Mostrando entradas con la etiqueta mario cuenca sandoval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mario cuenca sandoval. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de octubre de 2010

Idioteca según Mario Cuenca Sandoval (Culturamas)

Culturamas es uno de los portales web más completos y seguidos de la red, y allí ha tenido la suerte de caer una reseña de Idioteca, una inteligente lectura por parte de Mario Cuenca Sandoval, el autor de el magnífico El Ladrón de Morfina. La copio aquí:
"


Esto no es un libro, pero no se asuste. Siga mis instrucciones. Antes de entrar en Idioteca, tendrá que atravesar un pórtico. Deberá ingresar en el estado mental propicio, poner entre paréntesis el mundo exterior, ajustar su ritmo cardíaco, aceptar la apuesta. Porque Idioteca no es una novela, ni un conjunto de relatos, ni de poemas en prosa, ni siquiera el catálogo de una exposición. Es, como acierta Alberto Santamaría en su espléndido prólogo al libro, un extraño museo, hecho de fantasmas que se alzan alrededor de nosotros, de hologramas. Y es sabido que se precisa de cierto estado de sugestión para ver fantasmas.
Si quiere ver fantasmas, haga epoché, ponga entre paréntesis el hecho de que hay un mundo fuera del texto, y ponga entre paréntesis que el texto forma parte de ese mundo. Entonces, las piezas que componen esta cámara-libro, o caverna-libro, comenzarán a girar a su alrededor, veintidós textos en prosa con los que, diseccionando la vida y obra de ilustres convidados como Goya, William Blake, Klein y los artistas del Nuevo Realismo, etc. Raúl Quinto (Carboneras, 1978) disecciona para usted las particulares obsesiones e intereses de Raúl Quinto, su mundo propio, su idion, de ahí el título que el poeta toma en préstamo de Radiohead.
Pero, insisto, no se asuste: no se trata de aceptar obsesiones en préstamo; usted ha sido convocado a la cabina central del panóptico. La imagen del panóptico de Bentham, eliminadas sus connotaciones punitivas, viene como anillo al dedo a esta colección de fragmentos: todo gira alrededor de una conciencia que ocupa la cabina central, o que no la ocupa. En el segundo caso, ocupe usted el asiento. Una de las ventajas del panóptico, a juicio de Bentham, era que los presos circundantes se sentirían siempre vigilados, sin que hubiera necesariamente un vigía en la cabina. Ahora conoce el secreto: tal vez en el corazón de Idioteca no haya un yo, un sujeto, una identidad firme, sino sólo un centro imaginario en torno al que giran veintidós proyecciones, un narrador convertido en ojo, «un texto entendido como una forma de mirar» (p. 12), escribe Alberto Santamaría en su prólogo. El puesto vacante le pertenece; reclámelo.
A esta altura estará usted implicado en el enigma fundamental de la poética de Raúl Quinto: el problema de la representación, la relación entre el mundo y la mirada, entre pintura y realidad, entre palabra y realidad. Pero no en el sentido de que el lenguaje sea un espejo, no en el sentido del lenguaje-retrato del que hablaba Wittgenstein: la pregunta es qué le hace la representación a la realidad, qué daños provoca, qué heridas, o qué fantasmas pone en pie. La pregunta no es cómo el arte retrata lo real, sino cómo lo real es manoseado, mimado o lacerado por el arte. Por eso sostiene Quinto que la pintura nació «para hacer más real lo real» (p. 21). A Raúl Quinto le interesa peculiarmente la materialidad de la palabra, incluso el carácter orgánico de la palabra, y de ahí su preocupación por el arte pictórico, en donde representación y carne se aúnan, a diferencia de lo que sucede en el lenguaje, la casa del ser, decía Heidegger, pero su casa inmaterial, su palacio en el aire. El de Raúl Quinto, insisto, es un lenguaje que querría ser materia. Se pregunta cómo nació la representación pictórica; tal vez no fuera cosa de los hombres ni los dioses, sino que esté relacionada con la materia orgánica: con la «saliva, heces, sangre menstrual, orina, esperma, heridas abiertas, barro en las pezuñas, baba blanquecina en las quijadas» (p. 22).
Bienvenido, entonces, a un texto híbrido, a medio camino entre la narración, el ensayo, la estampa, el texto de catálogo artístico, donde alta y baja cultura, si existen esas dos alturas, se dan la mano y «Goya y Sonic Youth son intercambiables, al menos durante un instante» (p. 32).

