Henry Darger es una de las figuras que más me ha fascinado, y desde hace ya mucho tiempo. En su momento escribí esta otra entrada en este blog, donde introducía su historia, su obra y la contradicción o la reflexión que llevaba implícita. Llevo dos años escribiendo un libro, ensayo híbrido, raro, enfermo, en el que Darger protagoniza uno de los capítulos. Es una obsesión que está dando de sí, ya veis. Ahora, gracias a una amiga con la misma fiebre, descubro que ya está en la red la película documental de Jessica Yu In the realm of the unrealm (2004) con buenos subtítulos en castellano. De qué sirve una enfermedad si no es contagiosa. Aquí os la dejo.
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domingo, 26 de mayo de 2013
lunes, 10 de diciembre de 2012
Holy Motors puede ser.
No tenía ni idea de quién era Leos Cárax, pero creo que ya
es difícil que se me olvide ese nombre. Antes había leído, como si fuera la
huella difusa de un virus, otro nombre: Holy Motors. Se ve que de esto habla la
gente que discute sobre las cosas que casi nadie ve, pensé. Cero interés, hasta
que algunos de esos empezaron a ser los que saben qué nervio pulsarme para
volverme loco. Así que empiezan las ganas de ver aquello y la necesidad se
encuentra con la realidad de que no hay ninguna sala de cine que se atreva a
exhibirlo en muchos kilómetros a la redonda. Esa constante para los que vivimos
en ciudades pequeñas. Total, estoy en
Málaga y entro, pago mi entrada y la veo.
Resulta que soy de los que prefieren ver películas en el cine, pese al
estrago en mi bolsillo. Son ellos mismos los que me obligan a ser pirata, son
ellos los que no me traen las películas que me gustan. Que les den.
Ahora. Estoy en un cine especial en Málaga, donde ponen
clásicos y marcianadas varias. Comienza Holy Motors y no pasa ni un minuto
cuando ya sé que aquello es importante. No es algo más. Si acaso es algo más
allá. En un allá fuera del mapa que llevaba a la entrada del cine. Acaba la
película y en mi cabeza hay un tiovivo. Mi cara, supongo en un espejo dentro de
mi cabeza, debe ser una mueca blanca, entre el asco, la risa y la pura
alucinación. Te cuentan un chiste deliberadamente malo en un velatorio,
contienes la risa pero lloras por dentro. La media sonrisa del impacto. No
saber si ese chiste es la Capilla Sixtina. Holy Motors es mucho. Extraña.
Insultante. Agresiva. Puede ser vista como un inmenso fraude pirotécnico, puede
que esa sea la única verdad. La duda en sí misma es ya uno de los principales
argumentos de Carax. A mí la película me vincula, me arrastra, me lleva a
terrenos que considero propios: he escrito, creo, sobre cosas así en Idioteca o
en Ruido Blanco. Me interesa esta distorsión. Holy Motors habla sobre la
mirada. La representación, los medios, la realidad. Sobre lo que somos siendo,
viendo, lo que nos dicen que veamos y seamos. Ese reino, ahora que es tan
rabiosamente urgente desenmascarar el idioma embustero de cada día. El de los
medios que deshacen nuestra autonomía en su mirada.
Al comienzo del film aparece una sala de cine llena de
espectadores con los ojos cerrados, durante todo el metraje un actor ejecutará pequeñas obras maestras para nadie. La representación del vacío frente al
vacío. La enfermedad del ojo. La del Mundo. Historias sobre nuestro mundo, más
virtual que concreto, sobre nuestras convenciones sociales, nuestra moralidad.
Sobre las leyes de lo que es. Cuando podría ser cualquier cosa. Y el escándalo,
claro, la rareza suprema dentro de un espejo que es un charca. Weird, so weird,
como repite el fotógrafo de moda en una de las muchas delirantes escenas . Eso. Esta película es un susurro molesto en
el oído, algo que dice: eh, chico, la realidad es un inmenso fraude, tu propia
vida es un mal papel. El vacío, el simulacro. Esas cosas que somos.
Holy Motors es un golpe en la brújula. Se sitúa
deliberadamente al límite de todo para arrastrarnos más allá, y puede que ambos
caigamos sin remedio al otro lado de lo asumible. Puede ser. Leo un tuit de Javier Avilés donde compara la
película con la mierda de artista de Manzoni por su poder para paralizar a la
crítica. Le entiendo. La crítica que abunda en que Holy Motors es un fraude se
tilda a sí misma de timorata, tal vez sorprendida de ver su propio retrato,
mientras que la crítica que elogia sin medida reconoce que el embaucador ha
podido con ellos. La película es un fraude mayúsculo. La película es una obra
maestra. Puede ser, incluso ambas cosas a la vez. Por lo que a mí respecta
tengo claro que me ha supuesto un par de buenas hostias donde más duele, que ha
conseguido emocionarme (en el sentido amplio de la palabra) y que sé que eso es
lo único que realmente acaba mereciendo la pena de cualquier tipo de arte. Y
luego, claro, está la audacia. El atreverse a hacerlo. Como enlatar mierda de
artista. Hay que ser valiente para cruzar una puerta que nadie quiso cruzar
antes. Leos Carax la ha dejado abierta para nosotros, podemos asomarnos e
incluso entrar, para acabar comprobando que ya estábamos allí desde el
comienzo.
