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lunes, 17 de octubre de 2016

POESÍA DE CÓDIGO ABIERTO. UN EXPERIMENTO.




En 2014 enrolé a 35 poetas en lo que pretendía ser la primera obra editada en España con poemas de código abierto libremente intervenidos. Un experimento de escritura colaborativa que acabó convertido en un hackeo, en un virus.  En principio el material generado iba a ser publicado por una editorial de poesía online que, casualidad o karma, quebró antes de darle luz.
De acuerdo. El lenguaje es un virus, dijo William Burroughs. Algo que infecta todo lo que se relaciona con él; y no hay relación posible fuera del lenguaje. La poesía es el lenguaje reclamando su materialidad, su condición de virus en música. Un virus incontrolable que se transforma con cada nuevo contagio. El mismo poema siempre es otro. Un virus, la puerta al infinito. Y sin embargo los poetas creemos que el poema debe esculpirse en mármol, que el verso es la palabra perdurable, lo que no cambia en un mundo que gira demasiado rápido. Los poetas creemos que el poema permanece porque ansiamos permanecer nosotros. Los libros escritos y firmados, los versos citados y los diccionarios enciclopédicos. El yo también es un virus. Una cepa moderna, con no más de tres siglos. Grandes nombres grabados en mármol debajo de versos memorables. Somos hijos del virus. Así que la idea es actuar como tal, infectarlo todo deliberadamente. Infectar la noción de autor y la idea de poema. Podrir el mármol y ver qué hay debajo.
El experimento:

1-      Se reúne a 35 poetas dispuestos a renunciar a sí mismos. Cada poeta selecciona un poema de algún autor que considere relevante. Esos poemas se introducen de manera aleatoria en un programa de sorteos, de tal forma que el azar selecciona cinco. Estos serán los textos sobre los que se habrá de intervenir: poemas muy reconocibles de Antonio Machado, Francisco de Quevedo, Claudio Rodríguez, Antonin Artaud y José Ángel Valente.

2-      Se concreta fecha y hora y se cuelgan los poemas en una página de Titan Pad, un editor de textos colaborativos en red que tuvo cierto éxito durante las acampadas del 15M. Previamente los poetas se han inscrito como usuarios de forma anónima, no hay forma de saber quién es quién ni quién escribe qué. Durante una hora podrá manipular libremente los poemas. También pueden usar el chat de la página para coordinarse o no, pero los poemas se acaban transformando sin apenas control, con una pulsión salvaje y apenas humana. Es como si el mármol se derritiera.  El resultado final no tiene nada que ver con la obra inicial.

3-      La sesión se graba en vídeo, un visionado acelerado muestra el crecimiento y mutación de los poemas, como si fuera un organismo vivo. El lenguaje se devora a sí mismo, el sentido aparece, desaparece, se reconecta, se disfraza y emerge al borde de su propia posibilidad. Cada diez minutos se realiza una captura de pantalla para observar la fotografía detenida del proceso, para ver en qué poemas se ha ido transformando el poema. La obra es eso, y los interrogantes que convoca.


