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viernes, 19 de diciembre de 2008

cuatro poemas de Emilio Adolfo Westphalen

Concebir pensamientos de piedra -que se echen al agua y formen ondas- que se arrojen al vidrio y lo destrocen



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Mira el rostro blanco y el cuerpo negro de la Noche hasta que dejes de percibir la diferencia entre albura y negrura.

Pues sólo conocerás a la Noche si te pierdes y desapareces en la Noche -si te vuelves noche.



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Cerrados los párpados y cubiertos los ojos con la mano se adentra uno en espesa tiniebla inagotable -sin interferencia de color o luz- tiniebla amorosa- palpitante de vida.

Tal se imagina uno el paisaje primero del que emergió al nacer -igual al que nos aguarda- vencidas las pruebas- completado el ciclo.



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Había supuesto que los ojos de la Belleza miraban indiferentes (con frecuencia) -tolerantes (a ratos).

Engaño enorme el mío. Descubro de pronto que me consideran sobre todo con hostilidad -convertida fácilmente en ira.

Es la negación aniquilante -el rechazo total de mi pasmado gesto adorante- de mi sumisa postración ante las sublimes (próximas o lejanas) deidades de Belleza.



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los cuatro son [ de Ha vuelto la diosa ambarina, 1988]




PD evidentemente el segundo poema tiene truco ;)