miércoles, 15 de septiembre de 2010

Claude Cahun




Lucy Schwob nació en Francia en 1894. Sobrina de Marcel Schwob, y qué. Lucy se enamoró de su hermanastra y vivió ese amor hasta su muerte. Lucy era judía y lesbiana, y decidió afeitarse la cabeza en plenos años 20. Si la gente murmura que sea ya con todos los motivos posibles. Lucy Schwob decidió que quería ser otra persona y se inventó un nombre que ser. Ahora soy Claude Cahun, le dijo al espejo y el espejo le sonrió con malicia. Claude imaginaba que era escritora y se dejaba fotografiar por su amante, y posaba para sí disfrazada de equívoco y umbral. Sin embargo el feminismo rescató a Claude Cahun como paradigma plástico de la lucha por la igualdad y la visibilidad. Cuesta creerlo si uno sabe que la mayoría de sus fotos eran para consumo privado (el de ella y su amante), sin embargo la crítica es experta en reubicar las obras, en dotar de cuerpo a los espíritus del aire. Este caso, por ejemplo. Claude Cahun, la musa del transformismo. Suponemos que Beatriz Preciado le pone velas un martes sí y otro no. Claude es un nombre ambiguo, que puede ser tanto de varón como de mujer. Claude Cahun jugó a romper los moldes genéricos, destrozó con ironía las convenciones sexuales. Dejó claro que el ser hombre o ser mujer muchas veces no es más que un relato, una etiqueta marcada con unos signos (opresores en ocasiones). Eso quiso hacer, o ese papel le otorga la crítica moderna. Porque Cahun apenas fue conocida en su tiempo, y murió sin que casi nadie sintiera un temblor bajo los pies, y pasaron muchos años hasta que alguien encontró en ella (en él) el motivo para justificar sus tesis. El caso es que llegó. Volvió. El ángel del tercer sexo. Y llenó de autorretratos la conciencia de los límites. Y se convirtió en una gran pregunta, en un dedo acusador, invisible, de los que agrandan la llaga. Hombre. Mujer. Historia. Estructuras sagradas, o no tanto, ¿verdad, Lucy? No. Os dije que me llamaba Claude, Claude Cahun. La misma que escribió: “Esta noche, te lo juro, por el mismo Gran Sacerdote, ante nuestros pueblos reunidos, yo, Dalila la infiel, me haré circuncidar.”

viernes, 10 de septiembre de 2010

un fragmento de Henri Michaux

Gestos más que signos
comienzos

Despertar
otros despertares

MEDIANTE TRAZOS

Acercarse, explorar mediante trazos
Aterrizar mediante trazos

exponer
alterar mediante trazos

suscitar erigir
liberar mediante trazos

Deshacer
desviar

atraer hacia sí
apartar de su lado

arrugar
Insignificar mediante trazos

Atravesar
empujar
buscando
buscando siempre LA SALIDA DE LA MADRIGUERA

Para liberar
Para aflojar
para desecar
para desbloquear
para hacer estallar








[de Mediante trazos, 1984]

lunes, 6 de septiembre de 2010

Una obra de Atsuko Tanaka



Querría hablaros de la hilazón, de la madeja invisible que une un aliento con otro. Vamos dejando rastros, escribimos caminos, cada puerta abierta es una senda que crece y se expande, cada puerta cerrada es un nuevo giro, un nuevo nudo desde el que partir. Vivimos, luego construimos caminos, queda dicho. Avanzamos soltando como una sombra el hilo de nuestra Ariadna interior, nos cruzamos con el resto del mundo, saludamos, reímos, amamos, escupimos, pasamos, y seguimos hacia delante, cada cual con su madeja desliándose. Como un hálito. Eso ya lo sabemos todos, es fácil darse cuenta. El laberinto es el hilo, sus interminables cruces, sus colores brillantes. La vida, cuando las soledades se anudan, eso pienso que pintó Atsuko Tanaka. Mejor dicho, eso veo en esta pintura hoy que me encuentro el cabo de mi propio hilo frente a mí.

martes, 31 de agosto de 2010

un poema de Julia Piera

Sueño blanco. Entre el amor y la cocaína
en busca de la parálisis del sol

un vientre llamado a las sendas del Este

condenado por un ejército de enanos
mitadniño-mitadmono

a convocar
manchas de noche cerrada,
oscuro séquito clic
poliformes, a sus muertos