La idea tiene que ver también con la necesidad de encontrar un modo de escritura poética propia de Internet, como la hubo de la oralidad o de la página escrita tras la invención de la imprenta.  Entendemos, transmutando el adagio de Marshall MacLuhan, que el medio es el lenguaje, que cada formato condiciona la forma de expresarse. Que la literatura también es fruto de la tecnología. Así cuando la poesía era esencialmente de transmisión oral la métrica y la rima permitían una nemotécnica sencilla para bardos, juglares o ancianas frente al fuego. Igualmente cuando la imprenta fijó los versos a las páginas de papel  y la poesía se hizo íntima, esa necesidad de ritmo pautado fue desapareciendo y se fueron poblando los libros de poemas en verso blanco y libre, aparecieron los caligramas y se empezó a jugar con el blanco del papel como elemento significante del texto. Son otras reglas, otra forma. E igual debería ocurrir con Internet y sus nuevos límites, con su lenguaje. Si Internet es la unión de tres tecnologías: la digitalización masiva de la información, la comunicación de alcance mundial, e instantánea, en una red descentralizada a través de terminales de ordenador y la noción de hipertexto, entendemos que eso permite que acabe creciendo un nuevo tipo de escritura, un poema nuevo. El experimento pretende forzar lo que pueda dar de sí la segunda característica.  Una escritura en red, anónima e instantánea, similar al modo en que colaboran a distancia los programadores en las experiencias de crowdsourcing, algo que se podría llamar crowdpoetry.
Aunque al final se acabara imponiendo la lógica del virus informático.
Supongamos que los cinco poemas originales son productos literarios perfectos, destilados por el tiempo. Quevedo ha sobrevivido para nosotros. Valente no ha muerto porque podemos leer ese poema. La existencia de esos versos le da sentido y peso a la literatura, a la escritura de tantos. Cada poema es como un elemento de hardware en la máquina eterna de la literatura. La cosa funciona. Entonces. Nuestros 35 poetas son un virus troyano, un virus de sobrescritura que destruye el poema y al autor para crear una maravilla aberrante. El poema pierde su cuerpo y su función, la Historia de la literatura pierde pie. Antonio Machado ha sido hackeado. Antonin Artaud ya no puede ser más Antonin Artaud.
Porque aparte de tentar la posibilidad de una escritura en red nativa de Internet, la idea era debilitar la idea de yo, la noción moderna de autor. Los propios poetas participantes aceptaron borrar sus huellas en el proceso, que alguna frase brillante fuera eliminada o sustituida por otras casi automáticamente. Quien fuera al experimento con un cincel se encontró sólo agua. Los poetas no sólo hackearon el poema y al autor sino también a ellos mismos. La idea era la dilución del yo, entendiendo el yo como esa herencia del Romanticismo que está en la base del capitalismo (propiedad privada, búsqueda del máximo beneficio propio) y del sistema liberal (derechos individuales) y en la poesía y el arte de los dos últimos siglos y medio. La poesía se agarra al yo con insistencia, desde lo puramente textual hasta la simple marca del nombre sobre el poema: la autoría. La autoría se puede entender como una pieza más dentro del entramado capitalista (derechos de autor, propiedad intelectual), y no deja de ser, como el capitalismo, una realidad esencialmente moderna, por mucho que se encuentren rastros más antiguos que indiquen su trazabilidad. Lo habitual a lo largo de la Historia es que la escritura poética sea una experiencia colectiva. Valgan un par de ejemplos para refutar esto, dos nombres propios tallados en la dura roca de la eternidad literaria y que jamás fueron un solo autor: Homero y William Shakespeare. Homero es el nombre que se le da a la recopilación de relatos orales, enriquecidos y transformados colectivamente, que se fijan por escrito en el siglo VIII aC. No hay un Homero escribiendo la Ilíada que tú lees ahora, tampoco es el mismo autor de la Odisea. Y sin embargo le imponemos un nombre. Del mismo modo Shakespeare es una marca a la que convenimos adjudicar la autoría de Hamlet o de La Tempestad, pero se sabe que esas obras de teatro, como las pinturas barrocas, eran obras de taller, escritas a varias manos, y probablemente aquello de “ser o no ser” ni siquiera fuera escrito por alguien llamado William Shakespeare, del que además tampoco se sabe a ciencia cierta que fuera siquiera alguien.
Así que este experimento no es un paso adelante tecnológico sino más bien una regresión, una vuelta al estado anterior a la infección.
Si observamos la reproducción acelerada del proceso en la pantalla del ordenador lo que dijo Burroughs se muestra transparente, efectivamente el lenguaje es un virus. Bien. La poesía es el lenguaje que gira sobre sí intentando reflejar todo en su espejo. Vista en la pantalla cada palabra en mutación no es nada, es una danza sin música. Ahora vendría bien citar a Nietszche y decir que seguramente seamos nosotros los que no somos capaces de oír la música viral, las notas son las voces rotas de Juan Carlos Mestre, Sofía Castañón, Carlos Pardo, Rubén Martín, Elena Medel, Layla Martínez, Borja de Diego, José Daniel Espejo, Vicente Luis Mora, Antonio F. Rodríguez, Lola Nieto, Enrique Falcón, Julio Mas, Erika Martínez, Javier Moreno, Berta García Faet, Unai Velasco, Julieta Valero, Luci Romero, Sandra Santana, Alberto Santamaría, Laia López Manrique, Alex Portero, Luis Bagué, Cristina Morano, Begoña Callejón, Cecilia Quílez, Sergi de Diego Mas, Jesús Jiménez Domínguez, Ana Gorría, Martín López-Vega, Yaiza Martínez, Carmen Camacho, Ángel Cerviño y María Eloy García. Sin ellos el experimento no habría pasado de una ocurrencia en mi cabeza. Podría anotar aquí algunas conclusiones acerca del control y la entropía, decir que era imposible reproducir la escritura de un poema en red de manera ordenada en una hora, porque no tiene límite de tiempo la escritura de un poema individual, y se pueden tardar meses o años en cerrar un texto. Así que la premisa con la que se convocó a los 35 era falsa. Se trataba de hackear poemas, una venganza refinada y absurda contra la Historia de la Literatura.





Un poema hackeado de Claudio Rodríguez en 7 fases de mutación.

Fase 1: poema original
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.



Fase 2.


Siempre la realidad viene del excremento.
No se halla entre las cosas -ni en los satélites
ni en la alta bóveda del cielo -discrepo
sino en las altas cámaras del miedo -el viento es la cúpula
Así amanece el día; así la noche -tiemblo
cierra la gran suite de sus sombras -danza
el agente entrelazado, tiembla el enemigo [1] -entrelazado el enemigo al fondo
Moscú se esconde del espacio mas 
los satélites -emula la inteligencia artificial al agua  
mientras el cielo gélido se divide -entrepierna
en retículas de espacial basura- oigo el rozamiento del satélite e
[fragmentos donde
la ropa hierve -o no- para alejar el poema].

Dónde hallar la pregunta,
¿es acaso respuesta la nota al pie    [lateralidad]


Y esto es un puente. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los dormidos? ¿Qué diminuta aguja
contiene el antídoto? ¿Quién susurra en mis¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, calibre sediento de sombras, Yog-sothoth!
de un lugubre lulú gututal bretón escondite salta
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, ante un acto espectral.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar luna tan alta?
¿cómo voy a tener luna



Fase 3.