Yo os advierto: ved Holy Motors, aunque puede que solo
recordéis el nombre de Leos Carax para buscar venganza.
viernes, 11 de marzo de 2011
FREAKS
Casi un mes después retomo mi serie cinematográfica, cada vez quedan menos para completar las quince. Hoy quiero hablaros de la que ocupa el décimo lugar: Freaks (Tod Browning, 1932). Browning fue el arquitecto, junto a James Whale, de lo que conocemos como cine de terror clásico. Del Drácula de Lugosi al Frankestein de Karloff, lo que fueron esos monstruos y esos mitos como semilla de celuloide se debe a ellos y a los estudios de la Universal. Crearon un código, bien. Browning fue más lejos y filmó un tratado sobre la monstruosidad real, sobre la diferencia, el horror y la crueldad. La parada de los monstruos. No son vampiros ficticios venidos de Transilvania que nos entretienen mientras comemos palomitas, son seres humanos deformes, pero estrictamente reales. Seres humanos que no responden al canon de lo que se impone por humano, y que divierten o asustan, pero siempre tras el cristal de la distancia, tras la vitrina del museo o la jaula del circo. Browning hace agujeros en la cuarta pared y nos deja cara a cara con nuestras propias deformidades, intuyendo que hay monstruos más terribles que los aparentes. Esto es una obra maestra. Un disparo en el centro del cerebro. Mirad esta escena: la chica "normal" se ha casado con el enano, sabemos que su moralidad es abyecta y quiere estafarlo, se celebra un histérico banquete donde los invitados son los hermanos en la marginalidad del novio, los monstruos que estrechan lazos porque entre ellos el mundo deforme es el de fuera, celebran que la chica "normal" es uno de ellos. Uno de nosotros, gritan una y otra vez. Está claro que es uno de ellos, de alguna forma todos lo somos. Repetid conmigo: gooble, gobble...
domingo, 27 de febrero de 2011
MATERNIDAD (José de Ciria y Escalante)
Las canciones perdidas
duermen en los faroles
Yo quisiera beberlas de un beso
Pero
si se despiertan morirán sus hijas
[revista Ultra, 1921]
duermen en los faroles
Yo quisiera beberlas de un beso
Pero
si se despiertan morirán sus hijas
[revista Ultra, 1921]
domingo, 17 de octubre de 2010
Ladoni

Uno no sabe muy bien las formas que tiene la belleza de presentarse, a veces simplemente aparece, o te la regalan como algo clandestino, bajo manga, con la exactitud de los pequeños gestos. Hace poco alguien que sabe mucho sobre muchas cosas me regaló una película, y, por supuesto, era un regalo envenenado. Me gustaría continuar el contagio, o al menos explicar(me) la composición de ese veneno. Sucede que la película mezcla un documental naturalista sobre la pobreza extrema en Moldavia con una voz en off que ficcionaliza las imágenes desde una poesía y una mística absolutamente enferma. Sucede que no hay misericordia. Sucede Ladoni. Palmas. Una experiencia, un argumento para demostrar que existe el cine-poema. Artour Aristakisian, que es el autor unipersonal de este invento, es un tipo especialmente perturbado que se dedicó durante años a perseguir mendigos con su cámara, a colarse en sus depauperadas vidas y casas, como un entomólogo perverso, consiguiendo algunas escenas e imágenes de una belleza brutal. Terrible. En contraste su voz va contando, como pequeños relatos de un libro negro, las supuestas vidas de los personajes (los modelos, como él los llama) llegando a momentos de una intesidad lírica y dramática que hacía tiempo que no encontraba en cine. Valga como ejemplo la historia del anciano que vivía con las palomas y conocía su idioma, un hombre que acogía a las mujeres huidas de la cárcel o los hospitales y les enseñaba a comunicarse con los pájaros, el momento en que una de ellas huye saltando desde el tejado escondiendo una paloma en el regazo, cómo cae y cómo le dan la vuelta en el suelo para comprobar que de su pecho emerge extendiendo sus alas ensangrentadas una paloma en vuelo, y se eleva, y se pierde. Una intensidad desconocida. Una lectura, también, absolutamente enferma del cristianismo y su teoría del despojamiento. Si decidís verla, cosa que os recomiendo, preparaos para la belleza, el horror y el delirio fundamentalista de pensar que sólo la pobreza radical y la inacción total nos podría acercar al reino ese de los cielos. Como sea, Ladoni es necesaria.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Claude Cahun

