sábado, 28 de junio de 2008
viernes, 27 de junio de 2008
melodía de geómetras
en este espacio que vengo cosiendo en los últimos meses voy colocando de vez en cuando pinturas, poemas, canciones, series de TV o películas de cine que considero como altas manifestaciones artísticas, por su valor objetivo o por lo emocional que lo vinculan con algún aspecto de mí mismo que no se explica de mejor forma que leyendo ese poema, escuchando esa música o recorriendo la composición de determinado cuadro.
esto es así. ahora quisiera poner aquí la última obra de arte total, desbordante, insuperable, desde el punto de vista objetivo, y sin parangón, desde el emocional. el arte, la vida y el corazón se unen pocas veces con visos de realidad, o de una fantasmagoría de sensaciones mucho más reales que lo puramente fenomenológico, o que cualquier sentimiento de trascendencia religiosa o laica. esto va más allá. lo de ayer en Viena fue la mejor película, el poema perfecto, la canción inolvidable que perfora la coraza y se hace parte de nuestra propia sangre, de nuestra propia identidad. lo de ayer fue fútbol. no fue una victoria, ni un juego. lo de ayer fue un coito entre Apolo y Dionisos, fue la perfección. melodía de geómetras. quien no lo sea que no entre aquí, quien no tenga sangre en las venas que no mire.
y este domingo me toca cerrar el ciclo en Laujar, allí estaré para presentarle a los paisanos de Villaespesa el libro premiado con su nombre. y en la plaza del pueblo habrá una pantalla gigante, y yo ya me espero cualquier cosa.
esto es así. ahora quisiera poner aquí la última obra de arte total, desbordante, insuperable, desde el punto de vista objetivo, y sin parangón, desde el emocional. el arte, la vida y el corazón se unen pocas veces con visos de realidad, o de una fantasmagoría de sensaciones mucho más reales que lo puramente fenomenológico, o que cualquier sentimiento de trascendencia religiosa o laica. esto va más allá. lo de ayer en Viena fue la mejor película, el poema perfecto, la canción inolvidable que perfora la coraza y se hace parte de nuestra propia sangre, de nuestra propia identidad. lo de ayer fue fútbol. no fue una victoria, ni un juego. lo de ayer fue un coito entre Apolo y Dionisos, fue la perfección. melodía de geómetras. quien no lo sea que no entre aquí, quien no tenga sangre en las venas que no mire.
y este domingo me toca cerrar el ciclo en Laujar, allí estaré para presentarle a los paisanos de Villaespesa el libro premiado con su nombre. y en la plaza del pueblo habrá una pantalla gigante, y yo ya me espero cualquier cosa.
lunes, 23 de junio de 2008
resaca de un buen domingo y DAVID Y GOLIAT (Caravaggio)
esta noche es la noche de San Juan, dentro de un rato voy a rebozarme en arena, luna y fuego, luego a las 00:00h me bañaré y pediré un deseo, supongo que algo que considere imposible. porque ayer me dejó claro el destino que a veces también puede girar a tu favor cuando menos te lo esperas. España pasó de cuartos, por penaltis, ante Italia. Te lo dicen y no te lo crees. Y yo me levanté esa mañana muy temprano para firmar un examen en blanco y esperar la temporada de lluvias; pero no, el Barroco en todo su exceso vino a mí, y yo, sin pensármelo, fui a por él, resultado: en el año de la locura estoy más cerca que nunca de la estabilidad.
en este post he roto una de las premisas con las que abrí el blog, mi vida privada se ha colado por aquí, red adentro, pero la ocasión bien lo merecía, por Iker Casillas parando lo imparable, por los diez folios que escribí sobre Wölfflin, Bernini, Vermeer,Ribera más toda esa pandilla de indeseables, y por los imposibles que aún me quedan por vivir y por superar.