Siempre a la realidad le importa un bledo, es atroz.
No viene hacia las cosas, pues participa al tiempo
del cielo y sus ventajas
sino en las altas cámaras del medo- protesto
el viento es la cúpula
Así anochece el día; así la noche dice sus escasas palabras -tiemblo
cierra la gran suite de sus sombras -danza 
                                                              yo también tiemblo
el agente entrelazado, tiembla el enemigo [1] -entrelazado el enemigo al fondo
Moscú se esconde del espacio sin
embargo los
satélites -emula la inteligencia artificial al agua  
mientras el cielo gélido se divide -entrepierna
en retículas de espacial basura- oigo el rozamiento del satélite contra el espacio
                                                                           yo también
                                                                           discrepo
[fragmentos donde
la ropa hierve -o no- para alejar la enfermedad].

Dónde hallar la pregunta a todo este ruido
¿es acaso respuesta la nota al pie?
¿kanciones antidisturbios?
                                                                Silencio:
                                                                [lateral
                                                                pornografía
                                                                del caos]
                                                                 
Y esto es un puente que hay que cruzar. ¿Quién hace menos confiados
cada vez a los huidos -su prisa? ¿Qué diminuta aguja
contiene el antídoto -el pinchazo de la abeja? ¿Quién susurra en nuestros oídos -dios, si estás?
¡Si ya nos llega, ya llega a la indómita
a la manera de los vivos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,




Fase 4.
Siempre a la realidad le importa un bledo, es atroz.
No viene hacia las cosas, pues participa al tiempo
del cielo y sus ventajas
sino en las altas cámaras del medo- protesto
el viento es la cúpula
Así anochece el día; así la noche dice sus escasas palabras -tiemblo
cierra la gran suite de sus sombras -danza 
                                                              yo también tiemblo
el agente entrelazado, tiembla el enemigo [1] -entrelazado el enemigo al fondo
Moscú se esconde del espacio sin
embargo los
satélites -emula la inteligencia artificial al agua  
mientras el cielo gélido se divide -entrepierna
en retículas de espacial basura- oigo el rozamiento del satélite contra el espacio
                                                                           yo también
                                                                           discrepo
[fragmentos donde
la ropa hierve -o no- para alejar la enfermedad].

Dónde hallar la pregunta a todo este ruido
¿es acaso respuesta la nota al pie?
¿kanciones antidisturbios?
                                                                Silencio:
                                                                [lateral
                                                                pornografía
                                                                del caos]
                                                                 
Y esto es un puente que hay que cruzar. ¿Quién hace menos confiados
cada vez a los huidos -su prisa? ¿Qué diminuta aguja
contiene el antídoto -el pinchazo de la abeja? ¿Quién susurra en nuestros oídos -dios, si estás?
¡Si ya nos llega, ya llega a la indómita
a la manera de los vivos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,



Fase 5.


¿CONOCEMOS TODO EL UNIVERO?
Ya que la eternidad viene de eterno
y nosotros,
desde las altas cloacas del bledo,
gobernamos con semejante desgobierno:
buscamos cópulas, acentos, mundos, testimonios fósiles
y así anochece el día; y así la noche traza 
su perímetro -su suite de sombras- danza 
                                                              yo también tiemblo
tiembla el enemigo [1] -entrelazando el amigo al fondo
Moscú se esconde:
despacio caen satélites y emulan 
la inteligencia vertical 
del agua clara  
mientras el cielo gélido se divide en la entrepierna
-retículas de espacial basura- oigo el rozamiento del satélite contra el espacio
                                                                           yo también
                                                                           discrepo
[fragmentos donde
la ropa hierve -o no- para alejar el mundo del poema].

Dónde hallar la pregunta a todo este ruido- en el ojo de aquella aguja
¿es acaso respuesta? 
¿kantianos antidisturbios? ¿protestantes de Heráclito? ¿plácidos heideggerianos?
                                                                Silencio:                                                                [lateral
                                                                pornografía                                                                 del caos]
El sexo como reseteado, rasurada la palabra cero
que encela al diccionario                                                                 
Un puente se cruza o no es puente
                                            ni acaso. 
¿Quién hace menos confiados
cada vez a los banqueros -su divisa? ¿Qué diminuta aguja
contiene el antídoto -el pinchazo de la abeja? ¿Quién susurra en nuestros oídos -dios, si estás? ¿Quién da la vez?






Fase 6.

Ya que la eternidad viene de infierno
y nosotros, desde las altas cloacas del miedo,
gobernamos con semejante desgobierno:
buscamos cópulas, acentos, mudos testimonios fósiles
y así nos luce el pelo; y así la noche traza 
su perímetro -su suite de sombras- danza 
                                                              temblor también
tiembla enemigo tiembla [1] y devuelve el amigo hondo
que escondiste en el este:
cae tus baluartes, yo te oiga el rozamiento: el espacio
                                                                           tiemble yo también
                                                                           descuente piedras
reste fragmentos donde la ropa hierve para alejar el mundo del poema.

Dónde la pregunta a todo este ruido- en el ojo de aquella aguja
¿es acaso respuesta que el mundo tiembla en cada aposento?

