lunes, 29 de septiembre de 2008

KARDINAL (Otto Muehl)

El otro día fue el cumpleaños de Gunter Brus, uno de los miembros más destacados del Accionismo Vienés: un grupo de vanguardia que en los años 60 realizaron las más perturbadoras acciones artísticas, fueron los primeros en llevar al extremo aquello del body art. En la década de las flores y el amor libre, supusieron una bofetada directa a las sensibilidades más pacatas, al mismo corazón del arte, al centro del cerebro social. Traficaron con el dolor, el asco, como materia artística, el cuerpo como lienzo infinito para rasgar y pintar. Fue uno de los puntos de no retorno del arte contemporáneo. Cada miembro hundía su dedo en la llaga de una manera y bajo una óptica e intención distinta. Desde el rito mítico religioso, la violencia clínica y psiquiátrica, lo puramente pictórico, o como en el caso de Otto Muehl los fluidos, la comida, lo orgánico, como elemento estético y violento, como agente de agresión y de oscura belleza. ¿Belleza? seguro que no estamos hablando de eso, sino de abismos, de lo que hay dentro del vértigo, en su núcleo. Vean Kardinal, ocurrió en 1967, el mismo año en que debutaron los Pink Floyd.

sábado, 27 de septiembre de 2008

casualmente


Casualidades. Señales. Lo que el azar dispone y propone nunca hay que dejarlo de lado. Hay por lo menos que escucharlo, atender a su posible mensaje, simplemente pararse un momento y decir hey, esto no es un algo cualquiera, esto es un algo intenso, más ley de la gravedad, más fuerza centrípeta de las palabras, los números y las cosas. Todo eso. Después lo olvidas o lo comentas tomando café, o remueves tu café con tus comentarios sobre las puertas que hay que franquear cuando el azar las abre, o las que hay que cerrar de golpe, de un portazo , no vaya a ser que los datos nos confundan. Hermenéutica peligrosa, pero divertida. Dejémoslo correr. Os suelto esto porque el otro día un amigo me contó que le había pasado ya dos veces en su vida lo siguiente: comenzar a leer un libro y descubrir que el día en que abrió la primera página del mismo coincidía con el día del nacimiento o de la muerte del autor. Y también porque hoy hablaba con alguien (sí, eras tú) del artista austriaco Gunter Brus, y resulta, me dice, que hoy era su cumpleaños, el de Brus, el de ese alguien fue hace poco pero no hoy. 70 años cumple el bueno de Gunter. Algún día escribiré sobre él y sus compinches del Accionismo Vienés (otra de las presencias inexcusables en mi último libro). Hoy venía a hablaros sólamente de las casualidades y si acaso también derivan en causalidades, y toda esa hojarasca que el otoño mete en nuestra boca para que el lenguaje cruja, o amarillee, o sea clavado en un pincho. Gunter tiene 70 años y ya no se hace dibujos en el torso con cuchillas de afeitar, tampoco lleva ese flequillo a lo emo. No importa, sigue siendo uno de los buenos. Felicidades señor Brus. Glücklicher Geburtstag Herr Brus.

viernes, 26 de septiembre de 2008

SOLILOQUIO FINAL DEL AMANTE INTERIOR (Wallace Stevens)

Enciende la primera luz del atardecer, como en un cuarto
en el que descansamos, y, por nada, pensamos
que el mundo imaginado es el bien esencial.

Es este, por lo tanto, el más intenso encuentro.
Esta es la idea en que nos recogemos,
lejos de las indiferencias, en una sola cosa:

Una única cosa, un solo manto
que nos envuelve bien, pues somos pobres, un calor,
una luz, un poder, el milagroso influjo.

Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros mismos.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
un conocer, el que arregló el encuentro,

dentro de sus fronteras vitales, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno...
qué alto alumbra lo oscuro esa vela tan alta.

Y de esta misma luz, de esta mente central,
hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
donde estar allí juntos los dos es suficiente.





