Dicen los que saben que la montaña te atrapa. Yo les creo. También la mugre acumulada en mi cuerpo tras dos días perdido en los refugios de Sierra Nevada. Pasamos la noche en el refugio de la Cucaracha tras subir la cuesta de los Presidiarios. Ahí estaban la luna y la sierra, las nubes bajas y su velocidad atonal, el murmullo del agua del joven Genil y los cencerros de las vacas flotando como el autómata de Magritte. La montaña te atrapa. Aquí os habla su rehén.