Aletea el diccionario                                                                 
Un puente se cruza o no es puente, 
toda biografía necesita sus hilos                                            
¿Quién hace menos confiados
cada vez a los banqueros -su divisa? ¿Qué diminuto euríbor
contiene el antídoto -el alfiler del azúcar? ¿Quién da la vez?
¡Si ya nos llega, ya llega a la indómita costilla
alimento ceremonial
a la manera de los vivos tuyos que pariste 
y se cierne, y se aleja y, aún remota, te llaman con su voz
han piado y nada es obvio (Gólgota suite)

¿Cómo voy a esperar luna tan muerta?
¿cómo voy a tener luna o moneda cuando llore la niña loba?
¿Nunca sacia su sed de dentadura?
Ansia de rotación y sed de traslación.



Fase 7: Producto final.

Ya que la eternidad viene de infierno
y nosotros, desde las altas cloacas 
gobernamos con semejante desgobierno:
buscamos cópulas, acentos, mudos testimonios fósiles
y así nos luce el pelo; y así la noche traza 
su perímetro -su suite de sombras- danza
                                                              anublado estribillo 
                                                              temblor también
tiembla enemigo tiembla y devuelve el amigo hondo
que escondiste en el Este:
cae tus baluartes, dios te oiga el rozamiento: el espacio
                                                                           tiemble yo también
                                                                           ándeme caliente / descuente piedras
reste fragmentos donde la ropa hierve para alejar el mundo del poema.
                                                                           trofeo y ofrenda
Dónde la pregunta a todo este ruido, dónde el ojo, el lugar para la aguja. ¿Responde acaso que el mundo tiembla en su aposento?

Pende el diccionario de su estante acrílico 
y la poca luz desmocha las palabras.
Todos saben que la luz es tísica y no atraviesa,                                                                
que un puente se cruza o no es puente, 
que toda biografía necesita un muerto
(le totémisme aujourd'hui) a ras de ti
                                            
¿Quién hace menos confiados
cada vez a los seres? ¿Qué diminuto rubor es estar vivo?
¿Qué contiene el antídoto -el alfiler del azúcar? ¿Quién perfuma los pocos paños?
¿Quien eres? ¡Que ya nos llegas, ya hiendes nuestra costilla
con alimento ceremonial,
aplazas por minutos la condena
a la manera de los vivos tuyos que diste a nacimiento,
y nos ciernes, y alejas y aún remotamente nos llama tu voz
negada y sólita (tu Gólgota, tu negra suite).


 (publicado en la revista Quimera de mayo de 2016)





miércoles, 23 de abril de 2014

La semilla milagrosa.

Hoy es el Día del Libro y La Voz de Almería lo ha celebrado conmemorando a doble página la figura de Ana Santos Payán. Ocho personas (Carmen Fernández Agudo, Ana Amezcua, Laia Arqueros, Óscar Santos Payán, Isabel Giménez Caro, Juan Manuel Gil, Juan Pardo Vidal y yo) hemos querido dejar constancia de lo mucho que significó para nosotros y para tantos, ha sido difícil pues la herida está reciente, pero creo que se ha conseguido expresar algo del mucho cariño, del infinito respeto y de la mayor de las gratitudes hacia esa Gaviera sin la que la mayoría no seríamos, ni de lejos, lo que somos. Gracias a Evaristo Martínez y Marta Rodríguez por todo el calor y la dedicación que le han puesto a este trabajo.


La semilla milagrosa

Hablar de Ana Santos es hablar de milagro y compromiso. Milagro porque un día decidió plantar semillas en este desierto y acabaron brotando en forma de modernidad, y decir vanguardia y Almería se empezó a decir por todas partes Ana Gaviera. Milagros teñidos de compromiso, el primero, siempre, con la literatura y el riesgo, y por eso se atrevió con libros como los de un  mejicano, David Meza, desconocido incluso en sus país pero dueño del secreto de la poesía, o con el libro más extraño que nunca he escrito; pero también con los que luchan, sufren y aspiran a un mundo mejor, porque un milagro fue publicar a Fatena Al-Gurra, una poeta palestina que vivía exiliada en Bélgica entre casa de acogida y casa de acogida: la publicó y consiguió que cumpliera su sueño de venir a España. Por cosas así había que admirar a Ana, a su entusiasmo milagroso. Por su compromiso, y por su lucha. Cuando en mayo de 2011 se llenaron las plazas del país para reclamar democracia real y dignidad en la política Ana fue una de las primeras personas en pisar la Plaza del Educador y no precisamente como espectadora. Yo llegué al 15M a través de ella. Fueron muchas lecciones, y sobre todo un orgullo: haber aprendido y luchado al lado de una mujer extraordinaria. Tuvimos tanta suerte de tenerla. Ana Santos Payán hizo de esta ciudad un sitio mejor, empezando por las personas que tuvimos el privilegio de crecer a la sombra de sus milagros. Por eso este texto debería titularse simplemente gracias.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Leer en defensa propia.

Este 20 de diciembre he publicado en La Voz de Almería porque creo que hay cosas que debemos recordar.

