el anzuelo que desgarra
la piel del pez sin atraparlo.
Entonces, las escamas y la herida.
El limo suspendido contra la dura roca.
Y la intemperie del adentro.
(p. 50).
Reseña del profesor, poeta y crítico, Antonio Mochón, editor del blog La vida no existe.
viernes, 3 de agosto de 2012
Varias cosas sobre Ruido Blanco y la poesía y la ciencia.
martes, 24 de julio de 2012
Ruido Blanco en Nayagua.
lunes, 9 de julio de 2012
Ruido Blanco según Alberto García-Teresa (Artes Hoy)
martes, 26 de junio de 2012
Idioteca según Sofía Castañón.
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Encontrar las palabras para hablar de
Idioteca, Raúl Quinto (El Gaviero, 2010)
Ahora que llego al último poema de Ruido blanco (La Bella Varsovia, 2012) como quien llega de un paseo largo en el que el paso d
e los días importa poco porque nosotros secuenciamos de otra forma, ahora me atrevo a hablar de Idioteca.
Tras casi dos años de lectura y relectura desde que llegó a mis manos.
De imposibilidad para. De escasez para decir que. Todo este tiempo
asumiendo que hablar de aquello que nos importa es mancharlo,
distorsionarlo, aburrirlo. Como con todo, siempre, destrozamos al tocar.
Pero con aquello que nos importa no queremos, no sabemos. Qué contar,
por más que el entusiasmo grite “compartir”. Los lectores entusiastas
no somos buenos para hablar de los libros que nos entusiasman. O no
siempre.
sábado, 21 de abril de 2012
Ruido Blanco según Sergi Bellver (BCN MES)
Aunque el colectivo cordobés La Bella Varsovia suele apostar por noveles, Raúl Quinto (1978) es ya un autor de cierto recorrido, con varios poemarios publicados. No obstante, Ruido blanco parece el libro que podría haber escrito un poeta nuevo y necesario, es decir, un hijo del caos contemporáneo que no cayera mesmerizado por su efectismo. Con una mirada crítica e inteligente, pero también atónita, Raúl Quinto arma en pantalla un mosaico distorsionado que cuestiona cuánto hay de vacío en esta proyección que llamamos realidad.
Sergi Bellver.
lunes, 16 de abril de 2012
Ruido Blanco según Martín López-Vega (Rima Interna-El Cultural)
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Raúl Quinto, Ruido blanco (La Bella Varsovia). El nuevo libro de Raúl Quinto (Cartagena, 1978) corre el peligro de las ideas ingeniosas: ser luego capaz de desarrollarla y dar al libro que esa idea motiva cuerpo suficiente como para que sea el libro el que sostiene la idea y no viceversa. Dice la contracubierta: “Ruido blanco: señal aleatoria que contiene todas las frecuencias, todas ellas con la misma potencia. Es el sonido del mundo contemporáneo, donde la suma de todas las voces produce un marasmo informativo, un colapso ensordecedor”. Es lo que el libro de Quinto imita, pero sólo a ráfagas es capaz de ofrecer algo más que la grisura que mimetiza; y la buena idea de conjunto se desvanece como una buena intención en una noche de zapping.
Martín López-Vega."
viernes, 9 de diciembre de 2011
Idioteca según Babelers e Idioteca según Jorge Díaz Martínez
"Raúl Quinto, Idioteca y el museo imaginado
Idioteca de Raúl Quinto es uno de esos raros libros tocados por la gracia y el esplendor. A medio camino entre media docena de géneros y subgéneros, los veintidós textos de Quinto se internan en un camino intermedio y a menudo más interesante (y menos previsible) que una mera hibridación genérica.
Sin duda, lo que le otorga a la obra un valor propio, y que la haría destacar en una librería de sus compañeros de estante, es la impresión continua que el lector recibe al comenzar cada micro-ensayo de estar ante las puertas de un catálogo de un museo imaginario, de una guía de viajes de un país interior.
No es casual que el primer texto reciba el nombre de “pórtico”; ya que la puerta se convierte aquí en la metáfora por excelencia de la maquinaria que hace girar cada texto (cada forma de mirar la realidad).
El eclecticismo, así como la exuberancia de temas y tratamientos, nos lleva desde la antigüedad a la pantalla del televisor, en un camino inédito, lejos de las aburridas superposiciones de imágenes a que nos tiene acostumbrados la literatura última. En estos textos el autor se despereza y reinventa a Goya, a Lovercraft, a Cave, toma pulso y los hace convivir en un espacio común con Sonic Youth, con Kepler y hasta con la selección de Dinamarca, en un fino hilo de pensamiento.
Pero insistimos que no debe el eclecticismo ocultarnos el valor sustancial de la obra, que nos es más (ni menos) que el de encontrarnos ante una puerta, ante una búsqueda entre materia y realidad, ante el descubrimiento constante en la reelectura; y lo más importante ante la posibilidad de hacer del mundo un lugar menos previsible.
Acuda a su librería más próxima, encárguelo, insista si la distribución no es rápida, acuda a su casa, cierre la puerta tras de sí: deje el prólogo para más tarde si quiere, vaya a la página 17, meta la nariz entre el texto y respire a pulmón abierto. Se sentirá mejor. "
martes, 21 de junio de 2011
Idioteca según Agustín Fernández Mallo
martes, 25 de enero de 2011
Idioteca según Luis Bagué (en su blog)
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Idioteca (pasen y vean)
Luis Bagué."