Mario Cuenca Sandoval. "

martes, 11 de mayo de 2010

un copo de nieve y un ladrón de morfina


Cada copo de nieve, observado bajo un microscopio, es único. Las formas caprichosas de la naturaleza adquieren su belleza imprevista casi por un milagro, y sin embargo se diría que hay un esquema perfecto. Casi mágico. Y cada copo es un universo en sí mismo. Irrepetible. Para que estuviéramos seguros de todo eso dedicó su vida "Snowflake" Bentley. Y además. La nieve, la guerra, el sueño, la droga: la literatura con mayúsculas donde cada lectura, como los copos de nieve, es una lectura única y distinta del resto. Eso pasa con la buena poesía, sí, y con las novelas de Mario Cuenca Sandoval. Leí Boxeo sobre hielo hace años y me impresionó que un tipo de mi edad más o menos pudiera haber escrito eso, ahora con El Ladrón de morfina me confirma que sí, que fue un milagro, que la maravilla puede ser distinta en cada copo de nieve, en cada libro, y sin embargo existir. No diré que Mario es el mejor novelista de nuestra generación, tampoco tengo datos para ello. Lo que tengo claro es que sus novelas son necesarias, son lecturas que transforman. El lenguaje no es inocente, como tampoco lo es la nieve. Si quieres saber la conexión entre los ángeles, los roedores, la morfina y la locura humana. Si quieres leer un libro en condiciones. Aquí tienes una oportunidad.



lunes, 16 de febrero de 2009

OTROS (Mario Cuenca Sandoval) y presentación de Guerra del fin del sueño


Mañana martes a las 19:30h en la librería Picasso de la calle Reyes Católicos los que vivís en Almería o alrededores tenéis una cita con la buena poesía. Viene Mario Cuenca Sandoval a presentar su último poemario: Guerra del fin del sueño, que editamos el año pasado en La Garúa. Yo oficiaré de presentador. De Mario ya hablamos aquí con relación a su novela Boxeo sobre hielo, en ese momento dije, y ahora lo corroboro, que estábamos ante uno de los miembros más notables de la tan nombrada Generación Nocilla (ya saben, los Fernádez Mallo y cía). Como poeta tampoco está nada mal, si no lo conocéis os dejo el primer poema del libro a presentar para que os vayan entrando ganitas de venir mañana. Apuntaré en mi libreta los nombres y apellidos de todos los que asistáis, no hace falta venir de etiqueta.





01.OTROS



Siempre pensé
que cuando Lady Macbeth
decía que la vida era una fábula
llena de ruido y furia
contada por un tonto
Lady Macbeth hablaba de la vida de los otros

Y cuando Radiohead lloraba la existencia
de gente con las alas arrancadas
muriendo en una cárcel de antibióticos
lo decía por otros

Y cuando Nabokov aseguraba
que siempre en el placer hay algo triste
que nos puede arrastrar tisteza arriba
yo creía que hablaba del placer de los otros

Y cuando CS Lewis
exploraba las fuentes del dolor
tiraba de ese hilo que forman las preguntas
para saber si hay algo al otro lado de estar solo
para saber si hay algo
al otro extremo de la soledad
cuando Lewis lloraba
el silencio de Dios
y la ausencia de Dios ante el dolor
era siempre el dolor de otros nunca el mío


Pero ahora

[de Guerra del fin del sueño, 2008]

martes, 11 de noviembre de 2008

dos novelas de ahora



No soy un gran lector de novelas, lo admito. Me cuesta mucho que una historia o un estilo me enganche y me haga avanzar página a página . Durante cierto tiempo mi ojo se habituó a la lectura de poesía y a la de otro género que considero afín a este: el ensayo. Así que leo novela sin ansiedad, van rachas en que devoro sistemáticamente varios libros que me quitan el sueño y el hambre, y otras veces pasan varias semanas sin que abra una nueva historia o bien me quedo atrancado en las treinta primeras páginas. Así va la cosa. De esta forma mi manera de acercarme a la novela es cautelosa y sin un plan prefijado. Lo que menos leo son, lógicamente, novedades. Aunque de vez en cuando cae algo.


En los últimos dos años ha habido dos novelas que me han sacudido como no esperaba que lo hicieran libros de autores "jóvenes" nacidos en España. Y desde aquí, por esa conmoción y esa fe os recomiendo su lectura. Por un lado está Derrumbe de Ricardo Menéndez Salmón, de la que mucha tinta(analógica y digital) se ha derramado y que conecta de una manera brutal con alguno de los temas y de las perspectivas que yo mismo he intentado abordar en mi último libro: el terror, el mal, el absurdo, en un estilo frío, quirúrgico, a ratos lynchiano. En fin, Derrumbe está del carajo.




La otra novela es anterior y se ha hablado menos de ella, eso tiene publicar en Berenice y no en Seix Barral. Es la primera novela del también poeta Mario Cuenca Sandoval, Boxeo sobre hielo, al autor y a esta obra los han metido en el saco de la generación nocilla, y yo me atrevo a decir que es uno de sus miembros más válidos. Este libro es una historia compleja, fragmentaria, donde encontramos microensayos sobre el vampirismo, alta filosofía del cuadrilátero, mujeres enigmáticas, pasadizos a la locura y al corazón podrido de Europa. Hay escenas brutales como la de la prueba psicológica a la que someten a uno de los protagonistas. En fin, que es una novela muy buena, que se agranda si entendemos que es su primera aproximación al género.




Pues eso, si leen pocas novedades de narrativa española porque no se fían o porque no tienen tiempo, o porque son unos vagos como yo, no pueden dejar pasar la oportunidad de leer estos dos. A mí por lo menos me gustaron.