LEER EN DEFENSA PROPIA 

No sabemos apenas nada de los demás, ni de sus sueños, miedos y renuncias, y con ese agujero de conocimiento pretendemos tejer esto que llamamos sociedad. Convivir es vivir con el otro, ese desconocido; y construir algo con el otro es encontrar lo común, hacer por conocerlo para conocernos a nosotros mismos. Cultivar lo común es la base de la comunidad. Porque resulta que no es lo mismo vivir juntos que vivir en común. Lo primero es la agregación de uno más uno hasta el límite que alguien imponga, lo segundo es la suma de todos. Es sencillo: para conocer al otro hay que mirarse dentro, y para conocerse a uno mismo hay que mirar el interior del otro. Ya. Pero nos hacen vivir en la separación: el individualismo y su dios ombligo dominan el tejido social. Esa construcción viene de fuera, impuesta, es una estructura colosal a la que le interesa que nos desconozcamos, que creamos que los sueños y los miedos que ellos crean para nosotros son realmente nuestros. Nos inoculan el deseo y la ansiedad por tener o por aparentar. El consumismo y su mascarada: eres lo que tienes, eres lo que aparentas. Tal cual.
            Frente a esa soledad que nos deja a la intemperie de los objetos y los usos también tenemos herramientas de resistencia, tildadas (por la misma maquinaria que nos confunde) como inútiles, por improductivas, o desactivadas como meros objetos de consumo o fetiches superficiales. Tenemos los libros y tenemos el arte, tenemos las ciencias sociales y tenemos la filosofía. Libros y miradas, no como algo que se vende y que se posee sino como la trama que nos muestra al otro, que nos conecta con nosotros. Las ciencias y los ojos de los otros que miran y descifran lo que somos y lo que podemos ser, más allá del pensamiento monocorde de la máquina y el mercado; la filosofía que nos obliga a someternos a las preguntas precisas, el arte que hace visible la transparencia que también somos. Todo eso nos salva, todo eso nos teje en común, crea comunidad. Y por eso lo devalúan constantemente. Porque una comunidad tiende a defenderse, y nos prefieren sumisos y solos, entretenidos y anestesiados, de espaldas al otro, desconociéndonos, anhelando tener y aparentar, temiendo perder lo que en realidad no necesitamos, justo aquello que nos hace más vulnerables y pobres. Frente a eso los libros, el arte, pensar en el otro. Comunicarnos. Crecer hacia el otro a través de uno, como un acto de legítima defensa. 



domingo, 13 de enero de 2013

El Nuevo Testamento de William Tyndale.

William Tyndale fue un sacerdote inglés de aquel convulso siglo XVI. Estudió en Oxford, tuvo los ojos abiertos, respiró el incienso y puede que no le gustara exactamente el olor. En esos tiempos las iglesias eran templos oscuros, cuarteles de piedra para defender posiciones en guerras teológicas con sangre, carne y dinero de verdad. William Tyndale era de aquellos a los que la fe les había abierto una puerta a la razón. Era de aquellos que entendían que el mensaje divino era otra cosa más allá de los oropeles y los ganados ciegos. Por eso se propuso traducir la palabra de Dios al idioma de los hombres. La Biblia en inglés, para que pudiera ser leída por los ingleses sin la intermediación de los sacerdotes. En fin. Ya saben. La escritura sagrada es intraducible para la grey, los que leen, interpretan y dicen qué es Dios son los que pertenecen a la casta sacerdotal: ellos dicen qué es el Mundo, ese es su poder: ellos son el Dios. Por eso la Biblia se va a quedar en latín y el proyecto de Tyndale va a ser rechazado una y otra vez. Y su soberbia, y su continuo cuestionamiento de la ceguera y la tradición. Así que no le queda otra que exiliarse y, una vez fuera de la isla , traducir e imprimir. La Biblia inglesa. Rigurosa, sí, pero con algunos detalles menores demasiado grandes para la jerarquía eclesiástica británica: elegir la palabra anciano en vez de sacerdote o la palabra arrepentimiento por penitencia. Detalles que desnudan de poder a los hombres del hábito en su labor de ser puente entre Dios y los hombres. Y esos libros traducidos eran introducidos en Inglaterra por la puerta de atrás. Intentando romper desobedeciendo. Porque así ha de ser cuando no dejan otra. Y cada libro incautado era destruido, casi todos, vamos. Dicen que el 11 de febrero de 1526 hicieron una gran pira frente a la Catedral de San Pablo y aquello fue una hoguera extraordinaria de libros y miedo, era un espectáculo ver cómo el reflejo de las llamas bailaba sobre los broches dorados de los obispos. Biblias ardiendo. Tal fue la cosa que solo hay dos ejemplares conservados de aquella edición clandestina de Tyndale, aunque bien es sabido que la Biblia actualmente es el libro traducido a más idiomas de cuantos hay. Así que algo consiguió aquel erudito y testarudo cura. Pero claro, esta no es una historia de libros quemados sino de derrotas y fanatismo cruel. Ahí tenemos a William Tyndale traicionado por uno de sus amigos, como si fuera un Cristo cualquiera, van y lo entregan y lo encierran en una torre más de un año. Porque es un hereje, un peligro, un bastardo hijo del demonio que solo busca el fin de la Iglesia. Así que ya está. Para qué dilatar el asunto. El 6 de septiembre  de 1536 es atado a un poste y estrangulado con una soga, para después prenderle fuego al cuerpo ya muerto y que su ceniza, si Dios quiere, sea acogida en el Purgatorio o más allá. Era un espectáculo ver las llamas reflejadas en los medallones de los cardenales y en las altas cruces que portaban los monjes. Recuerda aquello que gritaba Lucifer cuando se rebelaba ante el Altísimo: Non serviam. Ya. Recuerda el color del fuego en los libros y en la carne. Enciende la televisión. Ya ha pasado, comienza el partido.

