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viernes, 20 de diciembre de 2013

Leer en defensa propia.

Este 20 de diciembre he publicado en La Voz de Almería porque creo que hay cosas que debemos recordar.

LEER EN DEFENSA PROPIA 

No sabemos apenas nada de los demás, ni de sus sueños, miedos y renuncias, y con ese agujero de conocimiento pretendemos tejer esto que llamamos sociedad. Convivir es vivir con el otro, ese desconocido; y construir algo con el otro es encontrar lo común, hacer por conocerlo para conocernos a nosotros mismos. Cultivar lo común es la base de la comunidad. Porque resulta que no es lo mismo vivir juntos que vivir en común. Lo primero es la agregación de uno más uno hasta el límite que alguien imponga, lo segundo es la suma de todos. Es sencillo: para conocer al otro hay que mirarse dentro, y para conocerse a uno mismo hay que mirar el interior del otro. Ya. Pero nos hacen vivir en la separación: el individualismo y su dios ombligo dominan el tejido social. Esa construcción viene de fuera, impuesta, es una estructura colosal a la que le interesa que nos desconozcamos, que creamos que los sueños y los miedos que ellos crean para nosotros son realmente nuestros. Nos inoculan el deseo y la ansiedad por tener o por aparentar. El consumismo y su mascarada: eres lo que tienes, eres lo que aparentas. Tal cual.
            Frente a esa soledad que nos deja a la intemperie de los objetos y los usos también tenemos herramientas de resistencia, tildadas (por la misma maquinaria que nos confunde) como inútiles, por improductivas, o desactivadas como meros objetos de consumo o fetiches superficiales. Tenemos los libros y tenemos el arte, tenemos las ciencias sociales y tenemos la filosofía. Libros y miradas, no como algo que se vende y que se posee sino como la trama que nos muestra al otro, que nos conecta con nosotros. Las ciencias y los ojos de los otros que miran y descifran lo que somos y lo que podemos ser, más allá del pensamiento monocorde de la máquina y el mercado; la filosofía que nos obliga a someternos a las preguntas precisas, el arte que hace visible la transparencia que también somos. Todo eso nos salva, todo eso nos teje en común, crea comunidad. Y por eso lo devalúan constantemente. Porque una comunidad tiende a defenderse, y nos prefieren sumisos y solos, entretenidos y anestesiados, de espaldas al otro, desconociéndonos, anhelando tener y aparentar, temiendo perder lo que en realidad no necesitamos, justo aquello que nos hace más vulnerables y pobres. Frente a eso los libros, el arte, pensar en el otro. Comunicarnos. Crecer hacia el otro a través de uno, como un acto de legítima defensa. 



miércoles, 24 de abril de 2013

MEMORIA (microrrelato)

El pasado 23 de abril el periódico La Voz de Almería publicó varios microrrelatos de autores vinculados a la ciudad. Almería debía salir de una manera u otra.  Mis cien palabras para la ocasión fueron esta Memoria que aparece abajo, y mi rincón el monumento a las víctimas almerienses del campo nazi de Mauthausen. Una iniciativa espléndida de dos periodistas que le dan brillo a su medio: Evaristo Martínez y Marta Rodríguez.




MEMORIA







domingo, 13 de enero de 2013

El Nuevo Testamento de William Tyndale.