[de Puerto Rico digital, 2009]

jueves, 26 de agosto de 2010

Satoshi Kon


Hace un par de días murió el autor japonés Satoshi Kon, tenía 46 años. Ese dato nos puede hacer pensar en lo mucho que aún le quedaba por ofrecer, la de obras que se habrán quedado en el limbo de lo no escrito. Habrá que conformarse con lo que sí nos legó, que ya es mucho. Para los que no lo conozcan el campo de Kon era el anime japonés. Los dibujos animados. Firmó largometrajes como Perfect Blue o Millenium Actress, donde vemos un acercamiento a las paradojas temporales y a los vericuetos del subconsciente que anticipa en cierta manera conceptos trabajados en la serie Lost de JJ Abrams o en el reciente taquillazo Inception, de Cristopher Nolan. No obstante, es en el formato televisivo donde, a mí entender, Satoshi Kon nos dejó una sólida obra maestra, una de esas seies que hacen mella en el ojo y en la mente. Paranoia Agent. Cada capítulo es una pequeña joya que habla desde las entrañas del Japón, desde su neurosis más profunda, que una vez destilada también se convierte en la nuestra. El chico del bate va tras nuestros pasos, siempre, eso no se nos olvida con facilidad. Paranoia Agent es una serie con mayúsculas, y para buscarle un semejante sólo se me ocurre hablar de Twin Peaks. Parece que con esos tres nombres puedo aclarar (no definir) a los profanos de qué materia está hecha esta serie: Abrams, Nolan y Lynch. Me quedo con Satoshi Kon. Y os grito que debéis ver Paranoia Agent. Descanse en paz.

jueves, 19 de agosto de 2010

DANZA SERPENTINA (Hermanos Lumière)


Bienvenidos al siglo XIX, bienvenidos al ojo trémulo del cinematógrafo. Con ustedes los hermanos Lumiere. Con ustedes la danza, la masa, la abstracción matérica de la carne y el tejido. ¡Los efectos del windows media! gritan desde el fondo de la habitación. Vale. Puede que eso también. Yo por mi parte quiero decir varias cosas. 1)en los Lumieres había un simple afán científico-documentalista, captar los efectos, el movimiento. 2) mejor ver el vídeo sin sonido, como fue, como es, como debe. 3)el paso del tiempo, las quemaduras de la película, el parpadeo de la luz, le dan al film un matiz de belleza inesperada, indeseada por sus autores, necesaria. 4) entornar un poco los ojos y prescindir de que hay una mujer bailando puede inducir incendios, abanicos, medusas, explosiones subacuáticas. 5) pura vanguardia, casualismo, el ojo del huracán, guiñado. 6) pulsa play, déjate envolver, y cuando lo hagas regresa a tus cosas.

miércoles, 11 de agosto de 2010

JIMMY CORRIGAN, EL CHICO MÁS LISTO DEL MUNDO, de Chris Ware


Por si hay alguien por ahí que no sabe qué leer estas semanas que quedan de verano, intentaré ofrecerle una solución a su problema. Pueden leer, por ejemplo, Jimmy Corrigan, la novela gráfica de Chris Ware. Seguramente si eres aficionado a los comics no te esté descubriendo nada, aunque una relectura nunca viene mal. Sobre todo de libros como este con tantas capas y estratos de los que alimentarse. Para empezar, la renovación del género volviendo precisamente a sus raíces. El paladín del cómic posmoderno toma como referencia aquellas primeras tiras cómicas de hace (sí, tanto) más de un siglo. Eso nos puede hacer pensar en esa especie de bucle aparente en el que han entrado las artes desde la eclosión de las vanguardias, daría para un par de buenas charlas. Pero pasamos. En Jimmy Corrigan además de una apuesta estética hay una historia. Y es una de esas historias tristes, reales, quirúrgicamente descorazonadoras y auténticas. Todos hemos sido niños. Todos hemos tenido padre, por ausencia o por excesiva presencia. Todos hemos querido ser un hombre con capa que saliera volando desde las azoteas grises de nuestra vida. Alguna vez. Hay momentos que la historia duele. El paso de las generaciones. El hilo de hastío que une al hijo con el padre con el abuelo. La crueldad, los formatos del amor y la incomprensión. La longitud de los pozos interiores. Bueno. No sé si he convencido a nadie. Pero leer Jimmy Corrigan puede ser una manera óptima de acabar el verano con un viaje a las profundidades de uno mismo.