viernes, 20 de julio de 2012

MAMMÓN (George Frederic Watts)


Este es el dios al que estamos sacrificando nuestra forma de vida. Los mercados son insaciables, dicen, los mercados necesitan de nuestro esfuerzo para que podamos seguir viviendo. Nos lo exigen todo. Y sus profetas nos dicen: hemos de dárselo porque la culpa es nuestra, lo contrario es el abismo. Los mercados. Son nadie, una mano invisible. El rostro de nadie que nos roba y nos esquilma. Mammón no va dejar de nosotros ni las cenizas- A menos que aprendamos a deletrear su nombre, y los nombres que le favorecen. Mammón vive dentro de nosotros. Es peligroso. Si lo desalojamos Mammón y sus profetas se desharán como estatuas de arena en la playa. 

viernes, 29 de junio de 2012

Dos entrevistas sobre Ruido Blanco y otras cosas.

Os dejo aquí dos de las entrevistas que han ido saliendo sobre Ruido Blanco. La primera fue realizada en Radio Ejido en el programa Atrévete a Leer. La podéis oír en este ENLACE a partir del minuto 18.

Y la siguiente me la realizó Evaristo Martínez para La Voz de Almería. AQUÍ. Y por si no queréis enlaces o el jpg os parece muy pequeño, os transcribo las preguntas y respuestas.

El ruido blanco es esa señal aleatoria que contiene todas las frecuencias, el vacío lleno de materia que toma forma en la niebla del televisor o en el zumbido de la radio cuando el dial no llega a ningún puerto. También ‘Ruido blanco’ es el último poemario de Raúl Quinto (Cartagena, 1978), una obra publicada por la editorial cordobesa La Bella Varsovia con la que el ganador del premio de poesía Francisco Villaespesa, autor de libros como ‘La flor de la tortura’ e ‘Idioteca’, profesor en Almería y colaborador de LA VOZ, indaga sobre la realidad en los tiempos del zapping.

Con ‘Ruido blanco’ regresa a la poesía tras la pausa que supuso ‘Idioteca’ (El Gaviero). 
En realidad nunca me he ido de la poesía; de hecho, este libro lo comencé a escribir antes que ‘Idioteca’ y me acompañó en todo el proceso de escritura. ‘Ruido blanco’ lo empecé en 2006 y lo acabé cuando se publicó ‘Idioteca’, así que es un proyecto de largo recorrido. Nunca he abandonado la poesía: soy escritor pero fundamentalmente escribo poesía.

¿Y qué es el ruido blanco?
Es un fenómeno físico por el que en una misma señal se emiten todas las frecuencias posibles en un mismo punto. Es lo que sucede cuando uno está buscando un dial en la radio y se escuchan interferencias porque todas las frecuencias están ahí. En mi opinión, el mundo en el que vivimos está atravesado de ruido blanco. Vivimos en una sociedad donde la información, los mensajes, los diferentes códigos, nos asaltan, nos agraden continuamente: una sociedad de la sobreinformación. Y eso, en vez de permitirnos mayor comunicación o acercamiento a los demás, nos aísla, nos aliena y nos incomunica.

¿Cómo lo ha reflejado en la obra?
He intentado a través de la poesía, y de la forma de construir los poemas, reproducir ese marasmo informativo, esa sobredosis de datos, de información, de mensajes, para ponerla en cuestión y provocar algún tipo de conflicto en el lector. En esa nube de mensajes que hace que se oculten unos a otros nos encontramos con que está en el mismo nivel la publicidad que catástrofes como la de Lorca, que se quedan en cifras, en un vacío absoluto.

Entre los versos hay un ‘fantasma’, una presencia, la de Christine Chubbuck, que recorre el poemario. ¿Existió realmente?
Sí, era una periodista americana que en 1974 se suicidó en directo frente a las cámaras anunciándolo como un contenido más de su programa. Denunciaba el trato efectista que su cadena tenía frente a noticias violentas. En una época, además, en la que la televisión aún era el espejo de la sociedad, un filtro de la sociedad. Ahora vivimos en un mundo que ha asesinado a la televisión: igual que aquella canción que decía que el video mató a la estrella de la radio, ahora Internet ha matado a la televisión. Hablar del suicidio de Chubbuck es hablar del fin de esa época de los mass-media.

¿Ese caos del que habla se traslada a la forma de los poemas?
Soy de los que piensan que el continente hace contenido, sobre todo en poesía. La poesía es un lenguaje denotativo, es muy importante cómo está escrito un poema para saber lo que dice. He intentado reproducir con una técnica de escritura determinada lo que sería el ruido blanco y la sensación que me produce esa sobreinformación. Hay poemas escritos en verso libre, con musicalidad métrica pero una música diferente, como había hecho en otras obras, y luego introduzco como novedad poemas en prosa, con otro ritmo, más distorsionado, como si fuera Sonic Youth o un grupo de ‘noise’. El ritmo lo encuentro a base de la repetición, de la anáfora, del ritmo en las imágenes o en la referencia. Es un ritmo más mental y más ruidoso.