William Tyndale fue un sacerdote inglés de aquel convulso siglo XVI. Estudió en Oxford, tuvo los ojos abiertos, respiró el incienso y puede que no le gustara exactamente el olor. En esos tiempos las iglesias eran templos oscuros, cuarteles de piedra para defender posiciones en guerras teológicas con sangre, carne y dinero de verdad. William Tyndale era de aquellos a los que la fe les había abierto una puerta a la razón. Era de aquellos que entendían que el mensaje divino era otra cosa más allá de los oropeles y los ganados ciegos. Por eso se propuso traducir la palabra de Dios al idioma de los hombres. La Biblia en inglés, para que pudiera ser leída por los ingleses sin la intermediación de los sacerdotes. En fin. Ya saben. La escritura sagrada es intraducible para la grey, los que leen, interpretan y dicen qué es Dios son los que pertenecen a la casta sacerdotal: ellos dicen qué es el Mundo, ese es su poder: ellos son el Dios. Por eso la Biblia se va a quedar en latín y el proyecto de Tyndale va a ser rechazado una y otra vez. Y su soberbia, y su continuo cuestionamiento de la ceguera y la tradición. Así que no le queda otra que exiliarse y, una vez fuera de la isla , traducir e imprimir. La Biblia inglesa. Rigurosa, sí, pero con algunos detalles menores demasiado grandes para la jerarquía eclesiástica británica: elegir la palabra anciano en vez de sacerdote o la palabra arrepentimiento por penitencia. Detalles que desnudan de poder a los hombres del hábito en su labor de ser puente entre Dios y los hombres. Y esos libros traducidos eran introducidos en Inglaterra por la puerta de atrás. Intentando romper desobedeciendo. Porque así ha de ser cuando no dejan otra. Y cada libro incautado era destruido, casi todos, vamos. Dicen que el 11 de febrero de 1526 hicieron una gran pira frente a la Catedral de San Pablo y aquello fue una hoguera extraordinaria de libros y miedo, era un espectáculo ver cómo el reflejo de las llamas bailaba sobre los broches dorados de los obispos. Biblias ardiendo. Tal fue la cosa que solo hay dos ejemplares conservados de aquella edición clandestina de Tyndale, aunque bien es sabido que la Biblia actualmente es el libro traducido a más idiomas de cuantos hay. Así que algo consiguió aquel erudito y testarudo cura. Pero claro, esta no es una historia de libros quemados sino de derrotas y fanatismo cruel. Ahí tenemos a William Tyndale traicionado por uno de sus amigos, como si fuera un Cristo cualquiera, van y lo entregan y lo encierran en una torre más de un año. Porque es un hereje, un peligro, un bastardo hijo del demonio que solo busca el fin de la Iglesia. Así que ya está. Para qué dilatar el asunto. El 6 de septiembre  de 1536 es atado a un poste y estrangulado con una soga, para después prenderle fuego al cuerpo ya muerto y que su ceniza, si Dios quiere, sea acogida en el Purgatorio o más allá. Era un espectáculo ver las llamas reflejadas en los medallones de los cardenales y en las altas cruces que portaban los monjes. Recuerda aquello que gritaba Lucifer cuando se rebelaba ante el Altísimo: Non serviam. Ya. Recuerda el color del fuego en los libros y en la carne. Enciende la televisión. Ya ha pasado, comienza el partido.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Holy Motors puede ser.


No tenía ni idea de quién era Leos Cárax, pero creo que ya es difícil que se me olvide ese nombre. Antes había leído, como si fuera la huella difusa de un virus, otro nombre: Holy Motors. Se ve que de esto habla la gente que discute sobre las cosas que casi nadie ve, pensé. Cero interés, hasta que algunos de esos empezaron a ser los que saben qué nervio pulsarme para volverme loco. Así que empiezan las ganas de ver aquello y la necesidad se encuentra con la realidad de que no hay ninguna sala de cine que se atreva a exhibirlo en muchos kilómetros a la redonda. Esa constante para los que vivimos en ciudades pequeñas. Total,  estoy en Málaga y entro, pago mi entrada y la veo.  Resulta que soy de los que prefieren ver películas en el cine, pese al estrago en mi bolsillo. Son ellos mismos los que me obligan a ser pirata, son ellos los que no me traen las películas que me gustan. Que les den.

Ahora. Estoy en un cine especial en Málaga, donde ponen clásicos y marcianadas varias. Comienza Holy Motors y no pasa ni un minuto cuando ya sé que aquello es importante. No es algo más. Si acaso es algo más allá. En un allá fuera del mapa que llevaba a la entrada del cine. Acaba la película y en mi cabeza hay un tiovivo. Mi cara, supongo en un espejo dentro de mi cabeza, debe ser una mueca blanca, entre el asco, la risa y la pura alucinación. Te cuentan un chiste deliberadamente malo en un velatorio, contienes la risa pero lloras por dentro. La media sonrisa del impacto. No saber si ese chiste es la Capilla Sixtina. Holy Motors es mucho. Extraña. Insultante. Agresiva. Puede ser vista como un inmenso fraude pirotécnico, puede que esa sea la única verdad. La duda en sí misma es ya uno de los principales argumentos de Carax. A mí la película me vincula, me arrastra, me lleva a terrenos que considero propios: he escrito, creo, sobre cosas así en Idioteca o en Ruido Blanco. Me interesa esta distorsión. Holy Motors habla sobre la mirada. La representación, los medios, la realidad. Sobre lo que somos siendo, viendo, lo que nos dicen que veamos y seamos. Ese reino, ahora que es tan rabiosamente urgente desenmascarar el idioma embustero de cada día. El de los medios que deshacen nuestra autonomía en su mirada.

