viernes, 16 de agosto de 2013

ESCRIBIR CON UNA ESPADA (TUMORACIÓN SOBRE UN POEMA DE CARLOS EDMUNDO DE ORY)

Hace un par de años escribí una versión de este poema de Carlos Edmundo de Ory para un homenaje que coordinó Alejandro Luque, hace poco la revista POEMAD dedica un interesante número al poeta gaditano y rescata mi poema. Aquí lo tenéis. Eso sí, no dejéis de acercaros a la obra de Carlos Edmundo de Ory, poeta.



Escribir con una espada (tumoración sobre un poema de Carlos Edmundo de Ory)


Escribir con una espada, dice. Escribir dentro de una caracola, traduciendo el mar y el tintineo idiota de la sal. El idioma del mar o un ejército de muñecos rotos de porcelana dispuestos en la orilla, girando sus cabezas a la vez cada nueva ola. Escribir porcelana y dejarla caer desde un sexto piso. Con una espada, dice, porque algo tiene que sangrar si queremos que haya vida.
Escribir entonces con una espada, o dentro de una caracola, o en los mil pedazos de una vajilla rota. Pero escribir y que en algún trozo diga: acariciar sin tener manos. Es una orden. Encontrar pedazos de luna en los bolsillos. Que ése sea el principio básico de una religión azul. Un largo viaje de palabra a palabra, de este mundo al fin de todos. Y todo eso con una espada porque tiene que existir el filo si queremos que haya vida.
Comprar una playa a gritos. Comprar un grito a versos. Escribir una espada y clavarla en la orilla frente a un ejército de muñecos blancos. Que giren sus cabezas blancas y digan nieve o algodón. Ir al infierno a ver a un amigo. Ir al infierno a pintar un graffiti con la caligrafía de un sueño y la forma de una caracola. Ir al infierno a decir poema y abrazarse al eco. Eso podría ser. Escribir con una espada y cortar de cuajo el último verso, porque debe ser imperfecto lo que llamamos vida.

sábado, 3 de agosto de 2013

CERTIDUMBRE (Lêdo Ivo)

Ni temo ni me asusta
la fría luz invernal:
sé bien que la primavera
se esconde bajo la nieve.





[de Aurora, 2013]

martes, 16 de julio de 2013

Malos tiempos para la épica.

Acaba de salir publicado este libro, de la mano de Alberto Santamaría y Luis Bagué, que pretende hacer una aproximación crítica a las poesía española más reciente, con una serie de ensayos escritos por autores nacidos fundamentalmente en los 70. Se hace así una panorámica donde se tocan muchas de las líneas de fuerza que han vertebrado el género en lo que llevamos de siglo, aunque, siendo justos, podríamos echar de menos algo de atención a la poesía de corte político o cercana a lo que llaman poesía de la conciencia crítica (afortunadamente casi al mismo tiempo Alberto García-Teresa nos ha dejado un monumental trabajo); ese hueco es el único pero que le pondría en el planteamiento. Participan los siguientes poetas y críticos: Juan Carlos Abril, Erika Martínez, Mariano Peyrou, Andrés Navarro, Antonio Lucas, Carlos Pardo, Ana Gorría, Juan Andrés García Román, Ana Merino, Guillermo López Gallego, Ángel Luis Luján, José Luis Gómez Toré, Josep M. Rodríguez, Rosa Benéitez, Javier Moreno y un servidor. Mi aportación es un ensayo llamado "La poesía después de Internet", donde intento esclarecer si Internet ha provocado un cambio sustancial en las poéticas del nuevo siglo. José Luis Merino en su blog ha aportado algunos ejemplos muy interesantes que pueden servir como complemento a mi texto.


viernes, 5 de julio de 2013

OS HABLARÉ DE TI (Andrés Navarro)

No son las tomas falsas, soy yo
siguiendo el rastro
de la caducidad reinante: gaviotas descarnadas,
caras que se harán viejas, insectos
contra un parabrisas
como ideogramas del futuro. Y aún parece posible
redefinir el vértigo con eslabones de asma,
con lingotes de suerte de otros días.