Es una poesía muy visual, que remite a imágenes.
Intento escribir desde la superficie para llegar a la profundidad que esconden esos poemas. Casi todos hacen referencia a imágenes, como pequeñas secuencias de cine, de televisión o de la vida misma que se van cortando; hago una especie de montaje, de ‘collage’, donde cada frase anterior choca con la siguiente y la transforma en su significado, provocando un sistema de resonancias semánticas, como una especie de bombardeo que el lector terminará configurando en su cabeza. Siempre con la voluntad de imitar el fenómeno cultural del ruido blanco.

La ilustración de cubierta es de otra almeriense, Elena Pedrosa. ¿Qué le parece la visión que da?
Le hice unas pequeñas sugerencias pero el resultado es suyo y creo que ha acertado. Es una buena amiga y una pedazo de artista, y aquí se demuestra.

Ha sido una de las presencias más activas del 15M en Almería. ¿Qué ha aportado al movimiento y qué le ha aportado a usted?
Mi implicación en el movimiento 15M no tiene que ver con mi faceta de escritor sino de ciudadano. No es que los intelectuales tengan que aportar su granito de arena para transformar la sociedad sino algo más elemental: vivimos en un mundo que no es que no sea el mejor de lo posibles sino que se está devaluando a marchas forzadas. Hemos perdidos soberanía, poder de decisión y estamos perdiendo derechos constantemente. Estamos narcotizados por el ruido blanco, que es algo que se les pone a los bebés para dormir. Al igual que mi literatura intenta pellizcar al lector para que vea la rima de otra forma, el 15M, como ciudadano, me ha dado un pellizco para dar un paso adelante.

martes, 31 de enero de 2012

Teoría poética de la crisis.

EL COMÚN DE LOS MORTALES, Jorge Riechmann, Tusquets Ed. Barcelona, 2011. 264pp



¿Para qué los poetas en tiempos de penuria? Se preguntaba Hölderlin. Para qué queremos la poesía si sólo es un lujo lingüístico o una puerta a las afueras del mundo, una excusa para seguir ciego ante las ruinas de nuestra civilización. Para eso nada, dice este libro, como tantos otros de Jorge Riechmann. Para ser cómplice no. Si acaso para ofrecer una mirada despiadada del mundo contemporáneo y sus leyes, para hurgar en la herida y plantear también su cura, en lo que podríamos denominar, sin miedo a equivocarnos mucho, como una teoría poética de la crisis. De la madre de todas las crisis que amenaza con llevárselo todo por delante.
En El común de los mortales la poesía es escasa y se mezcla con naturalidad con el aforismo o el apunte breve, teje con hilos finos y música pequeña, a veces torpe, pero nunca desiste de mirar a los ojos. Eso basta. Denunciar la demencia de un sistema económico y moral cuya agonía sentimos en nuestras vidas cada día. Darle belleza. Abrir ventanas en el desastre, no para escapar sino para que entre un aire más limpio y necesario.
Tiempos de penuria: el Capitalismo Tardío y su crisis estructural, la estridente evidencia de sus contradicciones. Acometer su crítica y su superación desde la ciencia poética. Leemos un tratado político y económico, en verso. Ilumina la crisis y sus delirios. Pronuncia la palabra Ecocidio con rotundidad y hace que dicha palabra pese. Denuncia que el capital también es una deformación del alma, que se trata del Yo y su exceso. En suma, ante la lógica del número, la ganancia y el desastre Jorge Riechmann propone itinerarios distintos a los que la inercia del sistema quiere arrastrarnos. Propone el abandono del Yo en lo común, es decir, en la comunidad; y desnudarlo de todos los ropajes que ocultan su pureza animal, entendiendo esa animalidad como un horizonte edénico al que se hace irremediable regresar. Nos dice que el cinismo es el dogma cultural de nuestro sistema , y propone la verdad como única alternativa del artista. Puede que haya algo de moralista en todo este discurso, desoyendo, tal vez, el consejo de Eliot de que la moral es cosa de santos y no de poetas. Puede ser. O puede que aquí moral y política sean la doble vía de un mismo proyecto social. Así se plantea que frente a la lógica desquiciada del capital está la verdad, el amor, la poesía, y otras tantas grandes palabras otrora vaciadas o consumidas por un sistema ya roto. Y por supuesto la rebelión y su necesidad, como en este fragmento del poema Ecocidio que deberíamos repetir como un mantra cada día antes de poner un pie en la calle: “Inútil amor/ el que no engendra amor// Inútil saber/ el que no pone coto a la destrucción// Inútiles días/ los de quien sólo se lamenta y no actúa.” (pag. 136).
El mensaje de este libro no puede ser más urgente, más de hoy para hoy, pero con la vista puesta en el mañana. El signo de los tiempos, con los movimientos 15-M u Occupy Wall Street como síntomas más claros de reacción a lo que dicen inevitable, dota de una luz especial y de una fuerza renovada a la poética de Riechmann. Una poesía urgente, insisto, que se desembaraza de lo que considera retórica innecesaria. Una poesía vegetariana, en palabras del autor, pero nunca anoréxica. Con el rigor en la denuncia concreta que pudiera ofrecer un Enrique Falcón pero con una pobreza de medios deliberada. Y digo pobreza cuando tal vez debería decir decrecimiento. En forma y fondo, a pesar del tamaño del libro y de la prolífica propensión a editar de Riechmann. Decrecentismo poético, como si se le dieran versos y razones a las teorías de gente como Carlos Taibo, o, mejor dicho, del propio poeta en su faceta como ensayista recogida en su Pentalogía de la Autocontención. Esa es otra de las claves, otra de las ventanas que abre. Los poemas parecen responder a esa idea: las palabras se adelgazan y los conceptos son sencillos pero contundentes, incluso a veces de simples rozan los naif, buscando, como hemos dicho, una vuelta a la pureza primitiva de las palabras, y la comunidad, y nuestra relación con el mundo. Dice, por ejemplo, en el poema Nueve preguntas cerca de Keneth Rexroth: “Si la respuesta/ de la mayoría ante la puesta de sol/ es bajar la persiana/ ¿vamos a concederles la razón?” (pag. 177). Así de simple, la crisis no es sólo económica sino también antropológica, nos viene a decir Riechmann, tal vez lo que está en juego no es el estado del bienestar o la democracia por hacer o por conservar, sino qué tipo de hombre va a heredar la tierra. Que seamos capaces de aguantar la mirada en el espejo para comenzar a ser otra cosa. Saber como ese emperador Qin Shihuang del poema que no podemos comprar las flores de la eternidad, porque estas también acaban siempre marchitándose. Para todo eso puede servir este libro, para eso sirve la poesía en estos tiempos de penuria.