Lucy Schwob nació en Francia en 1894. Sobrina de Marcel Schwob, y qué. Lucy se enamoró de su hermanastra y vivió ese amor hasta su muerte. Lucy era judía y lesbiana, y decidió afeitarse la cabeza en plenos años 20. Si la gente murmura que sea ya con todos los motivos posibles. Lucy Schwob decidió que quería ser otra persona y se inventó un nombre que ser. Ahora soy Claude Cahun, le dijo al espejo y el espejo le sonrió con malicia. Claude imaginaba que era escritora y se dejaba fotografiar por su amante, y posaba para sí disfrazada de equívoco y umbral. Sin embargo el feminismo rescató a Claude Cahun como paradigma plástico de la lucha por la igualdad y la visibilidad. Cuesta creerlo si uno sabe que la mayoría de sus fotos eran para consumo privado (el de ella y su amante), sin embargo la crítica es experta en reubicar las obras, en dotar de cuerpo a los espíritus del aire. Este caso, por ejemplo. Claude Cahun, la musa del transformismo. Suponemos que Beatriz Preciado le pone velas un martes sí y otro no. Claude es un nombre ambiguo, que puede ser tanto de varón como de mujer. Claude Cahun jugó a romper los moldes genéricos, destrozó con ironía las convenciones sexuales. Dejó claro que el ser hombre o ser mujer muchas veces no es más que un relato, una etiqueta marcada con unos signos (opresores en ocasiones). Eso quiso hacer, o ese papel le otorga la crítica moderna. Porque Cahun apenas fue conocida en su tiempo, y murió sin que casi nadie sintiera un temblor bajo los pies, y pasaron muchos años hasta que alguien encontró en ella (en él) el motivo para justificar sus tesis. El caso es que llegó. Volvió. El ángel del tercer sexo. Y llenó de autorretratos la conciencia de los límites. Y se convirtió en una gran pregunta, en un dedo acusador, invisible, de los que agrandan la llaga. Hombre. Mujer. Historia. Estructuras sagradas, o no tanto, ¿verdad, Lucy? No. Os dije que me llamaba Claude, Claude Cahun. La misma que escribió: “Esta noche, te lo juro, por el mismo Gran Sacerdote, ante nuestros pueblos reunidos, yo, Dalila la infiel, me haré circuncidar.”
martes, 8 de diciembre de 2009
Henry Darger

Henry Darger. El enésimo loco que se hace de oro al morir. El enésimo colgado al que la gente apartaba la mirada cuando se cruzaban con él en vida, esa misma gente que ahora paga miles de dólares por alguna de sus láminas. Henry Darger era un tipo solitario, huérfano y con graves trastornos de personalidad desde niño. Dicen que jamás practicó el sexo por miedo a copular con su hermana dada en adopción. Obsesionado por la metereología estuvo años y años comentando y refutando las predicciones del hombre del tiempo, anotaba con celo los aciertos y los fallos. Decenas de cuadernos. Henry Darger, el hombre que iba cinco veces al día a misa. Escribió una autobiografía de 206 páginas a la que seguía la descripción pormenorizada de más de 4600 páginas sobre la destrucción de un pueblo por un tornado.
En 1911 aparece asesinada la niña Elsie Paroubek y se convierte en su gran obsesión. Colecciona recortes del suceso, improvisa un altar en su honor. Comienza a realizar la gran obra de su vida. El primer biógrafo de Darger, sin duda un oportunista, afirmaba que en realidad Henry era el asesino de la pequeña Elsie. A saber. El caso es que desde ese momento consagrará parte de su vida a redactar una obra inmensa, un ciclo heróico protagonizado por siete niñas llamadas las Viviens (Ashbery escribió un poema sobre esto) que lideran una rebelión infantil contra la macabra opresión de los adultos, los cuales persiguen, torturan y masacran a las niñitas. Toda una vida escribiendo e ilustrando más de 15000 páginas en apretados cuadernos. Y en silencio. Abrimos los cuadernos y encontramos un extraño mundo donde se mezcla la mitología cristiana con la guerra civil estadounidense y los recortes de revistas infatiles. Donde la violencia contra las niñas es brutal, donde estas se aparecen representadas como suaves transexuales. En fin. Que metan sus narices en eso los psicoanalistas y los buscadores de historias negras. Darger murió loco y solo, su casero encontró sus cuadernos y vio algo grande. Ahora Henry Darger es una celebridad. Ding Dong. Suenan las máquinas registradoras. El circo está completo, que pase el público y que la locura nos mire sonriente, domada, al otro lado de una vitrina.
