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jueves, 11 de septiembre de 2008

HOMBRE Y MUJER DEAMBULAN POR LA BARRACA DEL CÁNCER (Gottfried Benn)



En 1912 el poeta Gottfried Benn escribió los poemas de Morgue, libro que resulta radical incluso hoy día, y que, en la órbita del útimo expresionismo alemán, poetizaba las experiencias del autor como médico. Aquí unas palabras del propio Benn sobre la génesis del libro: “Cuando escribí Morgue (…) era de noche, vivía en el noroeste de Berlín y había tenido un curso de disección en el hospital de Moabitter. Era un ciclo de seis poemas que surgieron todos en la misma hora que brotaron de golpe, que llegaron: poco antes no existía nada de ellos; cuando terminó ese letargo, estaba vacío, hambriento, tambaleante: volvía a emerger dificultosamente del gran agotamiento.”

En La flor de la tortura hay un poema llamado Morgue, está protagonizado por Benn y la escritura de uno de los textos de su libro, el que abajo transcribo y da título a este post. Los versos que uso en mi poema son de esta traducción de José Manuel López de Abiada, de 1981.


Recientemente una coalición de la que sólo se pueden esperar buenas noticias (El Gaviero y Zut) sacaron a las librerías, por fin, una traducción íntegra de Morgue, cortesía de Jesús Munárriz. Benn y Morgue son dos de las piezas que forman el rompecabezas de La flor de la tortura, posiblemente vaya incorporando a este blog alguna entrada sobre las demás piezas (Malevich, Joseph Beuys, Mallarmé, Huidobro, el genocidio de Ruanda, etc.). Incluso, si así me lo pedís, puedo colgar mi poema Morgue, para que veáis qué estropicio le he hecho al pobre Gottfried..


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HOMBRE Y MUJER DEAMBULAN POR LA BARRACA DEL CÁNCER



El hombre:

Está hilera son vientres descompuestos

y esta otra pechos putrefactos.

El lecho apesta al lecho. Las enfermeras cambian cada hora.


Ven, tira tranquilamente de esta manta.

Mira este grumo de grasa y de secreciones podridas,

antaño tuvo sentido para un hombre,

y fue también borrachera y terruño.


Ven, mira esta cicatriz en el pecho.

¿Notas el rosario de blandas cuentecillas?

Palpa tranquilamente. La carne es blanda y no duele.


Esta de aquí sangra como treinta cuerpos.

Nadie tiene tanta sangre.

A esta otra acaban de extraerle

un niño de su vientre cancerado.


Se les deja dormir. Día y noche.- A los nuevos

se les dice: aquí se duerme hasta que se sana.- Sólo los domingos

se les despierta un poco, para las visitas.


La pitanza es ya escasa. Las espaldas

están en carnes vivas. Ves, pues, las moscas. A veces

la enfermera los lava. Como se lavan los escaños.


Aquí ya se hincha el campo en cada yacija.

La carne se allana en tierra. La brasa se consume.

La linfa se dispone a correr. La tierra llama.



[de Morgue, 1912]