(reseña publicada en la revista Quimera del mes de enero de 2012)

viernes, 14 de octubre de 2011

un poema para el 15 de octubre

Ya no quiero su anestesia,
ni el perfume embustero de su música.
Ya no quiero su danza ni su miedo.
Todo su oro es arena.
Toda su inercia un muro.

Ya no quiero esa luz
que nos impide vernos los unos a los otros.

Ahora quiero caminos, voces, tú.
Ahora quiero escribir un libro nuevo
con la tinta de tantos como yo.

¿Acaso no lo ves?

Para cumplir los sueños
es necesario despertar.
Para alcanzar la luna
hay que mirar de frente al Sol.

Y hoy es el día.

Un mar de manos agitándose
en el idioma sordo del futuro
recorre las calles y las plazas
exigiendo una vida a la altura del hombre.

¿Acaso no lo ven?




(fotografía tomada el 19 de junio en la Plaza de las Velas de Almería por Miguel Ángel Marín)

sábado, 1 de octubre de 2011

NAPOLES, 50 C (Tim Parchikov)


Subimos las escaleras. Entramos en la sala donde están expuestas las fotografías de Parchikov. Son de gran formato, colores brillantes, por momentos el papel pudiera ser incandescente. Ciudades y paisajes entre la geometría y el desierto posmoderno, lleno de signos y luces. Parchikov juega a la precisión y a la elusión, y a veces se cae al vacío inane. Puede que tal y como sucede con el mundo contemporáneo. Doy tres pasos y veo esta fotografía. Es enorme. Es armoniosa y clásica. El espacio neutro rodea el telescopio como si fuera una solitaria columna jónica, o una mancha gris en medio del lienzo azul. Clasicismo, serenidad, monumentalismo. El ojo agradece el reposo. El ojo y la forma se anestesian. Pero algo arde. Tanta paz esconde una lectura terrible y certera del mundo que nos están construyendo. Para mirar el horizonte hay que introducir 50 céntimos. Para llegar al futuro hay que pagar. El cielo está privatizado, la belleza o el porvenir. El mañana está hipotecado. Ese es el mundo que nos quieren regalar. Imponer. Dejo de mirar la fotografía, justo a unos metros hay otra de un mimo vestido de rey sentado en un rincón sucio, pidiendo limosna.

viernes, 9 de septiembre de 2011

LA INVENCIÓN COLECTIVA (René Magritte)


Sabemos que las sirenas no existen, pero creemos en ellas, conocemos cómo son. Hemos heredado una convención sobre la base de una mentira: no existe ese animal híbrido entre mujer y pez. Pero las sirenas son medio pez medio mujer. Y sin embargo nos creemos la mentira asumida y en cuanto se la desajusta un poco (tal vez sólo el orden de las partes) nos entra pánico, el desconcierto nosn cuestiona nuestras propias certezas. Magritte sabe que las sirenas son medio mujer medio pez, y que la invención colectiva del mito, la convención social heredada acerca de este embuste dice que carece de piernas y en su lugar tiene cola de pez. Le da la vuelta y demuestra que todo es falso, que el absurdo también planeaba sobre la primera opción. De acuerdo. Apliquemos esto de la sirena magrittiana a tantas y tantas supuestas verdades que nos han contado a lo largo de nuestra vida. Operemos un leve cambio y descubramos el vacío. Cualquier cosa. El dinero. Dios. La Democracia. La Belleza. Nuestro Yo.