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viernes, 23 de enero de 2009

dos poemas de Anise Koltz

Soy judía con ellos

Sus sufrimientos
se inscriben en mi sangre
y coagulan

En mi alféizar
sus cenizas se posan
aún hoy

Cada noche me ahogo bajo las toneladas
de sus cabellos rapados


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Soy palestina con ellos

Su dolor
pico de pelícano
se ha clavado en mi pecho

En mis arterias
se acumulan sus piedras
otro muro
de lamentación





[de Bendita sea la serpiente, 2004]


Que las treguas de barro no nos hagan cerrar los ojos, ni olvidar.

domingo, 7 de septiembre de 2008

6 poemas de Anise Koltz


Anise Koltz escribe con sencillez, somete al lenguaje y a la retórica a una depuración extrema. Su palabra es breve, pero pesa, y araña. A principios de año La Garúa pusó en las librerías la traducción de dos de sus últimos libros: Bendita sea la serpiente / El tragador de fuego, con una brillante traducción del profesor Evelio Miñano. Con este volumen la editorial iniciaba una nueva etapa, con un nuevo diseño y con un nuevo espíritu. Por esas rendijas me asomo. No podíamos haber encontrado mejor forma de refundar el sello, este libro de Koltz es canela en rama, como suelen decir. ¿Que no soy objetivo en mi juicio? puede ser, os dejo seis poemas y ya me contáis qué os parecen.







Acumulo cabellos
hierbas olorosas
brazos que me estrechan
cuerpos que me cubren

Me pierdo en su piel
ya no existo

En mi sangre
nadan galaxias

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La luna viene a descansar
sobre mi edredón

Cuenta una por una
mis vértebras
para dormirse

Mientras la tierra
sigue titubeando
en el espacio



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El mundo no existe
lo segrego por mis ojos

Antiguos sueños
salen de mi ombligo

Mis poemas amnésicos
caminan descalzos
sobre las crestas del horizonte



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Me sublevo
mi corazón golpea
el interior de mi cuerpo
como zapatos
de miles de manifestantes

Dios está del lado
de los ganadores
sus ángeles planean en el cielo
con los buitres



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Mi poema es un animal sacrificatorio
de piel negra

De su cuello sajado
salta la sangre
con que embadurno el dintel de mi puerta
para apartar tus maldiciones



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En mi corazón
cada rincón está dedicado
a un Dios diferente

Aprendo sus letanías
y les echo incienso

A ninguno le preocupa

La tierra gira y zumba
como un insecto monstruoso