Al comienzo del film aparece una sala de cine llena de espectadores con los ojos cerrados, durante todo el metraje un actor ejecutará pequeñas obras maestras para nadie. La representación del vacío frente al vacío. La enfermedad del ojo. La del Mundo. Historias sobre nuestro mundo, más virtual que concreto, sobre nuestras convenciones sociales, nuestra moralidad. Sobre las leyes de lo que es. Cuando podría ser cualquier cosa. Y el escándalo, claro, la rareza suprema dentro de un espejo que es un charca. Weird, so weird, como repite el fotógrafo de moda en una de las muchas delirantes escenas .  Eso. Esta película es un susurro molesto en el oído, algo que dice: eh, chico, la realidad es un inmenso fraude, tu propia vida es un mal papel. El vacío, el simulacro. Esas cosas que somos.

Holy Motors es un golpe en la brújula. Se sitúa deliberadamente al límite de todo para arrastrarnos más allá, y puede que ambos caigamos sin remedio al otro lado de lo asumible. Puede ser.  Leo un tuit de Javier Avilés donde compara la película con la mierda de artista de Manzoni por su poder para paralizar a la crítica. Le entiendo. La crítica que abunda en que Holy Motors es un fraude se tilda a sí misma de timorata, tal vez sorprendida de ver su propio retrato, mientras que la crítica que elogia sin medida reconoce que el embaucador ha podido con ellos. La película es un fraude mayúsculo. La película es una obra maestra. Puede ser, incluso ambas cosas a la vez. Por lo que a mí respecta tengo claro que me ha supuesto un par de buenas hostias donde más duele, que ha conseguido emocionarme (en el sentido amplio de la palabra) y que sé que eso es lo único que realmente acaba mereciendo la pena de cualquier tipo de arte. Y luego, claro, está la audacia. El atreverse a hacerlo. Como enlatar mierda de artista. Hay que ser valiente para cruzar una puerta que nadie quiso cruzar antes. Leos Carax la ha dejado abierta para nosotros, podemos asomarnos e incluso entrar, para acabar comprobando que ya estábamos allí desde el comienzo.

Yo os advierto: ved Holy Motors, aunque puede que solo recordéis el nombre de Leos Carax para buscar venganza.


lunes, 12 de noviembre de 2012

una fotografía de Blue Noses Group


Hace frío entre los árboles y el rigor de los maniquíes. Están fuera de la mirada, detenidos en el amor. Fuera de lo que acusa. Dos policías rusos detenidos en maniquí, en beso de nieve derretida en la boca. Ellos que son el orden y la patria, que de sus plantas brotan raíces que se enredan en el suelo ruso igual que las de los árboles helados. La Rusia eterna. Sabemos que el Gobierno de Vladimir Putin prohibió que esta obra fuera expuesta en el extranjero. Sabemos que las Pussy Riot bailaron su rabia en una iglesia y ahora están en la cárcel. Pero decimos que Rusia, la nieve, el rigor mortis de los maniquíes, están lejos. En 1965 este beso estaba considerado fruto de una enfermedad mental. El diagnóstico: homosexual. Terapia de choque. En España era delito. El amor era un desorden de conciencia, amar era delinquir. Pero Rusia y la enfermedad y el delito están lejos. Pero. La nieve sobre el alféizar de tu ventana. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Un poema de Antonio Gamoneda

He atravesado las creencias. Durante mucho tiempo

nevó sin esperanza.

Había madres que enloquecían al amanecer: oigo sus gritos amarillos.



Aún nieva. Creo en la desaparición.

Creo en la ira.









[de Arden las pérdidas, 2003]

domingo, 19 de agosto de 2012

NEW YORK (OFICINA Y DENUNCIA) (Federico García Lorca)

Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo.
He venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, cantando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles
en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio,
yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.