para ilustrar todo esto podía elegir entre un retrato al óleo de Luis Aragonés o una foto ampliada de mi sonrisa de ganador, pero mejor os dejo con algo de arte barroco, bendito sea, por ejemplo este magnífico y oportuno DAVID Y GOLIAT del Caravaggio.
en este post he roto una de las premisas con las que abrí el blog, mi vida privada se ha colado por aquí, red adentro, pero la ocasión bien lo merecía, por Iker Casillas parando lo imparable, por los diez folios que escribí sobre Wölfflin, Bernini, Vermeer,Ribera más toda esa pandilla de indeseables, y por los imposibles que aún me quedan por vivir y por superar.
para ilustrar todo esto podía elegir entre un retrato al óleo de Luis Aragonés o una foto ampliada de mi sonrisa de ganador, pero mejor os dejo con algo de arte barroco, bendito sea, por ejemplo este magnífico y oportuno DAVID Y GOLIAT del Caravaggio.
jueves, 19 de junio de 2008
JANE (Raúl Quinto)
Ya toca ir cerrando el hilo de París, Texas. Como sabéis los que habéis visto el film desde el principio, desde esa extraña irrupción de Travis en la pantalla, se sabe que hay un secreto, que algo extarordinario y terrible ha pasado en la vida de esa persona, algo que ha provocado que Travis sea Travis, que Walter sea Walter, y que Hunter sea Hunter. Ese secreto es una de las líneas de fuerza más potentes de la película, y en el núcleo de ese secreto sabemos que está Jane. La mujer, la madre. Es el personaje que menos minutos aparece, pero su ausencia es tal vez el protagonista principal de la trama. La primera vez que sale, ya mediado el metraje, es una antigua grabación en Súper 8, fantasmal, elíptica, muda.
Luego no volverá a aparecer hasta el final de la película. En el Zaguán se pudo ver la secuencia del primer y extraño encuentro entre Jane y Travis, mejor no la reproduzco aquí. La segunda vez, como ya dije aquella noche, es una de las secuencias más tremendas de la historia del cine, según mi opinión. París, Texas comienza con una brutalidad visual y sonora, con Travis en el desierto, y acaba, casi, con una larga secuencia donde todos los secretos estallan, donde todo se sabe ya, y la verdad, y Jane, no pueden golpear con más fuerza. Memorable, más aún si los ojos de Natasjia Kinski están ahí. En fin que a mí tocó subir y recitar el poema que sigue sobre Jane. Después me bajé. El narrador dijo unas últimas palabras y el maestro Carmona fue dejando que el humo de la noche y el parpadeo de la pantalla fueran uno más de los acordes de su guitarra.

JANE
No está, no es. Su imagen se proyecta
parpadeante en las entrañas
de un animal herido, la luz lenta
del Súper 8 deshilacha
cada uno de sus rasgos, no es ella
la que gira en la playa,
la que besa otra sombra.
No es, siquiera un nombre susurrado
frente al espejo, voces que se hilvanan
en una sola voz. No está, no es.
Jane: el amor escribe su grito en tu iris.
El agujero negro regurgita
el fósil de una estrella,
y comienza a latir la luz, su vértigo.
Jane: una caravana ardiendo en el desierto.
Y las huellas borradas.
Y la nada creciendo.
Luego no volverá a aparecer hasta el final de la película. En el Zaguán se pudo ver la secuencia del primer y extraño encuentro entre Jane y Travis, mejor no la reproduzco aquí. La segunda vez, como ya dije aquella noche, es una de las secuencias más tremendas de la historia del cine, según mi opinión. París, Texas comienza con una brutalidad visual y sonora, con Travis en el desierto, y acaba, casi, con una larga secuencia donde todos los secretos estallan, donde todo se sabe ya, y la verdad, y Jane, no pueden golpear con más fuerza. Memorable, más aún si los ojos de Natasjia Kinski están ahí. En fin que a mí tocó subir y recitar el poema que sigue sobre Jane. Después me bajé. El narrador dijo unas últimas palabras y el maestro Carmona fue dejando que el humo de la noche y el parpadeo de la pantalla fueran uno más de los acordes de su guitarra.
