
La obra es precisa. Ya saben lo que es hoy una obra de arte objetual: básicamente la imagen, el título y el inconsciente cultural en el que nadan o se ahogan nuestros cerebros. Karen Knorr no se va por las ramas, es directa sin deja de ser sutil, sin dejar de hacer arte de la sugerencia. Pongamos que yo la veo como un puñetazo enrabietado, la mano que asesta el golpe luce un guante de terciopelo blanco. No hay una gota de sangre, no se escucha apenas el golpe. Pero todos los huesos se rompen, dentro del guante. Digamos que también pienso en la Antigua Roma y su política explícita, iban de cara hasta en la traición. La corrupción era una sutileza necesaria y consabida. Pero ahora. Ahora también esta fotografía es una toma a escala de la situación, tal vez la más realista posible. La alta política, la macroeconomía. La crisis, sus ciclos bumerán. Llámalo capitalismo si quieres, llámalo el juego del poder real si lo prefieres. Yo prefiero llamarlo Ser Humano.