En 1911 aparece asesinada la niña Elsie Paroubek y se convierte en su gran obsesión. Colecciona recortes del suceso, improvisa un altar en su honor. Comienza a realizar la gran obra de su vida. El primer biógrafo de Darger, sin duda un oportunista, afirmaba que en realidad Henry era el asesino de la pequeña Elsie. A saber. El caso es que desde ese momento consagrará parte de su vida a redactar una obra inmensa, un ciclo heróico protagonizado por siete niñas llamadas las Viviens (Ashbery escribió un poema sobre esto) que lideran una rebelión infantil contra la macabra opresión de los adultos, los cuales persiguen, torturan y masacran a las niñitas. Toda una vida escribiendo e ilustrando más de 15000 páginas en apretados cuadernos. Y en silencio. Abrimos los cuadernos y encontramos un extraño mundo donde se mezcla la mitología cristiana con la guerra civil estadounidense y los recortes de revistas infatiles. Donde la violencia contra las niñas es brutal, donde estas se aparecen representadas como suaves transexuales. En fin. Que metan sus narices en eso los psicoanalistas y los buscadores de historias negras. Darger murió loco y solo, su casero encontró sus cuadernos y vio algo grande. Ahora Henry Darger es una celebridad. Ding Dong. Suenan las máquinas registradoras. El circo está completo, que pase el público y que la locura nos mire sonriente, domada, al otro lado de una vitrina.
miércoles, 1 de abril de 2009
primer chorra concurso del interior del vértigo

Queridos conciudadanos, como habréis visto los más observadores, desde hace unos días tengo foto-avatar-imagendeperfildeblogger, etc. Es esta que veis, si deslizáis los ojos un poco más a la derecha se repite. Bien. Como estoy hasta arriba de trabajo y tengo el cerebro (o lo que me queda de él) bastante espeso como para buscaros algo realmente sugerente, algún cuadro o poema o comentario pseudoingenioso, pues me tiro por estos cerros de Úbeda. CONSURSO. ¿Quién es este tipo? Os permito hasta tres opciones por cabeza. El ganador tendrá un premio material. Una pista: trabajó con la mirada. Suerte a todos.... espero que participe alguien.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Un fotomontaje de Nicolás de Lekuona
Nicolás de Lekuona (1913-1937) fue uno de los fotógrafos más interesantes y rompedores de su época, en su corta carrera asimiló las técnicas del collage y la fotomanipulación con mucha soltura y tino. Muchas de sus obras parecen prototipos pop al estilo de Rauschenberg. También practicó la pintura y otras cositas. Murió muy joven durante el bombardeo de Frúniz por parte de las tropas fascistas, tropas a las que, es bueno saberlo, él mismo pertenecía. Nicolás de Lekuona vivió rápido, se equivocó pronto, murió con 24 añitos y dejó un cadáver destrozado; y una obra plástica maravillosa. A mí, para empezar, este fotomontaje siempre me ha parecido tremendo, juzgad vosotros...
lunes, 21 de julio de 2008
LEJOS (José Rivas Panedas)
Lejos Lejos
Cómo se me revela ahora nunca oído
este sonido
Lejos Lejos
Al producirlo apago las estrellas
(Que ya es toda una noche decir:
lejos).
Al producirlo apago las estrellas
y parece que acaricio entre los dedos
ahora que he andado por los caminos del tiempo
Lejos Lejos
Cómo me rompe la dulzura del mundo
así tras un cristal nítido ¡ay pero seco!
ahora este sonido
Lejos
Al producirlo apago las estrellas
y parece que lo acaricio con los dedos
ahora que he andado por los caminos del tiempo.
[publicado en la revista Ultra, 1922]
PD 1: lejos, ahora mucho más que ni siquiera nos amanece entre los sonidos telefónicos.
Cómo se me revela ahora nunca oído
este sonido
Lejos Lejos
Al producirlo apago las estrellas
(Que ya es toda una noche decir:
lejos).
Al producirlo apago las estrellas
y parece que acaricio entre los dedos
ahora que he andado por los caminos del tiempo
Lejos Lejos
Cómo me rompe la dulzura del mundo
así tras un cristal nítido ¡ay pero seco!
ahora este sonido
Lejos
Al producirlo apago las estrellas
y parece que lo acaricio con los dedos
ahora que he andado por los caminos del tiempo.
[publicado en la revista Ultra, 1922]
PD 1: lejos, ahora mucho más que ni siquiera nos amanece entre los sonidos telefónicos.
PD 2: por cierto, google sólo da 257 entradas sobre José Rivas Panedas, si lo buscas como imagénes lo que más se repite es el careto de Borges. Estoy seguro de que todo esto da para un comentario profundo e ingenioso, pero no voy a ser yo. señores, me voy a la playa a ver si me desintoxico de mí mismo y cojo algo de color que se lleve el blanco de la distancia.
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