No hay palmeras aquí, sólo cuerpos sumidos
en su propia versión utilitaria. Van y vienen
sobre el mapa de aceras, atraviesan
jardines donde los niños amplían el verano
bajo grises costillas de cobre. Dos horas
y media tormenta estallan
para que vuelvas a casa sola
con el cuello más erguido
y los hombros pidiendo limosna.

Aún sabemos hacer de la conversación
una ficción
de anonimato mutuo. Pero hagamos
balance: las gaviotas son cisnes
de extrarradio, no simbolizan nuestra vida.

Lo has olvidado:
al acercarse al foco las sombras se agigantan
como verdades con textura. Y cómo éramos
precoces en lo que no supieron enumerar
o comprender. Podría equivocarme
pero esas flores tan blancas, en la terraza,
no duermen nunca.







[de Un huésped panorámico, 2010]

domingo, 23 de junio de 2013

AQUELLO QUE (poema inédito en la Revista Kokoro)

La Revista Kokoro, que es una de las grandes noticias de la red en los últimos meses, ha lanzado su nuevo número con el tema de Infancias. Hay un material muy suculento para degustar sin prisa y a conciencia, o al menos eso es lo que aconsejo. Yo he colaborado con este poema tripartito escrito ex profeso para Kokoro. Aquí os lo dejo, la nieve como puerta del verano.




AQUELLO QUE



I

Aquí, así, la nieve derritiéndose
en la concavidad
de tu mano derecha, el destello
de luz solar que se desata
entre los dedos,
la certidumbre
del universo construyéndose
en un gesto primero e infinito,
cuando la realidad
comprende que en un copo está todo.



II


La nieve blanca derritiéndose
entre la líneas de tu mano.
El color. La escritura invisible de algo
que carece de nombre. El frío anestesia
el tacto y solo queda el interior:
sentir adentro: cómo fluye el rojo
de la sangre, las líneas
creciendo palma abajo. El dolor
como un espejo del futuro.



III

La nieve derritiéndose en tu mano
dice que el tiempo existe, que no hay
lugar donde guardar
ni el frío ni su brillo.
Eso no significa nada, dices
en un idioma tan pequeño
como antiguo, la luz contra lo blanco
es algo eterno, quizá sobre el mundo,
el cuerpo, las inercias
que confunden las alas con arrancar raíces.



miércoles, 12 de junio de 2013

Val del Omar o la espiritualidad del cyborg.

TIENTOS DE ERÓTICA CELESTE, José Val del Omar. Diputación de Granada, 2012, Granada, 104 pp.




