Por la noche los cimientos se hunden.
La imagen de Dios se forjó
a golpes de aleación. Un leve estrépito
al rodar de su nicho.
Partes de tu cuerpo duelen,
aisladas, ominosa,
unidas sólo por estar dentro de una
piel ajada. Las convicciones
se arremolinan y dispersan,
pájaros blancos en fuga.
Consigues dormir. Pero despiertas
con la misma sensación: a la deriva,
en medio del océano, los cabos de
amarre serpentean tras de ti.
Pero cuando por fin
abres los ojos reacios, ves que el día
está soleado. Bajas
a la orilla real.
Una bruma pardusca
cubre la ciudad. Quietud
entre los árboles; la hierba
salpicada por las primeras hojas caídas
y el brillo del rocío. La noche pasada
permanece a tu lado, mas tu atención
se disipa para
probar la luz otoñal, cayendo
en tus manos vacías.
[de Arenas del pozo, 1994]
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domingo, 28 de febrero de 2010
sábado, 5 de julio de 2008
NOCHE DE SAN JUAN (Denise Levertov)
Todo el día la montaña ha mostrado
con arrojo su blanco esplendor,
disipando toda ambigüedad,
pero ahora, a punto de cerrrarse
este largo día de junio, el lívido cielo
aún azul, y la luna encumbrada
en lo más alto, la montaña
se aparta de tanta pompa,
de tanta vanidad superficial,
y va a la deriva sobre el horizonte,
fantasmal, irresoluta, más parecida
a una polilla blanca y frágil
que a la tensión masiva
de rocas, de su osamenta, bajo
su carne de nieve.
[de Arenas del Pozo, 1996]
con arrojo su blanco esplendor,
disipando toda ambigüedad,
pero ahora, a punto de cerrrarse
este largo día de junio, el lívido cielo
aún azul, y la luna encumbrada
en lo más alto, la montaña
se aparta de tanta pompa,
de tanta vanidad superficial,
y va a la deriva sobre el horizonte,
fantasmal, irresoluta, más parecida
a una polilla blanca y frágil
que a la tensión masiva
de rocas, de su osamenta, bajo
su carne de nieve.
[de Arenas del Pozo, 1996]
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