[de Poeta en Nueva York, 1929]


Hoy se cumplen 76 años de su asesinato por unos golpistas y poemas como este siguen absolutamente vigentes.

jueves, 31 de mayo de 2012

una fotografía de Edward Steichen

Se trata de un retrato de la deportista americana Katherine Rawls. Se trata de una fotografía tomada en 1934 por Edward Steichen para la revista Vanity Fair. De acuerdo, esos datos no nos sirven para nada ahora. Me sirve el equilibrio, me sirve el ángulo que traza el cuerpo con el trampolín, los brazos, me sirve el vacío brutal que lo rodea todo. Pienso en la belleza de ese equilibrio, en la serenidad previa al salto. Pienso en la violencia posterior, en la rotura del aire. Pienso que hay un momento en el que es más peligroso mantener un falso equilibrio que buscar el salto, aunque te arriesgues a la caída. No se trata de Katherine Rawls, ni de 1934 ni de las páginas satinadas de Vanity Fair. Se trata de lo que estamos dispuestos a hacer cuando notamos que la base del trampolín comenzó a arder, y al fondo no se ve la red ni el agua. Pero todo es posibilidad. Todo es salto ahora.

martes, 31 de enero de 2012

Teoría poética de la crisis.

EL COMÚN DE LOS MORTALES, Jorge Riechmann, Tusquets Ed. Barcelona, 2011. 264pp



¿Para qué los poetas en tiempos de penuria? Se preguntaba Hölderlin. Para qué queremos la poesía si sólo es un lujo lingüístico o una puerta a las afueras del mundo, una excusa para seguir ciego ante las ruinas de nuestra civilización. Para eso nada, dice este libro, como tantos otros de Jorge Riechmann. Para ser cómplice no. Si acaso para ofrecer una mirada despiadada del mundo contemporáneo y sus leyes, para hurgar en la herida y plantear también su cura, en lo que podríamos denominar, sin miedo a equivocarnos mucho, como una teoría poética de la crisis. De la madre de todas las crisis que amenaza con llevárselo todo por delante.
En El común de los mortales la poesía es escasa y se mezcla con naturalidad con el aforismo o el apunte breve, teje con hilos finos y música pequeña, a veces torpe, pero nunca desiste de mirar a los ojos. Eso basta. Denunciar la demencia de un sistema económico y moral cuya agonía sentimos en nuestras vidas cada día. Darle belleza. Abrir ventanas en el desastre, no para escapar sino para que entre un aire más limpio y necesario.
Tiempos de penuria: el Capitalismo Tardío y su crisis estructural, la estridente evidencia de sus contradicciones. Acometer su crítica y su superación desde la ciencia poética. Leemos un tratado político y económico, en verso. Ilumina la crisis y sus delirios. Pronuncia la palabra Ecocidio con rotundidad y hace que dicha palabra pese. Denuncia que el capital también es una deformación del alma, que se trata del Yo y su exceso. En suma, ante la lógica del número, la ganancia y el desastre Jorge Riechmann propone itinerarios distintos a los que la inercia del sistema quiere arrastrarnos. Propone el abandono del Yo en lo común, es decir, en la comunidad; y desnudarlo de todos los ropajes que ocultan su pureza animal, entendiendo esa animalidad como un horizonte edénico al que se hace irremediable regresar. Nos dice que el cinismo es el dogma cultural de nuestro sistema , y propone la verdad como única alternativa del artista. Puede que haya algo de moralista en todo este discurso, desoyendo, tal vez, el consejo de Eliot de que la moral es cosa de santos y no de poetas. Puede ser. O puede que aquí moral y política sean la doble vía de un mismo proyecto social. Así se plantea que frente a la lógica desquiciada del capital está la verdad, el amor, la poesía, y otras tantas grandes palabras otrora vaciadas o consumidas por un sistema ya roto. Y por supuesto la rebelión y su necesidad, como en este fragmento del poema Ecocidio que deberíamos repetir como un mantra cada día antes de poner un pie en la calle: “Inútil amor/ el que no engendra amor// Inútil saber/ el que no pone coto a la destrucción// Inútiles días/ los de quien sólo se lamenta y no actúa.” (pag. 136).
El mensaje de este libro no puede ser más urgente, más de hoy para hoy, pero con la vista puesta en el mañana. El signo de los tiempos, con los movimientos 15-M u Occupy Wall Street como síntomas más claros de reacción a lo que dicen inevitable, dota de una luz especial y de una fuerza renovada a la poética de Riechmann. Una poesía urgente, insisto, que se desembaraza de lo que considera retórica innecesaria. Una poesía vegetariana, en palabras del autor, pero nunca anoréxica. Con el rigor en la denuncia concreta que pudiera ofrecer un Enrique Falcón pero con una pobreza de medios deliberada. Y digo pobreza cuando tal vez debería decir decrecimiento. En forma y fondo, a pesar del tamaño del libro y de la prolífica propensión a editar de Riechmann. Decrecentismo poético, como si se le dieran versos y razones a las teorías de gente como Carlos Taibo, o, mejor dicho, del propio poeta en su faceta como ensayista recogida en su Pentalogía de la Autocontención. Esa es otra de las claves, otra de las ventanas que abre. Los poemas parecen responder a esa idea: las palabras se adelgazan y los conceptos son sencillos pero contundentes, incluso a veces de simples rozan los naif, buscando, como hemos dicho, una vuelta a la pureza primitiva de las palabras, y la comunidad, y nuestra relación con el mundo. Dice, por ejemplo, en el poema Nueve preguntas cerca de Keneth Rexroth: “Si la respuesta/ de la mayoría ante la puesta de sol/ es bajar la persiana/ ¿vamos a concederles la razón?” (pag. 177). Así de simple, la crisis no es sólo económica sino también antropológica, nos viene a decir Riechmann, tal vez lo que está en juego no es el estado del bienestar o la democracia por hacer o por conservar, sino qué tipo de hombre va a heredar la tierra. Que seamos capaces de aguantar la mirada en el espejo para comenzar a ser otra cosa. Saber como ese emperador Qin Shihuang del poema que no podemos comprar las flores de la eternidad, porque estas también acaban siempre marchitándose. Para todo eso puede servir este libro, para eso sirve la poesía en estos tiempos de penuria.