JANE
No está, no es. Su imagen se proyecta
parpadeante en las entrañas
de un animal herido, la luz lenta
del Súper 8 deshilacha
cada uno de sus rasgos, no es ella
la que gira en la playa,
la que besa otra sombra.
No es, siquiera un nombre susurrado
frente al espejo, voces que se hilvanan
en una sola voz. No está, no es.
Jane: el amor escribe su grito en tu iris.
El agujero negro regurgita
el fósil de una estrella,
y comienza a latir la luz, su vértigo.
Jane: una caravana ardiendo en el desierto.
Y las huellas borradas.
Y la nada creciendo.
martes, 17 de junio de 2008
HUNTER (Antonio García Fernández)
Continúo con la ¿crónica? de lo que sucedió en el Zaguán hace una semana. Ya saben, París, en Texas. Nos habíamos quedado con la intervención de Miguel Ángel Muñoz y su mirada a Walter, el hermano. La noche siguió su desarrollo esperado, el vaho hipnótico de la música y las imágenes parece que tuvo efectos sorprendentes: uno de los asistentes cayó fulminado al suelo, y por un momento el espectáculo parecía que iba a acabar en tragedia. Qué grande hubiera sido. Pasado el susto, nuestro guía siguió adentrándonos en la película, esta vez para hablarnos de Hunter, el hijo, el hijo de Travis y de Jane, pero también de Walter. Vimos entonces otra de las memorables secuencias de la película (cuando Travis va a recoger al niño al colegio vestido de "padre rico" y regresan a casa en paralelo...)
Y entonces subió al escenario, para darnos su versión sobre Hunter, Antonio García Fernández, aka Sr. Curri, cineasta y escritor, uno de los ideólogos de esta alucinante historia nocturna de los banderines y autor del libro La eterna promesa (El Gaviero, 2005), otro tipo al que hay que leer. Si no lo habéis hecho, podéis empezar con su Hunter.
Y entonces subió al escenario, para darnos su versión sobre Hunter, Antonio García Fernández, aka Sr. Curri, cineasta y escritor, uno de los ideólogos de esta alucinante historia nocturna de los banderines y autor del libro La eterna promesa (El Gaviero, 2005), otro tipo al que hay que leer. Si no lo habéis hecho, podéis empezar con su Hunter.

HUNTER
Mis padres me abandonaron cuando yo tenía tres años. No puedo decir que sienta rabia por eso, pero cuando mi padre volvió un día a por mí a casa de mis tíos, yo no sabía quién era. Me llevó en su furgoneta a encontrarme con mi madre. Quería que volviéramos a ser una familia, pero eso no podía salir bien. Luego no sé bien qué paso, yo era muy chico. Me quedé dormido y soñé que mi madre me abrazaba en un sitio gris y frío, hasta podía sentir su pelo mojado. Cuando me desperté estaba otra vez con mis tíos y era como si nada de eso hubiera pasado.
Como si todo fuera mentira.
.
lunes, 16 de junio de 2008
La flor en las ondas
Haciendo un paréntesis en mi crónica del banderín tejano, os comento que me podéis escuchar hoy a las 19:30 en el programa El Corazón de los Libros de Cándil Radio; Francisco Sánchez, el conductor del programa, me somete a un interrogatorio sobre La flor de la tortura, salteado con algunos de los poemas del libro y muy buenas canciones (recuerdo Joy Division o Sonic Youth, por ejemplo). Para escuchar el programa en directo podéis hacerlo a través de este enlace.
Más adelante colgarán el archivo en su web.