Quien no tiene la facultad de maravillarse,/ de abismarse ante el misterio, es un hombre muerto. (p.58) Eso dejó escrito José Val del Omar (Granada 1904-Madrid 1982) con tinta verde al margen de sus notas de trabajo, como el resto de poemas que componen este volumen. Una especie de lema al que trató de ser fiel durante toda su carrera como creador. Enfrentarse al misterio no para intentar comprenderlo sino para acariciar sus bordes y dejarse caer. Generar herramientas para poder mirarlo cara a cara. Porque como es bien sabido, aunque no lo suficientemente reconocido, Val del Omar fue uno de los cineastas más subversivos de la historia, como demuestra su imprescindible Tríptico elemental de España. Experimental en el sentido estricto del término, inventó máquinas para ampliar las posibilidades estéticas del cine: ejercicios mecánicos de sinestesia que aún hoy parecen asombrosos. PLAT. Picto lumínica audio tactil. Rigurosamente radical.
            Su labor investigadora quedó minuciosamente recogida en varios cuadernos en cuyos márgenes se agolpan los poemas. En verde. Un contrapunto necesario e imprescindible para comprender toda su creación. En Tientos de erótica celeste los encotramos descontextualizados. Nos consta pues que los poemas se deben leer en el tejido de toda la obra artística y científica del autor, en una cohesión de intereses rara vez vista y que hace de Val del Omar un personaje único y altamente interesante.
            Aquí, a través de los textos.,  nos adentramos en una nueva mística para una nueva carne (más cercana a la noción de cyborg de Donna Haraway que al cine infeccioso del primer  Cronenberg). Un rasgo que hoy adquiere más rotundidad, cuando ya se ha confirmado que somos un híbrido entre carne y tecnología, cuando la mecamística puede ser la única salida espiritual. Y así. Como en la mística tradicional se busca la unión de los contrarios para deshacernos de su (nuestro) apetito antagónico (p.88) y llegar a lo que es más que el tiempo y el espacio, la suma y la resta de ambos. A la trascendencia ubicua que llamamos Dios. Y llegamos a eso a través de la máquina, atravesando la máquina desde dentro. Compartiendo su ser.  Clave mística en una gota eléctrica (p.32).
            En fin. San Juan de la Cruz, o incluso Lorca y su pulsión flamenca plena de duendes y pozos, cruzados de neologismos y vocabulario tecnológico ofreciendo un espacio poético inusitado, radical y dotado de una belleza distinta y absolutamente moderna. Más que casi toda la poesía que se ha escrito posteriormente. La mecamística  busca disolverse en el amor para disolver el mundo, ofrece su propia vía de despojamiento y superación: trascender el tiempo y el espacio que nos imponen para perderse en el tiempo que está más allá. Como el monje en su celda se pierde en su dios. Tirar el reloj al agua (p.63). Pues el tiempo de los relojes es un artificio que nos somete mientras que el tiempo fluido de las aguas es la permanencia y la mutación constante. La eternidad, el dios. Lo vimos en su película Aguaespejo granadino (1953-1955) con otro idioma. Subir al punto es ahogarnos en Dios (p.33).
            Se trataría, pues los textos son una continua exhortación a la acción (también política), de trascender el mundo de las máquinas que nos quieren convertir en miembros de su especie, y hacerlo a través de la comunión cibernética. A través de la propia máquina y su flujo eléctrico. Sabiendo que la electrónica te saca de la carne (p.70) En un mundo que es solo mirada, espectáculo, superficie y simulacro. Hay que vivir con intensidad desnuda. Esta poesía, como el resto de la obra valdelomariana es tan radical como necesaria. Aquí se tientan los límites de mucho porque Val del Omar sabe que ante el misterio no queda otro camino que abismarse en él, que lo contrario es un suicidio pactado. Que también las máquinas deben empezar a soñar y a latir porque el riesgo es que nos acaben contagiando de su frialdad mecánica. Ante eso solo cabe deslizarse dentro del espíritu eléctrico, de la mecamística.

 (reseña aparecida en el número de junio de 2013 de la revista Quimera)
                        

martes, 4 de junio de 2013

Ruido Blanco en la Máquina Líquida.

Máquina Líquida es el nuevo proyecto del poeta y traductor Rubén Martín, del que pudimos leer su Radiografía del temblor (Renacimiento, 2007) o su impagable traducción de Emily Dickinson en Poemas a la muerte (Bartleby, 2010). Ahora ha decidido expandir los canales poéticos con una apuesta por algo que podríamos definir como spoken word, o mester de juglaría de la era cibernética. Otra forma de hacer, mostrar, literatura. Toma textos propios, de Chantal Maillard o Heiner Müller y los reconstruye sobre cuidadas y sugerentes bases electrónicas. Una puerta se abre con Máquina Líquida que invita a cruzar y perderse. Entre los temas se encuentra un collage con textos de mi libro Ruido Blanco con el título de Aleaciones. Podéis oírlo en ESTE ENLACE. Merece la pena, y además amenaza con seguir creciendo.