(reseña publicada en la revista Quimera del mes de enero de 2012)

sábado, 21 de enero de 2012

una fotografía de Simon Norfolk

Esta es la nieve bosnia, el contraste del surco con el resplandor blanco. Cerca hay una fábrica de la que mana este arroyo, hacia una pequeña poza: residuos de aluminio. El óxido como una herida que recorre una hoja en blanco. Pero ese no es el texto, ni tampoco ese es el crimen que se quiere narrar. El 14 de julio de 1995 las tropas serbias asesinaron aquí a varios cientos de bosnios musulmanes. Otro río manchaba la nieve entonces. Tal vez el mismo. Quizá esa sangre nunca ha dejado de brotar.

sábado, 22 de octubre de 2011

notas al pie de página de una secuencia de Kubrick

final de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (S. Kubrick) 1964



¿Recuerdas cuando hubo un tiempo que cada día podía ser el último? ¿Recuerdas el color brillante intenso de mil soles desbordando el cielo? El fin del mundo no llegó y sin embargo quieren que sigamos viviendo con miedo. No temas, baila conmigo el baile de la destrucción. Baila conmigo hasta que se caigan todas las estrellas al mar. ¿Recuerdas los pasos?

viernes, 14 de octubre de 2011

un poema para el 15 de octubre

Ya no quiero su anestesia,
ni el perfume embustero de su música.
Ya no quiero su danza ni su miedo.
Todo su oro es arena.
Toda su inercia un muro.

Ya no quiero esa luz
que nos impide vernos los unos a los otros.

Ahora quiero caminos, voces, tú.
Ahora quiero escribir un libro nuevo
con la tinta de tantos como yo.

¿Acaso no lo ves?

Para cumplir los sueños
es necesario despertar.
Para alcanzar la luna
hay que mirar de frente al Sol.

Y hoy es el día.

Un mar de manos agitándose
en el idioma sordo del futuro
recorre las calles y las plazas
exigiendo una vida a la altura del hombre.

¿Acaso no lo ven?




(fotografía tomada el 19 de junio en la Plaza de las Velas de Almería por Miguel Ángel Marín)

sábado, 1 de octubre de 2011

NAPOLES, 50 C (Tim Parchikov)