Más adelante colgarán el archivo en su web.
viernes, 13 de junio de 2008
WALTER (Miguel Ángel Muñoz)
La noche siguió, el narrador hablaba con tono sosegado sobre el desarrollo de la trama, la música de Cooder continuaba latiendo en directo. Ya se había conseguido la magia y había un ambiente absolutamente perfecto para que las cosas entraran en vena. Le tocó el turno al hermano de Travis, al que va a buscar al loco tras cuatro años desaparecido, Walter. Otra vez un corte para presentarnos a Walter.
(Aquí debería ir, pero no lo he encontrado en la red, aún)
Entonces subió el escritor Miguel Ángel Muñoz a leer su texto sobre Walter. Muñoz es un notable relatista, recomiendo desde aquí su libro El síndrome Chejov (Páginas de Espuma, 2006) y su blog homónimo donde uno puede encontrar cosas interesantísimas sobre el relato corto y otras historias. Miguel Ángel subió, puso a parir a Wenders y llenó de flores París, Texas. Y después leyó su Walter.

WALTER
¿Qué hay allí lejos? No hay nada. ¿Es que no te fías de mí? Nada, Travis, no hay recuerdos ni posibilidades, ni sombras de mujeres velando tu sueño. Tienes que desandar el camino, Travis, vestirte de nuevo y quemar esos andrajos. Se siente uno bien con ropa nueva, ya verás. Atravesaremos el desierto de Mojave, nos moveremos por carretera, lo haremos a tu manera, seguiré tus pautas. Y conocerás a Hunter. Hoy hablé con él, desde la gasolinera. ¿No te acuerdas de tu padre? ¿Ni un poquito? Le voy a llevar a casa, le comenté. No me atreví a que te pusieras al teléfono. Aún no estás preparado. ¿Qué puedo decirte, Travis? Hago anuncios, vallas publicitarias, imágenes de imágenes. Sé que siempre me has considerado muy distinto a tí, muy otro. Y lo somos, ambos somos muy otros. Pero a mí no me importa. Te llevaré a casa, a mi casa, donde estamos los tuyos. Puedes escaparte mil veces de mi lado, pero acabaré llevándote al lado de tu hijo, de mi hijo.
¿No dices nada?
Travis, soy tu hermano. Puedes hablar conmigo. Estoy harto de hablar solo.
(Aquí debería ir, pero no lo he encontrado en la red, aún)
Entonces subió el escritor Miguel Ángel Muñoz a leer su texto sobre Walter. Muñoz es un notable relatista, recomiendo desde aquí su libro El síndrome Chejov (Páginas de Espuma, 2006) y su blog homónimo donde uno puede encontrar cosas interesantísimas sobre el relato corto y otras historias. Miguel Ángel subió, puso a parir a Wenders y llenó de flores París, Texas. Y después leyó su Walter.

WALTER
¿Qué hay allí lejos? No hay nada. ¿Es que no te fías de mí? Nada, Travis, no hay recuerdos ni posibilidades, ni sombras de mujeres velando tu sueño. Tienes que desandar el camino, Travis, vestirte de nuevo y quemar esos andrajos. Se siente uno bien con ropa nueva, ya verás. Atravesaremos el desierto de Mojave, nos moveremos por carretera, lo haremos a tu manera, seguiré tus pautas. Y conocerás a Hunter. Hoy hablé con él, desde la gasolinera. ¿No te acuerdas de tu padre? ¿Ni un poquito? Le voy a llevar a casa, le comenté. No me atreví a que te pusieras al teléfono. Aún no estás preparado. ¿Qué puedo decirte, Travis? Hago anuncios, vallas publicitarias, imágenes de imágenes. Sé que siempre me has considerado muy distinto a tí, muy otro. Y lo somos, ambos somos muy otros. Pero a mí no me importa. Te llevaré a casa, a mi casa, donde estamos los tuyos. Puedes escaparte mil veces de mi lado, pero acabaré llevándote al lado de tu hijo, de mi hijo.
¿No dices nada?
Travis, soy tu hermano. Puedes hablar conmigo. Estoy harto de hablar solo.
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