[de La roca, 1954]

martes, 23 de septiembre de 2008

TAME (Pixies)


El tiempo pasa. Vaya que si pasa. Yo casi eché los dientes saltando y gritando esta canción cuando la vida se hacía en los parques y los bares. Por cierto, qué grandes han sido siempre estos duendecillos de Boston, y qué de lecciones han ido repartiendo a grupejos y sonidillos postreros. Soy fan de esta gente, sí, qué pasa. De ellos y de pocos más, algún día haré la lista y me sobrará casi todo el folio. Pero los Pixies, oye, se separaron cuando yo era muy joven aún. Me maldije por no haberlos visto en directo... pero ay, el destino quiso que alguno de los miembros del grupo tuviera problemas de liquidez y los volvió a juntar, y yo cogí un destartalado Renault Twingo gris y me fui hasta el Norte de Portugal a reventarme el alma. Qué espectáculo, se me pone la carne de gallina de recordar a las tantas mil personas que allí estábamos cantando aquello de "waaaaaaaveeeee" con la primera canción. Bueno, paro, que parezco un abuelo hablando de sus guerras. Os dejo con Tame. Pero para que veáis que es verdad que el tiempo pasa, van dos vídeos de dos conciertos diferentes, con un intervalo de más de diez años entre uno y otro.

PD. gracias a Damián por el soporte técnico.

sábado, 20 de septiembre de 2008

MAÑANA DE EBRIEDAD (Arthur Rimbaud)

¡Oh Bien mío! ¡Oh Hermoso mío! ¡Charanga atroz en la que nunca pierdo el paso! ¡Caballete hechicero! ¡Hurra por la obra inaudita y por el cuerpo maravilloso, por vez primera! Empezó con las risas de los niños, en ellas terminará. Este veneno va a seguiren todas nuestras venas incluso cuando cambie el son de la charanga y seamos devueltos a la antigua inarmonía. ¡Oh ahora nosotros tan dignos de estas torturas! Recojamos ferviertemente esta promesa sobrehumana hecha a nuestro cuerpo y a nuestra alma creados: ¡esta promesa, esta locura! ¡La elegancia, la ciencia, la violencia! Nos prometieron enterrar en la sombra el árbol del bien y del mal, deportar las honradeces tiránica, a fin de quetrajéramos nuestro purísimo amor. Empezó con algunas repugnancias y termina - incapaces de capturar al vuelo la eternidad-, termina en desbandada de perfumes.

Risas de los niños, discreción de los esclavos, austeridad de las vírenes, horror a las figuras y a los objetos de aquí, sagrados seáis por el recuerdo de esta vigilia. habiendo empezado con toda la zafiedad, he aquí quetermina en ángeles de llamas y de hielos.

Pequeña vigilia de ebriedad, ¡santa! aunque no fuera más que por la máscara con que nos has gratificado. ¡Nosotros te afirmamos, método! Nosotros no olvidamos que ayer glorificaste cada una de nuestras edades. Tenemos fe en el veneno. Sabemos dar la vida entera todos los días.

He aquí el tiempo de los Asesinos.





[ de Iluminaciones, 1886]



PD a mis 17 años intenté hacer una versión de este poema, claro, pero es que a los 17 todos queremos ser Rimbaud...

viernes, 19 de septiembre de 2008

miércoles, 17 de septiembre de 2008

mezclado, no agitado, o agitar sin mezclar, o eso

Ayer quedé con un amigo para ver una película. Tiene una de esas memorias externas hasta arriba de películas, de todos los colores y sabores. Otro amigo le había hecho una selección mastodóntica de lo que él consideraba que debía tener una memoria externa que se preciara. Estos dos amigos se conocen del gimnasio. Intentamos ver una japonesa, de samuráis, pero no se veía bien (es lo que pasa por no ir al vídeo club). Después probamos una de Woody Allen y el aparatillo comenzó a hacer ruidos extraños. Mejor lo dejamos. El caso es que no era la primera vez que pasaba algo así. Dos veces antes, pasó lo mismo con películas parecidas y al final acabamos viendo dos estupideces mayúsculas que mejor no reproduzco aquí.



Ante lo esquivo del destino decidí que esa noche la película debía elegirla yo de la manera más científica posible, y teniendo en cuenta todos los factores externos: la compañía, que acabábamos de ver un partido de Champions, que era de noche, y que en esa casa el sueño entra pronto. Por eso me fui a la carpeta que ponía Cine de Terror. Allí se me iluminaron los ojos cuando vi un título. Dije: no puede fallar. La primera película de Abel Ferrara, director que me dejó flipado con The Adiction y El Funeral (veanlas), con el título de El Asesino del Taladro. Driller Killer. Ferrara, también de actor, intrepretando a un pintor, los devaneos de un grupo de rock, un psicokiller que mata con un taladro. Todos los ingredientes para que me pudiera gustar. Sí. Pero no. Menuda mierda de película. Sin pies ni cabeza. Qué gran fracaso como espectadores. Conclusión. Moraleja. Coda. No te fíes ni de tu propio gusto. No mezcles, no agites, ni mezcles, nada que no venga bien servido en una coctelera en condiciones.