Subimos las escaleras. Entramos en la sala donde están expuestas las fotografías de Parchikov. Son de gran formato, colores brillantes, por momentos el papel pudiera ser incandescente. Ciudades y paisajes entre la geometría y el desierto posmoderno, lleno de signos y luces. Parchikov juega a la precisión y a la elusión, y a veces se cae al vacío inane. Puede que tal y como sucede con el mundo contemporáneo. Doy tres pasos y veo esta fotografía. Es enorme. Es armoniosa y clásica. El espacio neutro rodea el telescopio como si fuera una solitaria columna jónica, o una mancha gris en medio del lienzo azul. Clasicismo, serenidad, monumentalismo. El ojo agradece el reposo. El ojo y la forma se anestesian. Pero algo arde. Tanta paz esconde una lectura terrible y certera del mundo que nos están construyendo. Para mirar el horizonte hay que introducir 50 céntimos. Para llegar al futuro hay que pagar. El cielo está privatizado, la belleza o el porvenir. El mañana está hipotecado. Ese es el mundo que nos quieren regalar. Imponer. Dejo de mirar la fotografía, justo a unos metros hay otra de un mimo vestido de rey sentado en un rincón sucio, pidiendo limosna.

miércoles, 10 de agosto de 2011

TIOVIVO (Mark Gertler)




Hola 1916. Hola 2011. Hola viento que despeina el cerebro por dentro, súbete al lomo de esta montura divertida. Hola pequeñez de lo grandioso. Buenas noches princesa de lo efímero, de los colores vivos. Viva el eje de este círculo que nos gira. Dije hola. El mundo está podrido. Yo saludo desde mi caballito a los malos momentos por venir, aquí estoy girando, no me podéis hacer daño porque esto es una vacuna contra el miedo y contra el mundo. Hola plástico de los muñecos que me cubre el rostro. En Somalia la gente muere de hambre, en Inglaterra los jóvenes besan a la destrucción en los labios, en España golpean a la gente que sólo quiere alzar la voz. Pero yo giro y sonrío, plástico hierático, saludando a todo el mundo. Hey. Hola. Aquí arriba no me toca la mano negra del mundo. Aquí arriba soy un idiota que gira. Ciego, sólo por hoy. Feliz, sólo por hoy. Antes de arrojarme de nuevo al barro. Pero no hoy. Hoy es 1916, en plena Gran Guerra, giramos por encima de las trincheras. Como muñecos estúpidos. Felices, sólo por hoy. Hola, qué tal. Súbete aquí arriba conmigo, que el suelo mancha.

miércoles, 29 de junio de 2011

GRECIA MURIENDO EN LAS RUINAS DE MISSOLONGHI (Eugene Delacroix)







Francis Fukuyama dice que llevamos veinte años de Historia finita. Cuando no hay alternativa visible a la invisible voracidad del sistema. Todo es parte de todo. Totalitarismo no es sólamente una expresión basada en uniformes y banderas estridentes. Totalitarismo es cuando no hay otra opción. Corrijo. Cuando dicen que no hay otra opción. Fukuyama dice que el horizonte es una línea de meta por la que ya hemos pasado. que ahora le toca recoger el premio a los ganadores. Los ganadores no somos ni tú ni yo. Tú y yo si acaso somos Grecia. Fukuyama habla del pensamiento único, de la uniformización neoliberal. Y tiene mucha razón, salvo en una cosa. No estamos ciegos, sabemos que el horizonte aún está a nuestro alcance y que esta partida aún no ha terminado. Fukuyama nos declara vencidos y esa parece ser la verdad. En Grecia las ruinas ya no son las del Partenón. Ni siquiera la de sus finanzas. ¿Finanzas? Dicen en twitter: corre la sangre en las calles y el champán en las bolsas. Da miedo. Da vértigo. Claro que sí. Sin embargo el vértigo nunca puede impedir subir una montaña cuando se está acompañado. Hay quien grita: ¡Eh! ¡Francis Fukuyama!¡La Historia no ha acabado aún, la Historia no ha hecho más que empezar!

jueves, 19 de mayo de 2011

OTRO HORIZONTE ES POSIBLE.

Si quierees adherirte al manifiesto "Por otro horizonte"envíanos un correo a porotrohorizonte@gmail.com con tu nombre y tu actividad o profesión. Gracias por tu colaboración.










POR OTRO HORIZONTE


Algo imparable ha comenzado este 15 de mayo: la sociedad civil ha despertado de su sueño narcótico. Nos enseñaron la palabra democracia y algunos creímos en ella. Somos muchos los ciudadanos que hemos dicho basta. Seguimos creyendo en esa palabra, en nosotros reside el poder para gobernarnos, por eso nos indigna el paisaje al que nos enfrentamos día tras día. Partitocracia, mercatocracia, son palabras que se ajustan más a la realidad. No estamos de acuerdo, exigimos nuestro derecho al grito y nuestro derecho a conservar nuestros derechos. Desde el mundo de la cultura no podemos ni queremos cerrar los ojos a todo lo que está sucediendo. Decimos basta. Porque otro futuro es posible, otro horizonte, que nos pertenezca a todos. Decimos basta a esta política ensimismada y corrupta, decimos basta a la dictadura de los mercados y a la impunidad de la banca. Pedimos democracia en el sentido real de la palabra. Que nos oigan, porque sin nosotros no existe ni la política ni el mercado, porque somos lo único imprescindible, y nos dejan de lado. Algo ha comenzado este 15 de mayo, algo serio, algo inevitable. Y los abajo firmantes expresamos nuestro más sincero apoyo.

martes, 3 de mayo de 2011

AUTORRETRATO CON CABEZA DE MUERTO (Daniel Hirts)



Aquí habrá que considerar algunas cosas antes de pararsse a juzgar. Lo primero: describir la obra. El artista entra en una morgue y toma la cabeza de un muerto para hacerse una fotografía de tintes humorísticos, se ríe como un histrión. Lógicamente no tiene gracia. O sí, tanta que es de mal gusto reírse. El caso es que toca una fibra sensible, un tabú: no bromear con los muertos, no nos los tomemos a la ligera. La muerte es grave y profunda, no es para trivializarla así. La carne muerta es sagrada. Eso es lo que discute esta foto, de acuerdo. La cabeza de un muerto como un trofeo. Pienso en los niños que se hacen fotos junto a Mickey Mouse en Disneylandia. Pienso en la futilidad del icono, en las líneas paralelas que se trazan en el arte y la propaganda para (des)significar los símbolos. Pienso en la muerte como trofeo, en la muerte como fiesta. Pienso en el mundo occidental celebrando con regocijo el asesinato a sangre fría de Bin Laden. De Bin Laden el monstruo. Miro la foto y miro a Hirts y al muerto, y pienso cuál de los dos atesora la dignidad y cuál la monstruosidad. Pienso que nuestros ojos equilibran y ponen nombres. No me apetece juzgar, al fin y al cabo parece que eso ya no está de moda. Me están dando ganas de partirme de risa.

domingo, 24 de abril de 2011

Fatena Al-Gurra y los bordes quemados de los mapas

El pasado viernes salió publicada en La Voz de Almería mi presentación de la conferencia Poesía y Exilio, que dio Fatena Al-Gurra en la Universidad de Almería el pasado 5 de abril. Fatena ha sido un vendaval que ha pasado por España durante el mes de abril, un viento fresco del desierto y la carne: Almería, Málaga, Córdoba, Madrid. Por ahí han ido rebotando sus versos y sus bailes. Recuerdo que la tarde que la recogimos del aeropuerto no paraba de decir que todo le resultaba un sueño. Qué bien que haya gente que sea capaz de hacer realidad los sueños. Desde aquí mi cariñoso aplauso para Ana Santos y Pedro Miguel, editores, trastornados y hacedores de sueños.
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Fatena Al-Gurra y los bordes quemados de los mapas


"Lo que vemos. Lo mismo que hay dentro de nuestros bolsillos, también dentro de nosotros: el mundo del que formamos parte, el mundo que somos. Un mundo cuyo mapa tiene los bordes quemados. Sabemos que a pesar de los rigores de la crisis nuestro mundo no deja de ser una excepción. Que la parte más amplia del mapa es la que se convirtió en ceniza. Somos una isla fértil rodeada por mares inabarcables de decepción, pobreza, violencia, miedo. La realidad y sus aristas desolladas. Sabemos las palabras pero no muy bien su significado. No podemos conocer la realidad fuera de este cercado de lujo que nos engorda y nos ensordece. Solo imágenes, palabras y cifras, y el hueco que deja la voz al decirlas. Palabras como Gaza, conflicto palestino, ocupación. O exilio.

Fatena Algurra no es solo una palabra, es una mujer. Yo la conocí en 2005 en uno de esos viajes que le cambian a uno por dentro. Un intercambio entre poetas andaluces y palestinos, primero allí y unos meses más tarde aquí. A aquella zona muchos la llaman Tierra Santa, otros el ombligo del mundo. Nunca un lugar tan breve fue tan pródigo en acontecimientos. Por mi parte fueron cinco días para conocer de la mano de los palestinos cuál era su mundo, toda su luz y toda su sombra en los ojos. Uno de esos días llegamos a Gaza, tras pasar incómodos controles y ariscas alambradas, incluso uno de nosotros fue retenido por los militares sin una explicación coherente, al ser invitados de la Autoridad Palestina todos éramos sospechosos. Acabábamos de trazar un camino desde la Jerusalén judía, con su lujo occidental y su rigor de piedra, atravesando el desierto hasta llegar al subdesarrollo. A pocos kilómetros. No eran ya palabras. El camino estaba minado de paranoia. Porque es verdad que el miedo y la rabia se reparten a un lado y al otro de la frontera, como también es cierto que la pobreza solo tiene rostro palestino.

Una vez en Gaza conocimos a los poetas que ya habíamos leído. Poesía entre el grito rebelde juvenil contra la opresión y el largo poema discursivo al amparo del magisterio de Darwish. No deslumbran. No hace falta. Son poetas, eso debe bastar. Ya es suficiente alimentar la llama de la poesía entre escombros y alambre de espino. Tal vez aquí es cuando se hace necesaria. Ese día leemos en un centro escolar, los alumnos nos muestran sus cicatrices de bala, pero también notamos que están vivos y que sueñan con intensidad. Yo noto que mis poemas se deslíen, que pierden sentido ante tanta realidad. Entonces aparece Fatena, como un cristal destellando entre las ruinas. Dos poemas, como dos golpes bien dentro de lo que somos. Al oírlos noto cómo se activan los mecanismos de la poesía que conmueve por sí misma, sin añadidos. Mis compañeros de viaje también han sufrido el alud. Sin aviso. Hay una poeta gigante en la pequeña Gaza.

Y descubrimos que tras los versos hay una mujer hermosa con un brillo negro en la mirada. Es una mujer fuerte, quiere beberse cada gramo de conversación, aprehender cualquier cosa que salga de esos visitantes. Estoy conociendo a un ser excepcional. Después comemos en un restaurante frente al puerto que la UE ha construido dos veces, las mismas que Israel lo ha bombardeado. Cuando el sol amenaza con irse Fatena se excusa y desaparece: su familia no permite que ande en la calle con la noche vencida. Tampoco la dejaron participar en el intercambio: solo hoy se cobra esta deuda de venir a España. Se había ido la mujer magnética. Ex-presentadora de radio y TV, activista por los derechos de la mujer. Doblemente sometida, por el integrismo islámico y por Israel. Meses después la llegada del islamismo radical de Hamash al poder en Gaza la sentenciará al ostracismo total. Y allí es cuando comienza su particular travesía del desierto. El exilio. Primero en Egipto, después en Bélgica, malviviendo en centros para refugiados. Y ahora está aquí para contarnos con palabras vivas su vida. Aunque antes que su cuerpo sus versos llegaron a España de la mano del Gaviero. Hoy Fatena nos va enseñar lo que hay tras las palabras, lo que hay más allá de los bordes quemados de nuestros mapas. Hoy espero continuar con ella aquella conversación que la puesta de sol impidió. Hoy que, al menos aquí, la noche es imposible."

sábado, 16 de abril de 2011

EL INCENDIO DEL PARLAMENTO (Joseph Turner)


1- Un parlamento en llamas. El otro día se cumplieron 80 años del comienzo de la II República. Hoy sale en prensa que Gadafi usa bombas de racimo fabricadas en España. No tengo ni idea de cuál es la respuesta al acertijo que propone tanta cara estúpida, tanta mentira calculada y tanto muro en el corazón. En esta imagen hay unparlamento en llamas, o al menos las casas cercanas. Habrá quien piense en V de Vendetta, pero no es momento de guiños pop ni de intertextos más allá de la necesaria mirada al fondo del contenedor de basura: donde están las ideas. Insisto en que no tengo la respuesta, en que sólo tengo la indignación, y a veces eso ya es suficiente. 2- El agua refleja el fuego, uno de las dos imágenes quema de verdad. Podemos hablar de querencia romántica por los desastres, podemos hablar de lo sublime y el ojo borroso de Turner. Podemos traducir el color y quedarnos en blanco. Podemos buscar el incendio, en la calle, dentro, en el pecho. 3- Londres se me presenta como la candidata idónea para mi próximo crimen. Desde allí escribiré cartas como Jack the Ripper, ¿desde el infierno? ¿sobre?¿contra?¿hacia?